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Pastoral bíblica / Métodos y aproximaciones / Método de Vigan   Federación Bíblica Católica  
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El método de Vigan - un sencillo método de compartir la Biblia

La expresión "compartir la Biblia" se puede tener diversos sentidos. Se refiere en todo caso a un grupo de personas que se reúne a leer en común y en actitud de oración la Palabra que Dios nos dirige hoy, con el fin de traducirla a la práctica de la vida diaria.

Para hacer efectivo este tipo de lectura se han desarrollado diversos "métodos" en atención a las preocupaciones y necesidades de los grupos bíblicos. Son métodos o caminos diversos, según el tipo de participantes, sus situaciones, sus países.

El conocer modelos y métodos que se practican en otros sitios puede contribuir a mejorar los propios. En todo caso, un método de compartir la Biblia nunca se exporta íntegramente a otros ambientes, porque en muchos aspectos refleja el grupo en el cual se originó.

El método que presentamos en seguida se desarrolló en el Centro Bíblico Juan Pablo l, en Vigan, Filipinas, y fue difundido junto con el Curso Bíblico Básico (Basic Bible Seminar) del mismo Centro. Tuvo gran aceptación en las Filipinas y en otros numerosos países.

Aunque el "sencillo método" es presentado aquí sólo esquemáticamente, la experiencia ha demostrado que para lograr que una meditación bíblica en común sea responsable y fructuosa, es recomendable un curso básico como el mencionado antes o cualquier otro semejante de introducción sólida. Para más informaciones, favor dirigirse a:

John Paul I Biblical Center
2700 Vigan, Ilocos Sur
Filipinas
Tel: +63-(0)77-722 20 56
Fax: +63-(0)77-722 18 21
E-mail: jp1bc@yahoo.com


El método de Vigan

I. INTRODUCCIÓN

1. El grupo

El grupo puede estar formado por cuatro o cinco personas que, en actitud de confianza, apertura y reverencia, escuchan juntos la Palabra de Dios y desean responder a ella. Se supone que los participantes, mediante el intercambio recíproco de experiencias con base en la Palabra de Dios, buscan vivir una comunidad cristiana más profunda.

2. La atmósfera

Para una meditación bíblica se necesita tranquilidad, es decir:

  • Estar aislados del ruido: se debe hacer en un recinto en que los participantes no sean disturbados.
  • Estar libres de agitación: se debe tomar el tiempo necesario; la experiencia enseña que un grupo de unas cinco personas necesita para una meditación según este método de 45 a 60 minutos.
  • Posición: los participantes se sientan en círculo abierto (sin mesa), de suerte que cada uno no sólo puede oír a los otros sino también verlos.
  • Decoración del recinto: en el centro del círculo se coloca un cirio encendido, en recuerdo de que Cristo es Palabra de Dios, Luz del mundo (Jn 1,1.9; 8,12; 12,46) y está presente entre quienes se reúnen en su nombre (Mt 18,20). Esta decoración contribuye a crear una atmósfera apropriada.

3. Guía del grupo

No tiene que ser un experto, ya que su tarea no es la de transmitir conocimientos de especialista, sino la de guiar el grupo en la meditación, anunciando los diversos pasos del método. Puede hacer él mismo o pedir a otro que haga la oración inicial y conclusiva. Las instrucciones debe darlas él mismo, pero puede pedir a un miembro determinado que haga la lectura.

4. La Biblia y el pasaje bíblico

Es aconsejable, pero no necesario, que todos lleven una edición de la Biblia con la misma traducción. Como pasaje de la Escritura se recomienda tomar una de las tres lecturas de la misa dominical.

5. El método

Antes de comenzar la meditación bíblica, el grupo decide qué modelo de método seguirá (respuesta de oración, respuesta de acción o combinación de ambos).

Se recomienda que la primera vez (o primeras veces) se tome el "modelo de respuesta de oración", más tarde el "modelo de respuesta de acción", y luego quizá alternado.


II. LOS TRES MODELOS

1. Primer modelo: Respuesta de oración

Oración o canto de apertura: Hay que hacer conscientes a los participantes de la presencia de Dios. Jesús dijo: "Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mt 18,20). Podría ser también una oración de súplica, conforme a la palabra divina "¡Habla, Señor, que tu siervo escucha!" (1 Sam 3,10), o: "Tú tienes palabras de vida eternas" (Jn 6,68). Podría ser también una súplica al Espíritu Santo para que nos abra los oídos y nos libere de todo lo que nos impide escuchar la Palabra de Dios (Veni, Creator Spiritus...).

Primer paso: Primer contacto con la "Ietra muerta", el TEXTO bíblico.

  • Lectura del texto bíblico: Uno de los participantes Iee el texto en voz alta. Los otros escuchan con atención leyendo a su vez el texto en silencio.
  • Silencio: Después de la lectura, silencio (unos tres minutos). Todos vuelven a Ieer el texto en silencio, anotando una palabra, una expresión o un versículo que les haya llamado la atención de manera especial.
  • Comunicar: la palabra, expresión o el versículo que llamó la atención. Se indica el lugar donde se encuentra, de modo que los otros puedan volver a Ieerla; luego se vuelve a Ieer en voz alta. Pero no se indica la razón por qué se eligió éste pasaje. Por ejemplo: "Me llamó la atención la palabra / expresión... en el versículo 5"; o: "a mí me llamó la atención de forma especial todo el versículo 12."

Segundo paso: "La letra muerta" de la Escritura se convierte para mí en PALABRA viva (y a través de mí quizá también para otros).

  • Lectura del texto: El mismo texto de la Escritura vuelve a leerse en alta voz por otra persona. Todos escuchan o releen el texto en silencio.
  • Silencio y escucha de la Palabra para mí (unos cinco minutos). Cada cual mira a su interior y se pregunta: ¿Qué quieres decirme, oh Dios, a mí personalmente, para mi vida concreta?
  • Comunicar la "palabra para mí" a los demás. La palabra que he escuchado en lo más profundo de mi corazón, la comunico a los otros. Para que esta comunicación permanezca a nivel puramente personal, hablo en singular, en primera persona (yo, a mí, etc), evito el impersonal "se" y no me escondo detrás de un generalizado "nosotros". Se trata aquí de una simple comunicación, no de una discusión ni de una prédica en sentido de moralizar.

Tercer paso: La PALABRA exige una RESPUESTA.

  • Lectura del texto de la Escritura. El texto es leído por tercera vez por otra persona, mientras los demás escuchan atentamente o releen en silencio el pasaje.
  • Silencio y respuestas personales a la Palabra (unos cinco minutos): Durante el silencio trato de responder a la palabra que me llamó la atención. Debe haber verdadera correspondencia entre la Palabra y la respuesta, porque de otra manera no sería una respuesta.
  • Comunicar la respuesta de oración personal: La respuesta personal de mi corazón a la Palabra que me ha llegado la expreso en voz alta, para que ésta se reafirme mediante el "amén" (pronunciado o silencioso).

Oración conclusiva: Una oración de alabanza o agradecimiento, un canto o la recitación conjunta del Padrenuestro son muy apropiadas para concluir una meditación bíblica en común.


2. Segundo modelo: Respuesta de acción

Oración o canto de apertura

Primer paso: como en el modelo anterior

Segundo paso: como en el modelo anterior

Tercer paso: La PALABRA exige una RESPUESTA.

  • Lectura del texto bíblico: como en el modelo anterior.
  • Silencio y respuestas personales a la Palabra (unos cinco minutos): Aquí me pregunto (o pregunto a Dios) cómo puedo llevar a la práctica en las circunstancias concretas de mi vida la Palabra que me ha llegado.
  • Comunicar la respuesta personal de acción: Cada uno comunica a los demás cómo desea traducir la Palabra en hechos. Grupos de discusión que forman una comunidad natural (familia, comunidad religiosa, compañeros de escuela o de trabajo, etc.) pueden tratar al final de llegar a un acuerdo sobre cómo desean vivir conjuntamente - como unidad - su respuesta.

Oración conclusiva: como en el modelo anterior.


3. Tercer modelo: combinación de ambos modelos

La respuesta de oración y de acción se pueden también combinar. Para ello se necesita naturalmente más tiempo, ya que la combinación consta de cuatro pasos. Pero no es necesario leer el texto una cuarta vez, seguida del correspondiente silencio. Al comunicar se puede integrar la respuesta de acción en la respuesta de oración.


III. EXPLICACIÓN DETALLADA Y FUNDAMENTACIÓN DEL MÉTODO

1. El triple paso: TEXTO - PALABRA - RESPUESTA

El TEXTO es la forma escrita, objetiva de la Palabra de Dios, que existe antes de mí y se me ofrece. Es Dios quien habla primero, quien toma la iniciativa.

La PALABRA de Dios es una palabra personal, una comunicación de tú a tú. Se dirige a mí, es expresada para mí. Me atañe a mí, se trata de mi persona.

Más cuando Dios me habla, debo co-responderle. Su Palabra espera mi RESPUESTA. Así se llega al diálogo: en la oración, en la vida.

2. La triple lectura del mismo texto

La lectura conjunta y en voz alta, el llevarse respectivamente el texto al oído, tiene su importancia, y por eso no ha de limitarse a una o dos veces, por ejemplo para ahorrar tiempo. Las siguientes ventajas hablan en favor de una triple lectura conjunta:

  • El texto se graba así mejor.
  • Las personas que no saben leer o lo hacen con dificultad (niños, analfabetos, ciegos, etc.) pueden también participar.
  • Aunque el texto sea el mismo, su comprensión se profundiza mediante la comunicación escalonada. Con la lectura repetida del texto se oye una vez más lo que se dijo al respecto.
  • Con la triple lectura del texto se nos recuerda el texto una y otra vez; esto ayuda a que al hacer la comunicación uno permanezca fiel al texto y se oriente por él.

3. El triple silencio

Estos minutos son de grandísima importancia. Son el puente entre el leer y el comunicar. Los minutos de silencio no son un tiempo de espera pasiva mientras se pasa a la comunicación, sino momentos de la mayor actividad personal. Cuando la meditación bíblica no proviene del silencio y del encuentro personal con la Palabra en tal silencio, se convierte fácilmente en charlatanería.

  • La tranquilidad y el silencio son los que hacen posible prestar atención al texto, ver lo que se mueve en nuestro interior y atender a lo que tienen que decir los demás. Por eso se recomienda perseverar un poco en el silencio, una vez que alguien haya terminado su comunicación, para dejar que lo dicho resuene y eche raíces.
  • El tiempo indicado para el silencio no hay que medirlo con cronómetro. Es un tiempo aproximado. En grupos ya familiarizados con este método, las pausas de silencio tienden más a aumentar que a disminuir.
  • En cuanto a lo que sucede durante el silencio del segundo paso (dejar que Dios me hable personalmente), hay que aclarar lo siguiente: cuando escucho atentamente, es decir, escucho mi propio interior, notaré que algo está sucediendo en sí. Estimulado por la doble lectura del texto bíblico y la prima comunicación por parte del grupo, algo en el texto adquiere especial importancia para mí: o bien lo relaciono con una experiencia personal anterior, o bien lo pongo en relación con mi vida concreta, actual o futura. Cuando luego la voz interior (la conciencia) dice "sí" a lo que me ha parecido importante del texto sagrado, puedo considerar esto como la palabra de Dios para mí.
  • En cuanto al silencio en el tercer paso (hablar personalmente a Dios) hay que decir: debe haber una verdadera correspondencia entre palabra y respuesta. Por ejemplo: la correspondiente respuesta a una invitación, una exigencia o un mandato puede ser anunciar la disposición a aceptar u obedecer, o bien arrepentimiento por no haberlo hecho hasta ahora, o bien pedir ayuda para hacerlo en el futuro.

4. La triple comunicación

Esta es la meta de la lectura y del silencio. Mediante esta comunicación, la escucha y la respuesta a la Palabra se convierte no sólo en algo muy personal, sino sobre todo en un obrar comunitario.

El primer paso: Este comunicar tiene una función preparatoria y se puede comparar con la preparación del terreno (arar, rastrillar) antes de sembrar o plantar. Se trata de aproximarse al texto con gran atención, esperanza y curiosidad.

Muchos textos de la Sagrada Escritura, sobre todo los de las lecturas litúrgicas, nos son demasiado conocidos. Pensamos que realmente ya los conocemos y no esperamos nuevos impulsos de ellos. Cuando ahora uno dice que esto o aquello le ha llamado la atención en el texto (sin decir todavía por qué), quizá me pregunto a mí mismo qué tiene ese texto de especial. Me vienen a la mente estas u otras preguntas semejantes, y así me acerco al texto con mayor expectativa.

El segundo paso: La Palabra de Dios es rica y profunda. No puede ser comprendida y profundizada exhautivamente por una sola persona. Cada uno puede aportar algo a ello. Todos juntos somos oyentes de la Palabra y podemos completar recíprocamente nuestras ideas.

Lo totalmente personal es también lo más general, es decir, lo que es común a todos. Así decía un filósofo. Un ejemplo lo demuestra: los oyentes de un sermón prestan mucha más atención cuando el predicador habla concreta y personalmente que cuando lo hace en forma abstracta y general.

La comunicación de lo totalmente personal, de lo íntimo, es comunicación de la persona, de sí mismo. Esto por una parte presupone confianza, pero por otra robustece y profundiza la confianza. En otras palabras: la comunicación que las personas hacen de sí misma crea y construye comunidad con bases más profundas. Pablo VI, en la Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi (sobre la evangelización en el mundo moderno), dice: "¿Existe un modo más eficaz de anunciar la Buena Nueva que la comunicación personal de las propias convicciones de fe?"

El tercer paso: Toda genuina oración se dirige a Dios. También aquí. Pero es bueno y provechoso pronunciar alguna vez en voz alta su propia oración, para que los oyentes puedan confirmarla con su "Amén" (en voz alta o en su interior) (1 Cor 14,16; 2 Cor 1,20), pues a la oración en común le está prometido ser escuchada (Mt 18,19). La comunicación de la respuesta de oración personal se verifica pues por las mismas razones y del mismo modo que la comunicación de la palabra personal.

 

 

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