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"La Interpretaci?n de la Biblia en la Iglesia"

Pontificia Comisi?n B?blica


Discurso* de su Santidad el Papa Juan Pablo II Sobre la Interpretaci?n de la Biblia en la Iglesia

Este discurso fue pronunciado en la ma?ana del viernes 23 de abril de 1993, durante una audiencia conmemorativa de los 100 a?os de la Enc?clica " Providentissimus Deus" de Le?n XIII y de los cincuenta a?os de la Enc?clica " Divino Afflante Spiritu" de P?o Xll, ambas dedicadas a los estudios b?blicos.

La audiencia tuvo lugar en la sala Clementina del Vaticano. Participaron en ella los miembros del Colegio cardenalicio, del Cuerpo Diplom?tico acreditado ante la Santa Sede, los de la Pontificia Comisi?n B?blica y el profesorado del Pontificio Instituto B?blico.

Durante la audiencia, el Cardenal J. Ratzinger present? al Santo Padre el documento de la Comisi?n B?blica sobre la interpretaci?n de la Biblia en la Iglesia.

Se?ores Cardenales;
Se?ores jefes de las misiones diplom?ticas;
Se?ores miembros de la Pontificia Comisi?n B?blica;
Se?ores profesores del Pontificio Instituto B?blico:

1. Agradezco de todo coraz?n al cardenal Ratzinger los sentimientos que acaba de expresar al presentarme el documento elaborado por la Pontificia Comisi?n B?blica sobre la interpretaci?n de la Biblia en la Iglesia. Con alegr?a recibo este documento, fruto de un trabajo colegial emprendido por su iniciativa, se?or cardenal, y proseguido con perseverancia durante muchos a?os. Responde a una gran preocupaci?n m?a, porque la interpretaci?n de la Sagrada Escritura es de importancia capital para le fe cristiana y la vida de la Iglesia. "En los Libros sagrados - como nos ha recordado muy bien el Concilio -, el Padre, que est? en el cielo, sale amorosamente al encuentro de sus hijos para conversar con ellos. Y es tan grande el poder y la fuerza de la palabra de Dios, que constituye sustento y vigor de la Iglesia, firmeza de fe para sus hijos, alimento del alma, fuente l?mpida y perenne de vida espiritual" (Dei Verbum, 21). El modo de interpretar los textos b?blicos para los hombres y las mujeres de nuestro tiempo tiene consecuencias directas para su relaci?n personal y comunitaria con Dios, y tambi?n est? ligado estrechamente a la misi?n de la Iglesia. Se trata de un problema vital, que merec?a nuestra atenci?n.

2. Vuestro trabajo ha terminado en un momento muy oportuno, pues me brinda la ocasi?n de celebrar con vosotros dos aniversarios ricos de significado: el centenario de la Enc?clica Providentissimus Deus y el cincuentenario de la Enc?clica Divino Afflante Spiritu, ambas dedicadas a cuestiones b?blicas. El 18 de noviembre de 1893, el Papa Le?n Xlll, muy atento a los problemas intelectuales, public? su enc?clica sobre los estudios relacionados con la Sagrada Escritura con el fin - escribi? - "de estimularlos y recomendarlos", y tambi?n de "orientarlos de una manera que corresponda mejor a las necesidades de la ?poca" (Enchiridion biblicum, 82). Cincuenta a?os despu?s, el Papa P?o Xll, en su Enc?clica Divino Afflante Spiritu, dio a los ex?getas cat?licos nuevo aliento y nuevas directrices. Entre tanto, el magisterio pontificio manifestaba su atenci?n constante a los problemas escritur?sticos mediante numerosas intervenciones. En 1902, Le?n Xlll cre? la Comisi?n B?blica; en 1909, P?o X fund? el Instituto B?blico. En 1920, Benedicto XV celebr? el 1500 aniversario de la muerte de san Jer?nimo mediante una enc?clica sobre la interpretaci?n de la Biblia. As?, el gran impulso dado a los estudios b?blicos se confirm? en el Concilio Vaticano II, de modo que la Iglesia entera se benefici? de ellos. La Constituci?n Dogm?tica Dei Verbum ilumina el trabajo de los ex?getas cat?licos e invita a los pastores y a los fieles a alimentarse m?s asiduamente de la palabra de Dios contenida en las Escrituras.

Deseo hoy insistir en algunos aspectos de la ense?anza de estas dos enc?clicas y en la validez permanente de sus orientaciones a trav?s de las circunstancias cambiantes, a fin de aprovechar mejor su aportaci?n.

I. De la "Providentissimus Deus" a la "Divino Afflante Spiritu"

3. En primer lugar, entre estos dos documentos se nota una diferencia importante. Se trata de la parte pol?mica o, m?s exactamente, apolog?tica - de las dos enc?clicas. En efecto, ambas manifiestan la preocupaci?n por responder a los ataques contra la interpretaci?n cat?lica de la Biblia, pero estos ataques no iban en la misma direcci?n. Por una parte, la Providentissimus Deus quiere proteger la interpretaci?n cat?lica de la Biblia contra los ataques de la ciencia racionalista, por otra, la Divino Afflante Spiritu se preocupa m?s por defender la interpretaci?n cat?lica contra los ataques de quienes se oponen al empleo de la ciencia por parte de los ex?getas y quieren imponer una interpretaci?n no cient?fica, llamada espiritual, de la Sagrada Escritura.

Este cambio radical de perspectiva se deb?a, evidentemente, a las circunstancias. La Providentissimus Deus fue publicada en una ?poca marcada por duras pol?micas contra la Iglesia. La ex?gesis liberal alimentaba en gran medida estas pol?micas, porque utilizaba todos los recursos de las ciencias, desde la cr?tica textual hasta la geolog?a, pasando por la filosof?a, la cr?tica literaria, la historia de las religiones, la arqueolog?a y otras disciplinas m?s. Por el contrario, la Divino Afflante Spiritu se public? poco tiempo despu?s de una pol?mica muy diferente suscitada, sobre todo, en Italia contra el estudio cient?fico de la Biblia. Un op?sculo an?nimo muy difundido pon?a en guardia contra lo que describ?a como "un peligro grave para la Iglesia y las almas: el sistema cr?tico-cient?fico en el estudio y la interpretaci?n de la Sagrada Escritura, sus desviaciones funestas y sus aberraciones".

4. En los dos casos, la reacci?n del Magisterio fue significativa, pues, en lugar de limitarse a una respuesta puramente defensiva, fue al fondo del problema y manifest? as? - observ?moslo en seguida - la fe de la Iglesia en el misterio de la Encarnaci?n.

Contra la ofensiva de la ex?gesis liberal, que presentaba sus afirmaciones como conclusiones fundadas en los logros de la ciencia, se podr?a haber reaccionado lanzando un anatema contra el uso de las ciencias en la interpretaci?n de la Biblia y ordenando a los ex?getas cat?licos que se limitaran a una explicaci?n espiritual de los textos.

La Providentissimus Deus no sigui? ese camino. Al contrario, la enc?clica exhorta a los ex?getas cat?licos a adquirir una verdadera competencia cient?fica, para que aventajen a sus adversarios en su mismo terreno. El primer medio de defensa - sostiene - "se encuentra en el estudio de las lenguas orientales antiguas, as? como en el ejercicio de la cr?tica cient?fica" (Enchiridion biblicum, 118). La Iglesia no tiene miedo de la cr?tica cient?fica. S?lo desconf?a de las opiniones preconcebidas que pretenden fundarse en la ciencia, pero que, en realidad, hacen salir subrepticiamente a la ciencia de su campo propio.

Cincuenta a?os despu?s, en la Divino Afflante Spiritu, el Papa P?o Xll pudo constatar la fecundidad de las directivas impartidas por la Providentissimus Deus: "Gracias a un mejor conocimiento de las lenguas b?blicas y de todo lo que concierne a Oriente..., un buen n?mero de cuestiones planteadas en la ?poca de Le?n Xlll contra la autenticidad, la antig?edad, la integridad y el valor hist?rico de los Libros sagrados... hoy se han aclarado y solucionado" (Enchiridion biblicum, 546). El trabajo de los ex?getas cat?licos, "que han hecho un uso correcto de las armas intelectuales utilizadas por sus adversarios" (n. 562), hab?a dado su fruto. Y precisamente por esta raz?n, la Divino Afflante Spiritu se muestra menos preocupada que la Providentissimus Deus por combatir las posiciones de la ex?gesis racionalista.

5. Pero resultaba necesario responder a los ataques que proven?an de los partidarios de la ex?gesis as? llamada "m?stica" (n. 552), que pretend?an que el Magisterio condenara los esfuerzos de la ex?gesis cient?fica. ?C?mo responde la enc?clica? Podr?a haberse limitado a se?alar la utilidad e, incluso, la necesidad de estos esfuerzos encaminados a defender la fe, lo cual habr?a favorecido una especie de dicotom?a entre la ex?gesis cient?fica, destinada a un uso externo, y la interpretaci?n espiritual, reservada a un uso interno. En la Divino Afflante Spiritu, P?o Xll evit? deliberadamente avanzar en este sentido. Por el contrario, reivindic? la uni?n estrecha de esos dos procedimientos, indicando, por un lado, el alcance "teol?gico" del sentido literal, definido met?dicamente (Enchiridion biblicum, 251); por otro, afirmando que, para que pueda ser reconocido como sentido de un texto b?blico, el sentido espiritual debe presentar garant?as de autenticidad. La simple inspiraci?n subjetiva no basta. Es preciso poder mostrar que se trataba de un sentido "querido por Dios mismo", de un significado espiritual "dado por Dios" al texto inspirado (Enchiridion biblicum, 552-553). La determinaci?n del sentido espiritual entra tambi?n, de este modo, en el dominio de la ciencia exeg?tica.

Comprobamos, pues, que a pesar de la gran diversidad de dificultades que ten?an que afrontar, las dos enc?clicas coinciden perfectamente en su nivel m?s profundo. Ambas rechazan la ruptura entre lo humano y lo divino, entre la investigaci?n cient?fica y la mirada de la fe, y entre el sentido literal y el sentido espiritual. Aparecen, por tanto, plenamente en armon?a con el misterio de la Encarnaci?n.

II. Armon?a entre ex?gesis cat?lica y el misterio de la Encarnaci?n

6. La Enc?clica Divino Afflante Spiritu ha expresado el v?nculo estrecho que une a los textos b?blicos inspirados con el misterio de la Encarnaci?n, con las siguientes palabras: "AI igual que la Palabra sustancial de Dios se hizo semejante a los hombres en todo, excepto en el pecado, as? las palabras de Dios expresadas en lenguas humanas, se han hecho en todo semejantes al lenguaje humano, excepto en el error" (Enchiridion biblicum, 559). Recogida casi al pie de la letra por la Constituci?n conciliar Dei Verbum, (n.13), esta afirmaci?n pone de relieve un paralelismo rico de significado.

7. Es verdad que la puesta por escrito de las palabras de Dios, gracias al carisma de la inspiraci?n escritur?stica, fue un primer paso hacia la encarnaci?n del Verbo de Dios. En efecto estas palabras escritas representaban un medio estable de comunicaci?n y comuni?n entre el pueblo elegido y su ?nico Se?or. Por otro lado, gracias al aspecto prof?tico de estas palabras, fue posible reconocer el cumplimiento del designio de Dios, cuando "el Verbo se hizo carne, y puso su morada entre nosotros" (Jn 1,14). Despu?s de la glorificaci?n celestial de la humanidad del Verbo hecho carne, tambi?n su paso entre nosotros queda testimoniado de manera estable gracias a las palabras escritas. Junto con los escritos inspirados de la primera alianza, los escritos inspirados de la nueva alianza constituyen un medio verificable de comunicaci?n y comuni?n entre el pueblo creyente y Dios, Padre, Hijo y Esp?ritu Santo. Este medio no puede, ciertamente, separarse del manantial de vida espiritual que brota del coraz?n de Jes?s crucificado y se propaga gracias a los sacramentos de la Iglesia. Sin embargo tiene su consistencia: la consistencia de un texto escrito, que merece cr?dito.

8. La Divino Afflante Spiritu, como es sabido, recomend? especialmente a los ex?getas el estudio de los g?neros literarios utilizados en los Libros sagrados, llegando a decir que el ex?geta cat?lico debe "convencerse de que no puede descuidar esta parte de su misi?n sin gran menoscabo de la ex?gesis cat?lica" (Enchiridion biblicum, 560). Esta recomendaci?n nace de la preocupaci?n por comprender el sentido de los textos con la m?xima exactitud y precisi?n y, por tanto, en su contexto cultural e hist?rico. Una idea falsa de Dios y de la Encarnaci?n lleva a algunos cristianos a tomar una orientaci?n contraria. Tienden a creer que, siendo Dios el ser absoluto, cada una de sus palabras tiene un valor absoluto, independiente de todos los condicionamientos del lenguaje humano. No conviene, seg?n ellos, estudiar estos condicionamientos para hacer distinciones que relativizar?an el alcance de las palabras. Pero eso equivale a enga?arse y rechazar, en realidad, los misterios de la inspiraci?n escritur?stica y de la Encarnaci?n, ateni?ndose a una noci?n falsa del Ser absoluto. El Dios de la Biblia no es un Ser absoluto que, aplastando todo lo que toca, anula todas las diferencias y todos los matices. Es, m?s bien, el Dios creador, que ha creado la maravillosa variedad de los seres de cada especie, como dice y repite el relato del G?nesis (cf. Gn 1). Lejos de anular las diferencias, Dios las respeta y valora (cf. 1 Cor 12, 18.24.28). Cuando se expresa en lenguaje humano, no da a cada expresi?n un valor uniforme, sino que emplea todos los matices posibles con una gran flexibilidad, aceptando tambi?n sus limitaciones. Esto hace que la tarea de los ex?getas sea tan compleja, necesaria y apasionante. No puede descuidarse ning?n aspecto del lenguaje. El progreso reciente de las investigaciones ling??sticas, literarias y hermen?uticas ha llevado a la ex?gesis b?blica a a?adir al estudio de los g?neros literarios otros puntos de vista (ret?rico, narrativo y estructuralista). Otras ciencias humanas, como la psicolog?a y la sociolog?a tambi?n han dado su contribuci?n. A todo esto puede aplicarse la consigna que Le?n Xlll dio a los miembros de la Comisi?n B?blica: "No consideren extra?o a su campo de trabajo ninguno de los hallazgos de la investigaci?n diligente de los modernos; por el contrario, est?n atentos para poder adoptar sin demora todo lo ?til que cada momento aporta a la ex?gesis b?blica" (Vigilantiae, Enchiridion biblicum, 140). El estudio de los condicionamientos humanos de la palabra de Dios debe proseguir con inter?s renovado incesantemente.

9. Este estudio, sin embargo, no basta. Para respetar la coherencia de la fe de la Iglesia y de la inspiraci?n de la Escritura, la ex?gesis cat?lica debe estar atenta a no limitarse a los aspectos humanos de los textos b?blicos. Es necesario, sobre todo, ayudar al pueblo cristiano a captar m?s n?tidamente la palabra de Dios en estos textos, de forma que los reciba mejor, para vivir plenamente en comuni?n con Dios. Para ello es preciso, desde luego, que el ex?geta mismo capte la palabra de Dios en los textos, lo cual s?lo es posible si su trabajo intelectual est? sostenido por un impulso de vida espiritual.

Si carece de este apoyo, la investigaci?n exeg?tica queda incompleta, pierde de vista su finalidad principal y se limita a tareas secundarias. Puede, incluso, transformarse en una especie de evasi?n. El estudio cient?fico de los meros aspectos humanos de los textos puede hacer olvidar que la palabra de Dios invita a cada uno a salir de s? mismo para vivir en la fe y en la caridad.

La Enc?clica Providentissimus Deus recuerda, a este respecto, el car?cter particular de los Libros sagrados y la exigencia que de ello deriva para su interpretaci?n: "Los Libros sagrados - afirma - no pueden equipararse a los escritos ordinarios, sino que, al haber sido dictados por el mismo Esp?ritu Santo y tener un contenido de suma importancia, misterioso y dificil en muchos aspectos, para comprenderlos y explicarlos, tenemos siempre necesidad de la venida del mismo Esp?ritu Santo, es decir, de su luz y su gracia, que es preciso pedir ciertamente con una oraci?n humilde y conservar con una vida santa" (Enchiridion biblicum, 89). Con una f?rmula m?s breve, tomada de San Agust?n, la Divino Afflante Spiritu expresa esa misma exigencia: "Orent ut intellegant!" (Enchiridion biblicum, 569).

S?, para llegar a una interpretaci?n plenamente v?lida de las palabras inspiradas por el Esp?ritu Santo, es necesario que el Esp?ritu Santo nos gu?e; y para esto, es necesario orar, orar mucho, pedir en la oraci?n la luz interior del Esp?ritu y aceptar d?cilmente esta luz, pedir el amor, ?nica realidad que nos hace capaces de comprender el lenguaje de Dios, que "es amor" (1 Jn 4, 8.16). Incluso durante el trabajo de interpretaci?n, es imprescindible que nos mantengamos, lo m?s posible, en presencia de Dios.

10. La docilidad al Esp?ritu Santo produce y refuerza otra disposici?n, necesaria para la orientaci?n correcta de la ex?gesis: la fidelidad a la Iglesia. El ex?geta cat?lico no alimenta el equ?voco individualista de creer que, fuera de la comunidad de los creyentes se pueden comprender mejor los textos b?blicos. Lo que es verdad es todo lo contrario, pues esos textos no han sido dados a investigadores individuales "para satisfacer su curiosidad o proporcionarles tema de estudio y de investigaci?n" (Divino Afflante Spiritu, Enchiridion biblicum 566); han sido confiados a la comunidad de los creyentes, a la Iglesia de Cristo, para alimentar su fe y guiar su vida de caridad. Respetar esta finalidad es condici?n para la validez de la interpretaci?n. La Providentissimus Deus record? esta verdad fundamental y observ? que, lejos de estorbar la investigaci?n b?blica, respetar este dato favorece su progreso aut?ntico (cf. Enchiridion biblicum, 108-109). Es consolador comprobar que los estudios recientes de filosof?a hermen?utica han confirmado esta manera de ver y que ex?getas de diversas confesiones han trabajado en una perspectiva an?loga, subrayando, por ejemplo, la necesidad de interpretar cada texto b?blico como parte del canon de las Escrituras reconocido por la Iglesia, o estando mucho m?s atentos a las aportaciones de le ex?gesis patr?stica.

En efecto, ser fiel a la Iglesia significa situarse resueltamente en la corriente de la gran Tradici?n que, con la gu?a del Magisterio, que cuenta con la garant?a de la asistencia especial del Esp?ritu Santo, ha reconocido los escritos can?nicos como palabra de Dios dirigida a su pueblo, y jam?s ha dejado de meditarlas y de descubrir su riqueza inagotable. Tambi?n el Concilio Vaticano II lo ha afirmado: "Todo lo dicho sobre la interpretaci?n de la Escritura queda sometido al juicio definitivo de la Iglesia, que recibi? de Dios el encargo y el oficio de conservar e interpretar la palabra de Dios" (Dei Verbum, 12).

Asimismo es verdad - como dice tambi?n el Concilio, que cita una afirmaci?n de la Providentissimus Deus -, a los ex?getas toca... ir penetrando y exponiendo el sentido de la Sagrada Escritura, de modo que con dicho estudio pueda madurar el juicio de la Iglesia" (Dei Verbum, 12; cf. Providentissimus Deus, Enchiridion biblicum, 109): "Ut, quasi praeparato studio, judicium Ecclesiae maturetur").

11. Para realizar mejor esta tarea eclesial tan importante, los ex?getas se deben mantener cerca de la predicaci?n de la palabra de Dios, ya sea dedicando una parte de su tiempo a este ministerio, ya sea relacion?ndose con quienes lo ejercen y ayud?ndoles con publicaciones de ex?gesis pastoral (cf. Divino Afflante Spiritu, Enchiridion biblicum, 551). Evitar?n, as?, perderse en los caminos de una investigaci?n cient?fica abstracta, que los alejar?a del sentido verdadero de las Escrituras, pues este sentido no puede separarse de su finalidad, que consiste en poner a los creyentes en relaci?n personal con Dios.

lll. El nuevo documento de la Pontificia Comisi?n B?blica

12. En esta perspectiva - seg?n la Providentissimus Deus - "se abre para el trabajo personal de cada ex?geta un campo vasto de investigaci?n" (Enchiridion biblicum, 109). Cincuenta a?os despu?s, la Divino Afflante Spiritu renovaba, con t?rminos diferentes, la misma comprobaci?n estimulante: "Quedan, pues, muchos puntos, y algunos muy importantes, en cuya discusi?n y explicaci?n la penetraci?n de Esp?ritu y los talentos de los ex?getas cat?licos pueden y deben ejercerse libremente" (Enchiridion biblicum, 565).

Lo que era verdad en 1943 sigue si?ndolo en nuestros d?as, porque el progreso de las investigaciones ha aportado soluciones a ciertos problemas y, al mismo tiempo, ha planteado nuevas cuestiones, que es preciso estudiar. En la ex?gesis, como en las dem?s ciencias, cuanto m?s se desplaza la frontera de lo desconocido, tanto m?s se ensancha el campo de la exploraci?n. No hab?an transcurrido cinco a?os de la Divino Afflante Spiritu, cuando el descubrimiento de los manuscritos de Qumr?n arroj? nueva luz sobre un gran n?mero de problemas b?blicos y abri? otros campos de investigaci?n. A continuaci?n, se hicieron muchos descubrimientos, y se crearon nuevos m?todos de investigaci?n y de an?lisis.

13. Este cambio de situaci?n ha hecho necesario un nuevo examen de los problemas. La Pontificia Comisi?n B?blica se ha aplicado a este cometido, y hoy presenta el fruto de su trabajo, titulado La interpretaci?n de la Biblia en la Iglesia.

Lo que impresiona a simple vista en este documento es la apertura de esp?ritu con que ha sido concebido. Se pasa revista a los m?todos, los enfoques y las lecturas realizadas hoy en la ex?gesis y, a pesar de algunas reservas, a veces graves, que hay que expresar, se admite en casi todos ellos la presencia de elementos v?lidos para una interpretaci?n integral del texto.

En efecto, la ex?gesis cat?lica no tiene un m?todo de interpretaci?n propio exclusivo sino que, partiendo de la base hist?rico-cr?tica, sin presupuestos filos?ficos u otros contrarios a la verdad de nuestra fe, aprovecha todos los m?todos actuales, buscando en cada uno de ellos la semilla del Verbo.

14. Otro rasgo caracter?stico de esta s?ntesis es su equilibrio y su moderaci?n. En su interpretaci?n de la Biblia, sabe armonizar la diacron?a y la sincron?a, reconociendo que las dos se completan y son indispensables para que surja toda la verdad del texto y satisfaga las exigencias leg?timas del lector moderno.

M?s importante a?n es el hecho de que la ex?gesis cat?lica no centra su atenci?n ?nicamente en los aspectos humanos de la revelaci?n b?blica, error en que a veces cae el m?todo hist?rico-cr?tico, ni en los aspectos divinos, como pretende el fundamentalismo. Al contrario, se esfuerza por poner de relieve todos esos aspectos, unidos en la "condescendencia" divina (Dei Verbum, 13), que est? en la base de toda la Escritura.

15. Por ?ltimo, es posible descubrir el ?nfasis que este documento pone en el hecho de que la palabra b?blica operante se dirige universalmente, en el tiempo y en el espacio, a toda la humanidad. Si "la palabra de Dios... se hace semejante al lenguaje humano" (Dei Verbum, 13), es para que todos la entiendan. No puede permanecer lejana, "porque... no es superior a tus fuerzas, ni est? fuera de tu alcance... Sino que est? bien cerca de ti, est? en tu boca y en tu coraz?n para que la pongas en pr?ctica" (cf. Dt 30, 11.14).

?ste es el objetivo de la interpretaci?n de la Biblia. Si la tarea primordial de la ex?gesis estriba en alcanzar el sentido aut?ntico del texto sagrado o sus diferentes sentidos, es necesario que luego comunique ese sentido al destinatario de la Sagrada Escritura que es, en la medida de lo posible, toda persona humana.

La Biblia ejerce su influencia a lo largo de los siglos. Un proceso constante de actualizaci?n adapta la interpretaci?n a la mentalidad y al lenguaje contempor?neos. El car?cter concreto e inmediato del lenguaje b?blico facilita en gran medida esa adaptaci?n, pero su arraigo en una cultura antigua suscita algunas dificultades. Por tanto, es preciso volver a traducir constantemente el pensamiento b?blico al lenguaje contempor?neo, para que se exprese de una manera adaptada a sus oyentes. En cualquier caso, esta traducci?n debe ser fiel al original, y no puede forzar los textos para acomodarlos a una lectura o a un enfoque que est? de moda en un momento determinado. Hay que mostrar todo el resplandor de la palabra de Dios, aun cuando est? "expresada en palabras humanas" (Dei Verbum, 13).

La Biblia esta difundida hoy en todos los continentes y en todas las naciones. Pero, para que su acci?n sea profunda, es necesario que se d? una inculturaci?n seg?n el esp?ritu propio de cada pueblo. Las naciones menos influenciadas por las desviaciones de la civilizaci?n occidental moderna comprender?n, tal vez con mayor facilidad, el mensaje b?blico que aquellas que ya son casi insensibles a la acci?n de la palabra de Dios a causa de la secularizaci?n y de los excesos de la desmitologizaci?n.

En nuestro tiempo se requiere un gran esfuerzo, no s?lo por parte de los estudiosos y los predicadores, sino tambi?n de los divulgadores del pensamiento b?blico: deben utilizar todos los medios posibles - y hoy disponen de muchos -, a fin de que el alcance universal del mensaje b?blico se reconozca ampliamente y su eficacia salv?fica se manifieste por doquier.

Gracias a este documento, la interpretaci?n de la Biblia en la Iglesia puede hallar un impulso nuevo para bien del mundo entero, para hacer resplandecer la verdad y exaltar la caridad en el umbral del tercer milenio.

Conclusi?n

16. Al terminar, tengo la alegr?a de poder dar las gracias y alentar, como mis predecesores Le?n XIII y P?o Xll, a los ex?getas cat?licos y, en particular, a vosotros, los miembros de la Pontificia Comisi?n B?blica.

Os agradezco cordialmente el trabajo excelente que llev?is a cabo al servicio de la palabra de Dios y del pueblo de Dios: trabajo de investigaci?n, de ense?anza y de publicaci?n; ayuda prestada a la teolog?a, a la liturgia de la Palabra y al ministerio de la predicaci?n; iniciativas que favorecen el ecumenismo y las buenas relaciones entre cristianos y jud?os; y participaci?n en los esfuerzos de la Iglesia por responder a las aspiraciones y a las dificultades del mundo moderno.

A esto a?ado mi aliento afectuoso para la nueva etapa que es preciso recorrer. La complejidad creciente de esta tarea requiere los esfuerzos de todos y una amplia colaboraci?n interdisciplinar. En un mundo en que la investigaci?n cient?fica se vuelve cada vez m?s importante en muchos campos, es indispensable que la ciencia exeg?tica se sit?e en un nivel adecuado. Es uno de los aspectos de la inculturaci?n de la fe, que forma parte de la misi?n de la Iglesia, en uni?n con la aceptaci?n del misterio de la Encarnaci?n.

Que Cristo Jes?s, Verbo de Dios Encarnado, que abri? la inteligencia de sus disc?pulos a la comprensi?n de las Escritura (Lc 24, 45), os gu?e en vuestras investigaciones. Que la Virgen Mar?a os sirva de modelo no s?lo por su docilidad generosa a la palabra de Dios, sino tambi?n, y en primer lugar, por su modo de recibir todo lo que se le dijo. San Lucas nos refiere que Mar?a meditaba en su coraz?n las palabras divinas y los acontecimientos que se produc?an, "symballousa en t? kardia aut?s" (Lc 2, 19). Por su aceptaci?n de la palabra, es modelo y madre de los disc?pulos (cf. Jn 19, 27). As? pues, que ella os ense?e a aceptar plenamente la palabra de Dios en la investigaci?n intelectual y en toda vuestra vida.

Os imparto de todo coraz?n mi bendici?n apost?lica, para que vuestro trabajo y vuestra acci?n contribuyan cada vez m?s a hacer resplandecer la luz de la Sagrada Escritura.

* Traducci?n espa?ola de L?Osservatore Romano. Edici?n semanal en lengua espa?ola, 30 de abril 1993, p?g. 5 y 6. El discurso fue pronunciado en franc?s.


I N D I C E

PREFACIO

Introducci?n

A. Problem?tica Actual
B. La finalidad de este documento

I. M?todos y Acercamientos para la Interpretaci?n

A. M?todo hist?rico-cr?tico
1. Historia del m?todo
2. Principios
3. Descripci?n
4. Evaluaci?n
B. Nuevos m?todos de an?lisis literario
1. An?lisis ret?rico
2. An?lisis narrativo
3. An?lisis semi?tico
C. Acercamientos basados sobre la Tradici?n
1. Acercamiento can?nio
2. El recurso de las tradiciones jud?as de interpretaci?n
3. La historia de los efectos del texto
D. Acercamiento por las ciencias humanas
1. Acercamiento sociol?gico
2. Acercamiento por la antropolog?a cultural
3. Acercamientos psicol?gicos y psicoanal?ticos
E. Acercamiento contextual
1. Acercamiento liberacionista
2. Acercamiento feminista
F. Lectura fundamentalista

II. Cuestiones de Hermen?utica

A. Hermen?uticas filos?ficas
1. Perspectivas modernas
2. Utilidad para la ex?gesis
B. Sentidos de la Escritura inspirada
1. Sentido literal
2. Sentido espiritual
3. Sentido pleno

III. Dimensiones Caracter?sticas de la Interpretaci?n Cat?lica

A. La interpretaci?n en la Tradici?n b?blica
1. Relecturas
2. Relaciones entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento
3. Algunas conclusiones
B. La interpretaci?n en la tradici?n de la Iglesia
1. Formaci?n del canon
2. Ex?gesis patr?stica
3. Papel de los diferentes miembros de la Iglesia en la interpretaci?n
C. La tarea del ex?geta
1. Orientaciones principales
2. Investigaci?n
3. La ense?anza
4. Publicaciones
D. Relaciones con las otras disciplinas teol?gicas
1. Teolog?a y precomprensi?n de los textos b?blicos
2. Ex?gesis y teolog?a dogm?tica
3. Ex?gesis y teolog?a moral
4. Puntos de vista diferentes e interacci?n necesaria

IV. Interpretaci?n de la Biblia en la Vida de la Iglesia

A. Actualizaci?n
1. Principios
2. M?todos
3. L?mites
B. Inculturaci?n C. Uso de la Biblia
1. En la liturgia
2. La Lectio divina
3. En el ministerio pastoral
4. En el ecumenismo

CONCLUSI?N

NOTAS

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Prefacio

El estudio de la Biblia es, de alg?n modo, el alma de la teolog?a, dice el Concilio Vaticano II (DV 24), en conexi?n con una frase de Le?n Xlll. Tal estudio no est? nunca completamente concluido: cada ?poca tendr? que buscar nuevamente, a su modo, la comprensi?n de los libros sagrados. En la historia de la interpretaci?n, el surgimiento del m?todo hist?rico-cr?tico signific? el comienzo de una nueva ?poca. Con ?l se abr?an nuevas posibilidades de comprender la palabra b?blica en su sentido original. Como todas las cosas humanas, tambi?n este m?todo implica riesgos, a pesar de sus positivas posibilidades: la b?squeda del sentido original puede conducir a trasponer completamente la palabra en el pasado, de modo que no se la perciba ya en su dimensi?n presente. Puede conducir a que solamente la dimensi?n humana de la palabra aparezca como real, mientras el verdadero autor, Dios, se escapa a la percepci?n de un m?todo que ha sido elaborado precisamente para la comprensi?n de las cosas humanas. La aplicaci?n de un m?todo "profano" a la Biblia deb?a suscitar confrontaciones.

Todo lo que contribuye a reconocer mejor la verdad, y a disciplinar las propias perspectivas, es una valiosa ayuda para la teolog?a. En tal sentido era justo que el m?todo tuviera acceso al trabajo de aquella. Todos los l?mites de nuestro horizonte, que nos impiden mirar y escuchar m?s all? de lo meramente humano, deben ser superados. As?, el surgimiento del m?todo hist?rico-cr?tico ha puesto en movimiento un esfuerzo para determinar sus alcances y su estructura, que de ning?n modo est? concluido a?n.

En este esfuerzo, el Magisterio de la Iglesia Cat?lica ha tomado posici?n m?s de una vez con importantes documentos. Primeramente Le?n Xlll, con la Enc?clica Providentissimus Deus del 18 de noviembre de 1893, ha se?alado algunas marcas en el mapa de la ex?gesis. En la ?poca de la aparici?n de un liberalismo extremadamente seguro de s? mismo y hasta dogm?tico, Le?n Xlll se expresaba de manera prevalentemente cr?tica, sin excluir, sin embargo, lo positivo de las nuevas posibilidades. Cincuenta a?os m?s tarde, P?o Xll, en su Enc?clica Divino Afflante Sp?ritu del 30 de septiembre de 1943, y sobre el fundamento del trabajo de grandes ex?getas cat?licos, animaba positivamente a hacer fructificar los m?todos modernos para la comprensi?n de la Biblia. La Constituci?n del Concilio Vaticano II, Dei Verbum, del 18 de noviembre de 1965, sobre la divina revelaci?n, retom? todas estas ense?anzas, y nos ha dejado una s?ntesis entre las perspectivas permenantes de la Teolog?a de los Padres y los nuevos logros metodol?gicos de la era moderna, que contin?a siendo vigente.

Entretanto, el horizonte metodol?gico del trabajo exeg?tico se ha ampliado de un modo tal, como no era previsible hace treinta a?os. Nuevos m?todos y nuevos acercamientos se ofrecen, desde el estructuralismo hasta la ex?gesis materialista, psicoanal?tica y liberacionista. Por otra parte, hay tambi?n nuevos intentos de recuperar los m?todos de la ex?gesis de los Padres de la Iglesia, y de explotar formas renovadas de una exposici?n espiritual de la Escritura.

La Pontificia Comisi?n B?blica ha considerado un deber, cien a?os despu?s de Providentissimus Deus y cincuenta a?os despu?s de Divino Afflante Sp?ritu, procurar definir una posici?n de ex?gesis cat?lica en la situaci?n presente. La Pontificia Comisi?n B?blica no es, conforme a su nueva estructura despu?s del Concilio Vaticano II, un ?rgano del Magisterio, sino una comisi?n de especialistas que, como ex?getas creyentes, y conscientes de su responsabilidad cient?fica y eclesial, toman, posici?n frente a problemas esenciales de la interpretaci?n de la Escritura apoyados por la confianza que en ellos deposita el Magisterio.

De este modo ha surgido el presente documento, que propone una visi?n de conjunto bien fundada sobre el panorama de los m?todos presentes, y ofrece; orientaci?n sobre las posibilidades y l?mites de estos caminos. Suponiendo todo esto, el documento se pregunta luego c?mo se puede reconocer el sentido de la Escritura, ese sentido en el cual se compenetran la palabra humana y la palabra divina, el car?cter ?nico d acontecimiento hist?rico y el car?cter permanente de la palabra eterna; contempor?nea a todo momento. La palabra b?blica viene desde un pasado real, pero no solamente desde el pasado sino al mismo tiempo desde la eternidad de Dios. Nos conduce hacia la eternidad de Dios, pero, una vez m?s, por el camino del tiempo, al cual corresponden pasado presente y futuro.

Creo que el documento es verdaderamente ?til para resolver la gran cuesti?n del camino justo para comprender la Sagrada Escritura, y ofrece elementos que nos hacen avanzar en nuestra comprensi?n. El documento retoma las l?neas de las Enc?clicas de 1893 y 1943 y las prolonga fructuosamente.

A los miembros de la Comisi?n B?blica quisiera agradecer por la tarea, paciente y con frecuencia fatigosa, en la cual el texto ha crecido poco a poco. Auguro una amplia divulgaci?n al documento, de modo que sea una colaboraci?n eficiente en la b?squeda de una apropiaci?n m?s profunda de la Palabra de Dios en la Sagrada Escritura.

Roma, en la fiesta del Evangelista San Mateo, 1993

Card. Joseph Ratzinger


Introducci?n

La interpretaci?n de los textos b?blicos contin?a suscitando en nuestro tiempo un vivo inter?s y provoca importantes discusiones, que han tomado en los ?ltimos a?os dimensiones nuevas. Dada la importancia fundamental de la Biblia para la fe cristiana, para la vida de la Iglesia y para las relaciones de los cristianos con los fieles de otras religiones, la Pontificia Comisi?n B?blica ha sido invitada a expresarse sobre este tema.

A. Problem?tica Actual

El problema de la interpretaci?n de la Biblia no es una invenci?n moderna, como a veces se querr?a hacer creer. La Biblia misma testimonia que su interpretaci?n presenta dificultades. Al lado los textos l?mpidos, tiene tambi?n pasajes oscuros. Leyendo algunos or?culos de Jerem?as, Daniel se interrogaba largamente sobre su sentido (Dn 9, 2). Seg?n los Hechos de los Ap?stoles, un et?ope del primer siglo se encontraba en la misma situaci?n a prop?sito de un pasaje del libro de Isa?as (Is 53, 7-8) y reconoc?a la necesidad de un int?rprete (He 8, 30-35). La Segunda carta de Pedro declara que "ninguna profec?a de la Escritura puede ser interpretada por cuenta propia" (2 Pe 1, 20), y observa, por otra parte, que las cartas del ap?stol Pablo contienen "algunos puntos dif?ciles de comprender, que los que carecen de instrucci?n y firmeza interpretan err?neamente, como hacen con el resto de las Escrituras, acarre?ndose as? su propia perdici?n" (2 Pe 3, 16).

El problema es pues antiguo, pero se ha acentuado con el paso del tiempo: por lo pronto, para llegar hasta los hechos y las palabras de los cuales habla la Biblia, los lectores deben volver atr?s veinte o treinta siglos, lo que no deja de suscitar dificultades. Por otra parte, las cuestiones de interpretaci?n se han vuelto m?s complejas en los tiempos modernos, a causa de los progresos realizados por las ciencias humanas. Los m?todos cient?ficos para el estudio de textos antiguos se han precisado. Pero, ?en qu? medida estos m?todos son apropiados para la interpretaci?n de la Sagrada Escritura? A esta pregunta, la prudencia pastoral de la Iglesia ha respondido durante largo tiempo con reticencia, porque con frecuencia los m?todos, a pesar de sus elementos positivos, se encontraban ligados a opciones contrarias a la fe cristiana. Pero se ha producido una evoluci?n positiva, marcada por toda una serie de documentos pontificios, desde la Enc?clica Providentissimus Deus de Le?n Xlll (18 de noviembre de 1893) hasta la Enc?clica Divino Afflante Sp?ritu de P?o Xll (30 de septiembre de 1943), y ha sido confirmada por la declaraci?n de la Pontificia Comisi?n B?blica Sancta Mater Ecclesia (21 de abril de 1964) y sobre todo por la Constituci?n Dogm?tica Dei Verbum del Concilio Vaticano II (18 de noviembre de 1965).

La fecundidad de esta actitud constructiva se ha manifestado de una manera innegable. Los estudios b?blicos han tomado un notable impulso en la Iglesia Cat?lica, y se reconoce cada vez m?s su valor cient?fico en el mundo de los especialistas y entre los fieles. El di?logo ecum?nico se ha facilitado considerablemente, se ha hecho m?s profunda la influencia de la Biblia sobre la teolog?a, contribuyendo as? a la renovaci?n teol?gica. El inter?s de la Biblia entre los cat?licos ha aumentado y ha favorecido el progreso de la vida cristiana. Quienes han adquirido una seria formaci?n en este campo, consideran ya imposible volver a un estado de interpretaci?n precient?fico, que juzgan, no sin raz?n, claramente insuficiente. Pero en el momento mismo en que el m?todo cient?fico m?s corriente -el m?todo "hist?rico-cr?tico"-, es practicado habitualmente en ex?gesis, y tambi?n en la ex?gesis cat?lica, este m?todo se encuentra sujeto a discusi?n: por una parte, en el mundo cient?fico mismo, por la aparici?n de otros m?todos y acercamientos, y por otra parte, por las cr?ticas de numerosos cristianos, que lo juzgan deficiente desde el punto de vista de la fe. Particularmente atento, como su nombre lo indica, a la evoluci?n hist?rica de los textos o de las tradiciones a trav?s del tiempo -a la diacron?a-, el m?todo hist?rico-cr?tico se encuentra actualmente, en algunos ambientes, en competencia con m?todos que insisten en una comprensi?n sincr?nica de los textos, ya se trate de su lenguaje, de su composici?n, de su trama narrativa o de su esfuerzo de persuasi?n. Por lo dem?s, al cuidado que tienen los m?todos diacr?nicos de reconstituir el pasado se sustituye, frecuentemente, una tendencia a interrogar los textos situ?ndolos en las perspectivas filos?ficas, psicoanal?ticas, sociol?gicas, pol?ticas etc., del tiempo presente. Este pluralismo de m?todos y acercamientos es apreciado por unos como un ?ndice de riqueza, pero a otros les da la impresi?n de una gran confusi?n.

Real o aparente, esta confusi?n ofrece nuevos argumentos a los adversarios de la ex?gesis cient?fica. El conflicto de las interpretaciones manifiesta, seg?n ellos, que nada se gana sometiendo los textos b?blicos a las exigencias de los m?todos cient?ficos, sino que, al contrario, mucho se pierde. Subrayan que la ex?gesis cient?fica provoca la perplejidad y la duda sobre los innumerables puntos, que eran hasta ahora admitidos pac?ficamente, empujando a algunos ex?getas a tomar posiciones contrarias a la fe de la Iglesia sobre cuestiones tan importantes como la concepci?n virginal de Jes?s y sus milagros, e incluso sobre su resurrecci?n y divinidad.

A?n cuando no llegue a tales negaciones, la ex?gesis cient?fica se caracteriza, seg?n ellos, por su esterilidad en lo que concierne al progreso de la vida cristiana. En lugar de permitir un acceso m?s f?cil y m?s seguro a las fuentes vivas de la Palabra de Dios, hace de la Biblia un libro cerrado, cuya interpretaci?n siempre problem?tica requiere una refinada t?cnica, que hace de ella dominio reservado a algunos especialistas. A ?stos, algunos aplican la frase del Evangelio: "Os hab?is apoderado de la llave de la ciencia. No hab?is entrado vosotros, y a los que quer?an entrar se lo hab?is impedido" (Lc 11, 53; cf., Mt 23, 13).

En consecuencia, se considera "necesario sustituir el paciente trabajo de la ex?gesis cient?fica con acercamientos m?s simples, como tal o cual pr?ctica de lectura sincr?nica, que se considera suficiente; o inclusive, renunciando a todo estudio, se favorece una lectura de la Biblia llamada "espiritual". Con este t?rmino se entiende una lectura guiada ?nicamente por la inspiraci?n personal subjetiva y destinada a nutrir esta inspiraci?n. Algunos buscan en la Biblia sobre todo el Cristo de su visi?n personal y la satisfacci?n de su religiosidad espont?nea. Otros pretenden encontrar en ella respuestas directas a todo tipo de cuestiones personales o colectivas. Numerosas sectas proponen como ?nica interpretaci?n verdadera aquella de la cual afirman haber tenido la revelaci?n.

B. La finalidad de este documento

Es, pues, oportuno considerar seriamente los diferentes aspectos de la situaci?n actual en materia de interpretaci?n b?blica, prestar atenci?n a las cr?ticas, a las quejas y aspiraciones que se expresan sobre esta cuesti?n, valorar las posibilidades abiertas por los nuevos m?todos y acercamientos y procurar, en fin, precisar la orientaci?n que corresponde mejor a la misi?n de la ex?gesis en la Iglesia Cat?lica.

Tal es la finalidad de este documento. La Pontificia Comisi?n B?blica desea indicar los caminos que conviene tomar para llegar a una interpretaci?n de la Biblia tan fiel como sea posible a su car?cter a la vez humano y divino. Ella no pretende tomar posici?n sobre todas las cuestiones que se presentan a prop?sito de la Biblia, como, por ejemplo, la teolog?a de la inspiraci?n. Lo que desea es examinar los m?todos capaces de contribuir eficazmente a poner de relieve todas las riquezas contenidas en los textos b?blicos, a fin de que la Palabra de Dios pueda ser siempre y cada vez m?s alimento espiritual de los miembros de su pueblo, la fuente, para ellos, de una vida de fe, de esperanza y de amor, y una luz para toda la humanidad (cf. Dei Verbum, 21).

Para alcanzar esta finalidad, este documento:

1. Describir? brevemente los diferentes m?todos y acercamientos (1) indicando sus posibilidades y sus l?mites;

2. Examinar? algunas cuestiones de hermen?utica;

3. Propondr? una reflexi?n sobre las dimensiones caracter?sticas de la interpretaci?n cat?lica de la Biblia, y sobre sus relaciones con las otras disciplinas teol?gicas;

4. Considerar?, finalmente, el lugar que tiene la interpretaci?n de la Biblia en la vida de la Iglesia.


I. M?todos y Acercamientos para la Interpretaci?n

A. M?todo hist?rico-cr?tico

El m?todo hist?rico cr?tico es el m?todo indispensable para el estudio cient?fico del sentido de los textos antiguos. Puesto que la Sagrada Escritura, en cuanto "Palabra de Dios en lenguaje humano", ha sido compuesta por autores humanos en todas sus partes y todas sus fuentes, su justa comprensi?n no solamente admite como legitima, sino que requiere la utilizaci?n de este m?todo.

1. Historia del m?todo

Para apreciar correctamente este m?todo en su estadio actual, conviene echar una mirada sobre su historia. Algunos elementos de este m?todo de interpretaci?n son muy antiguos. Han sido utilizados en la antig?edad por los comentaristas griegos de la literatura cl?sica, y m?s tarde, en el per?odo patr?stico, por autores como Or?genes, Jer?nimo y Agust?n. El m?todo estaba entonces menos elaborado. Sus formas modernas son el resultado de perfeccionamientos, aportados sobre todo a partir de los humanistas del renacimiento y su recursus ad fontes. Mientras la cr?tica textual del Nuevo Testamento no pudo desarrollarse como disciplina cient?fica sino a partir de 1800, despu?s de producirse el distanciamiento del Textus receptus, los comienzos de la cr?tica literaria se remontan al siglo XVII, con la obra de Richard Simon, que llam? la atenci?n sobre los duplicados, las divergencias en el contenido y las diferencias de estilo observables en el Pentateuco; constataciones dif?cilmente conciliables con la atribuci?n de todo el texto a un autor ?nico, Mois?s. En el siglo XVIII, Jean Astruc se contentaba a?n con la explicaci?n de que Mois?s se hab?a servido de diferentes fuentes (sobre todo de dos fuentes principales) para componer el libro del G?nesis. Despu?s, la cr?tica rechaz? cada vez m?s decididamente la atribuci?n a Mois?s de la composici?n del Pentateuco. La cr?tica literaria se identific? largo tiempo con el esfuerzo por discernir en los textos, fuentes diferentes. Se desarroll? as?, en el siglo XIX, la hip?tesis de los "documentos", que procura explicar la redacci?n del Pentateuco. Cuatro documentos, en parte paralelos entre ellos, pero que provienen de ?pocas diferentes, se habr?an fusionado: el yavista (Y), el elohista (E), el Deuteronomio (D) y el sacerdotal (P: del alem?n "Priester", "sacerdotes"). De ?ste ?ltimo se habr?a servido el redactor final para estructurar el conjunto. De modo an?logo, para explicar las convergencias y divergencias constatadas entre los tres evangelios sin?pticos, se recurri? a la hip?tesis de las "dos fuentes", seg?n la cual los evangelios de Mateo y Lucas habr?an sido compuestos a partir de dos fuentes principales: el evangelio de Marcos, y una colecci?n de palabras de Jes?s (llamada Q, del alem?n "Quelle", "fuente"). En lo esencial, estas dos hip?tesis tienen a?n vigencia en la ex?gesis cient?fica, aunque sean objeto de contestaci?n.

En el deseo de establecer la cronolog?a de los textos b?blicos, este g?nero de cr?tica literaria se limitaba a un trabajo de distinci?n y estratificaci?n para distinguir las diferentes fuentes, y no otorgaba suficiente atenci?n a la estructura final del texto b?blico y al mensaje que expresa en su estadio actual (se mostraba as? poca estima por las obras de los redactores). Por esto, la ex?gesis hist?rico-cr?tica pod?a aparecer como disolvente y destructiva, tanto m?s que algunos ex?getas, bajo la influencia de la historia comparada de las religiones, tal como se practicaba entonces, o partiendo de concepciones filos?ficas, emit?an juicios negativos sobre la Biblia.

Hermann Gunkel liber? el m?todo del ghetto de la critica literaria comprendida de este modo. Aunque continuaba considerando los libros del Pentateuco como compilaciones, dedic? su atenci?n a la textura particular de las diferentes unidades. Procur? definir el g?nero de cada una (por ejemplo, "leyenda" o "himno") y su ambiente de origen o "Sitz im Leben" (por ejemplo, situaci?n jur?dica, lit?rgica, etc.). Con esta investigaci?n de los g?neros literarios est? emparentando el "estudio cr?tico de las formas" ("Formgeschichte"), inaugurado en la ex?gesis de los sin?pticos por Mart?n Dibelius y Rudolph Bultmann. Este ?ltimo integr? en los estudios de la "Formgeschichte" una hermen?utica b?blica inspirada por la filosof?a existencialista de Mart?n Heidegger. El resultado fue que la Formgeschichte suscit? frecuentemente serias reservas. Pero este m?todo, en s? mismo, ha dado como resultado manifestar m?s claramente que la tradici?n neotestamentaria tiene su origen y ha tomado su forma en la primera comunidad cristiana, pasando de la predicaci?n de Jes?s mismo a la predicaci?n que proclama que Jes?s es el Cristo. A la "Formgeschichte" se ha a?adido la "Redaktionsgeschichte", "estudio cr?tico de la redacci?n". ?ste procura poner en claro la contribuci?n personal de cada evangelista, y las orientaciones teol?gicas que han guiado su trabajo de redacci?n. Con la utilizaci?n de este ?ltimo m?todo, la serie de diferentes etapas del m?todo hist?rico-cr?tico ha quedado m?s completa: de la cr?tica textual se pasa a una cr?tica literaria que descompone (b?squeda de las fuentes), luego a un estudio cr?tico de las formas; por ?ltimo a un an?lisis de la redacci?n, atento al texto en su composici?n. Es as? posible una comprensi?n m?s precisa de la intenci?n de los autores y redactores de la Biblia, as? como el mensaje que han dirigido a los primeros destinatarios. El m?todo hist?rico-cr?tico ha adquirido de este modo una importancia de primer orden.

2. Principios

Los principios fundamentales del m?todo hist?rico-cr?tico en su forma cl?sica son los siguientes:

Es un m?todo hist?rico, no solamente porque se aplica a textos antiguos -en este caso los de la Biblia- y porque se estudia su alcance hist?rico, sino tambi?n y sobre todo, porque procura dilucidar los procesos hist?ricos de producci?n del texto b?blico, procesos diacr?nicos a veces complicados y de larga duraci?n. En las diferentes etapas de su producci?n, los textos de la Biblia se dirigen a diferentes categor?as de oyentes o de lectores, que se encontraban en situaciones espacio-temporales diferentes.

Es un m?todo cr?tico, porque opera con la ayuda de criterios cient?ficos tan objetivos como sea posible en cada uno de sus pasos (de la cr?tica textual al estudio cr?tico de la redacci?n), para hacer accesible al lector moderno el sentido de los textos b?blicos, con frecuencia dif?cil de captar.

Es un m?todo anal?tico que estudia el texto b?blico del mismo modo que cualquier otro texto de la antig?edad, y lo comenta como lenguaje humano. Sin embargo, permite al ex?geta, sobre todo en el estudio cr?tico de la redacci?n de los textos, captar mejor el contenido de la revelaci?n divina.

3. Descripci?n

En el estadio actual de su desarrollo, el m?todo hist?rico cr?tico recorre las etapas siguientes:

La cr?tica textual, practicada desde hace mucho tiempo, abre la serie de operaciones cient?ficas. Apoy?ndose sobre el testimonio de los manuscritos m?s antiguos y mejores, as? como sobre el de los papiros, el de las traducciones antiguas y el de la patr?stica, procura, seg?n reglas determinadas, establecer un texto b?blico tan pr?ximo al texto original como sea posible.

El texto es sometido entonces a un an?lisis ling??stico (morfolog?a y sintaxis) y sem?ntico, que utiliza los conocimientos obtenidos gracias a los estudios de filolog?a hist?rica. La cr?tica literaria se esfuerza luego por discernir el comienzo y el final de las unidades textuales, grandes y peque?as, y de verificar la coherencia interna de los textos. La existencia de duplicados, de divergencias irreconciliables y de otros indicios manifiesta el car?cter compuesto de algunos textos, que se dividen entonces en peque?as unidades, de las cuales se estudia su posible pertenencia a fuentes diferentes. La cr?tica de los g?neros procura determinar los g?neros literarios, su ambiente de origen, sus rasgos espec?ficos y su evoluci?n. La cr?tica de las tradiciones sit?a los textos en las corrientes de tradici?n, de las cuales procura precisar la evoluci?n en el curso de la historia. Finalmente, la cr?tica de la redacci?n estudia las modificaciones que los textos han sufrido antes de quedar fijados en su estadio final y analiza ese estadio final, esforz?ndose por discernir las orientaciones que le son propias. Mientras las etapas precedentes han procurado explicar el texto por su g?nesis, en una perspectiva diacr?nica, esta ?ltima etapa se concluye con un estudio sincr?nico: se explica all? el texto en s? mismo, gracias a las relaciones mutuas de sus diversos elementos, consider?ndolos bajo su aspecto de mensaje comunicado por el autor a sus contempor?neos. La funci?n pragm?tica del texto puede ser tomada entonces en consideraci?n.

Cuando los textos pertenecen a un g?nero literario hist?rico o est?n en relaci?n con acontecimientos de la historia, la cr?tica hist?rica completa la cr?tica literaria, para precisar el alcance hist?rico, en el sentido moderno de la expresi?n, de los textos estudiados.

De este modo quedan en claro las diferentes etapas del concreto desarrollo de la revelaci?n b?blica.

4. Evaluaci?n

?Qu? valor se debe acordar al m?todo hist?rico-cr?tico, en particular en el actual estadio de su evoluci?n?

Es un m?todo que, utilizado de modo objetivo, no implica de por s? ning?n a priori. Si su uso se acompa?a de tales a priori no es debido al m?todo mismo, sino a opciones hermen?uticas que orientan la interpretaci?n y pueden ser tendenciosas.

Orientado en sus or?genes en el sentido de la cr?tica de las fuentes y de la historia de las religiones, el m?todo ha abierto un nuevo acceso a la Biblia, mostrando que es una colecci?n de escritos, y que con frecuencia, en particular los del Antiguo Testamento, no son la creaci?n de un autor ?nico, sino que han tenido una larga prehistoria, indisolublemente ligada a la historia de Israel o a la historia de la Iglesia primitiva. Precedentemente la interpretaci?n jud?a o cristiana de la Biblia no ten?a una clara conciencia de las condiciones hist?ricas concretas y diversas en las cuales la Palabra de Dios estaba enra?zada, sino un conocimiento global y lejano. La confrontaci?n de la ex?gesis tradicional con un acercamiento cient?fico, que, en sus comienzos, conscientemente hac?a abstracci?n de la fe y a veces se opon?a a ella, fue ciertamente dolorosa. Pero se revel?, seguidamente, provechosa. Una vez que el m?todo se liber? de prejuicios extr?nsecos condujo a una comprensi?n m?s exacta de la verdad de la Sagrada Escritura (cf. Dei Verbum, 12). Seg?n Divino Afflante Sp?ritu, la b?squeda del sentido literal de la Escritura es una tarea esencial de la ex?gesis, y para llevarla a t?rmino es necesario determinar el g?nero hist?rico de los textos (cf. EB 560). Esto se realiza con la ayuda del m?todo hist?rico-cr?tico.

Ciertamente, el uso cl?sico del m?todo hist?rico-cr?tico manifiesta l?mites, porque se restringe a la b?squeda del sentido del texto b?blico en las circunstancias hist?ricas de su producci?n, y no se interesa por las otras posibilidades de sentido que se manifiestan en el curso de las ?pocas posteriores de la revelaci?n b?blica y de la historia de la Iglesia. Sin embargo, este m?todo ha contribuido a producci?n de obras de ex?gesis y de teolog?a b?blica de gran valor.

Desde hace mucho tiempo se ha renunciado a amalgamar el m?todo con un sistema filos?fico. Recientemente, una tendencia exeg?tica ha inclinado el m?todo en el sentido de una insistencia predominante sobre la forma del texto, con menor atenci?n a su contenido. Pero esta tendencia ha sido corregida, gracias a la contribuci?n de una sem?ntica diferenciada (sem?ntica de las palabras, de las frases, del texto) y al estudio del aspecto pragm?tico de los textos.

Se debe reconocer que la inclusi?n en el m?todo de un an?lisis sincr?nico de los textos es leg?tima, porque es el texto en su estadio final, y no una redacci?n anterior, el que es expresi?n de la Palabra de Dios. Pero el estudio diacr?nico contin?a siendo indispensable para captar el dinamismo hist?rico que anima la Sagrada Escritura, y para manifestar su rica complejidad: por ejemplo, el c?digo de la Alianza (Ex 21-23) refleja un estadio pol?tico, social y religioso de la sociedad israelita diferente del que reflejan las otras legislaciones conservadas en el Deuteronomio (Dt 12-26) y en el Lev?tico (c?digo de santidad, Lv 17-26). A la tendencia historicizante que se podr?a reprochar a la antigua ex?gesis hist?rico-cr?tica, no deber?a suceder el exceso inverso, el olvido de la historia, por parte de una ex?gesis exclusivamente sincr?nica.

En definitiva, la finalidad del m?todo hist?rico-cr?tico es dejar en claro, de modo sobre todo diacr?nico, el sentido expresado por los autores y redactores. Con la ayuda de otros m?todos y acercamientos, ?l ofrece al lector moderno el acceso a la significaci?n de la Biblia, tal como la tenemos.

B. Nuevos m?todos de an?lisis literario

Ning?n m?todo cient?fico para el estudio de la Biblia est? en condiciones de corresponder a toda la riqueza de los textos b?blicos. Cualquiera que sea su validez, el m?todo hist?rico-cr?tico no puede bastar. Deja forzosamente en la sombra numerosos aspectos de los escritos que estudia. No es de admirarse, pues, si actualmente se proponen otros m?todos y acercamientos para profundizar tal o cual aspecto digno de atenci?n.

En este apartado B, presentaremos algunos m?todos de an?lisis literario que se han desarrollado recientemente. En los apartados siguientes (C, D, E), examinaremos brevemente diferentes acercamientos, algunos de los cuales tienen relaci?n con el estudio de la tradici?n, otros con las "ciencias humanas", otros con situaciones contempor?neas particulares. Consideraremos finalmente (F) la lectura fundamentalista de la Biblia, que rechaza todo esfuerzo met?dico de interpretaci?n.

Aprovechando los progresos realizados en nuestro tiempo por los estudios ling??sticos y literarios, la ex?gesis b?blica utiliza cada vez m?s m?todos nuevos de an?lisis literario, en particular el an?lisis ret?rico, el an?lisis narrativo y el an?lisis semi?tico.

1. An?lisis ret?rico

En realidad, el an?lisis ret?rico no es en s? mismo un m?todo nuevo. Nuevo es, sin embargo, por una parte, su uso sistem?tico para la interpretaci?n de la Biblia, y por otra, el nacimiento y el desarrollo de una "nueva ret?rica".

La ret?rica es el arte de componer un discurso persuasivo. Puesto que todos los textos b?blicos son en alg?n grado textos persuasivos, un cierto conocimiento de la ret?rica forma parte del instrumentario normal del ex?geta. El an?lisis ret?rico debe ser conducido de modo cr?tico, ya que la ex?gesis cient?fica es una tarea que se somete necesariamente a las exigencias del esp?ritu cr?tico.

Muchos estudios b?blicos recientes han acordado una gran atenci?n a la presencia de la ret?rica en la Escritura. Se pueden distinguir tres acercamientos diferentes: el primero se apoya sobre la ret?rica cl?sica greco-latina; el segundo se preocupa de los procedimientos sem?ticos de composici?n; el tercero se inspira en las investigaciones modernas llamadas "nueva ret?rica".

Toda situaci?n de discurso comporta la presencia de tres elementos: el orador (o autor), el discurso (o texto), y el auditorio (o destinatario). La ret?rica cl?sica distingue, en consecuencia, tres factores de persuasi?n que contribuyen a la cualidad de un discurso: la autoridad del orador, la argumentaci?n del discurso y las emociones que suscita en el auditorio. La diversidad de situaciones y de auditorios influye grandemente sobre el modo de hablar. La ret?rica cl?sica desde Arist?teles, admite la distinci?n de tres g?neros de elocuencia el g?nero judicial (delante de los tribunales), el deliberativo (en las asambleas pol?ticas), y el demostrativo (en las celebraciones).

Al observar la enorme influencia de la ret?rica en la cultura helen?stica, un n?mero creciente de ex?getas utiliza los rasgos de la ret?rica cl?sica para analizar mejor ciertos aspectos de los escritos b?blicos, sobre todo del Nuevo Testamento.

Otros concentran su atenci?n sobre los rasgos espec?ficos de la tradici?n literaria b?blica. Enra?zada en la cultura sem?tica, esta manifiesta un gusto pronunciado por las composiciones sim?tricas, gracias a las cuales se establecen relaciones entre los diferentes elementos del texto. El estudio de m?ltiples formas de paralelismo y de otros procedimientos sem?ticos de composici?n deber?a permitir discernir mejor la estructura literaria de los textos y llegar as? a una mejor comprensi?n de su mensaje.

Desde un punto de vista m?s general, la "nueva ret?rica" quiere ser algo m?s que un inventario de figuras de estilo, de artificios oratorios y de tipos de discurso. Ella investiga por qu? tal uso espec?fico del lenguaje es eficaz y llega a comunicar una convicci?n. Quiere ser "realista", rehusando limitarse al simple an?lisis formal. Otorga a la situaci?n del debate la debida atenci?n. Estudia el estilo y la composici?n como medios de ejercitar una acci?n sobre el auditorio. Con esta finalidad, aprovecha las aportaciones recientes de disciplinas como la ling??stica, la semi?tica, la antropolog?a y la sociolog?a.

Aplicada a la Biblia, la "nueva ret?rica" quiere penetrar en el coraz?n del lenguaje de la revelaci?n en cuanto lenguaje religioso persuasivo y medir su impacto en el contexto social de la comunicaci?n.

Porque aportan un enriquecimiento al estudio cr?tico de los textos, los an?lisis ret?ricos merecen mucha estima, sobre todo sus recientes profundizaciones. Ellos reparan una negligencia que ha durado largo tiempo, y permiten descubrir o ponen m?s en claro perspectivas originales.

La "nueva ret?rica" tiene raz?n de llamar la atenci?n sobre la capacidad persuasiva y convincente del lenguaje. La Biblia no es simplemente un enunciado de verdades. Es un mensaje dotado de una funci?n de comunicaci?n en un cierto contexto, un mensaje que comporta un dinamismo de argumentaci?n y una estrategia ret?rica.

Los an?lisis ret?ricos tienen, sin embargo, sus l?mites. Cuando se contentan con ser descriptivos, sus resultados no tienen frecuentemente m?s que un inter?s estil?stico. Fundamentalmente sincr?nicos, no pueden pretender constituir un m?todo independiente que se bastar?a a s? mismo. Su aplicaci?n a los textos b?blicos suscita m?s de una cuesti?n: ?pertenec?an los autores de estos textos a los medios m?s cultivados? ?Hasta qu? punto han seguido las reglas de la ret?rica para componer sus escritos? ?Qu? ret?rica es m?s pertinente para el an?lisis de tal escrito determinado: la greco-latina o la sem?tica? ?No se corre el peligro de atribuir a ciertos textos b?blicos una estructura ret?rica demasiado elaborada? Estas preguntas -y otras- no deben disuadir de emplear este g?nero de an?lisis. Ellas invitan solamente a no recurrir a ?l sin discernimiento.

2. An?lisis narrativo

La ex?gesis narrativa propone un m?todo de comprensi?n y de comunicaci?n del mensaje b?blico que corresponde a las formas de relato y de testimonio, modalidades fundamentales de la comunicaci?n entre personas humanas, caracter?sticas tambi?n de la Sagrada Escritura. El Antiguo Testamento, en efecto, presenta una historia de salvaci?n cuyo relato eficaz se convierte en sustancia de la profesi?n de fe, de la liturgia y de la catequesis (cf. Sl 78 3-4; Ex 12, 24-27; Dt 6, 20-25; 26, 5-11). Por su parte, la proclamaci?n del kerigma cristiano comprende la secuencia narrativa de la vida, de la muerte y de la resurrecci?n de Jesucristo, acontecimientos de los cuales los evangelios nos ofrecen el relato detallado. La catequesis se presenta tambi?n bajo forma narrativa (cf. 1 Cor 11, 23-25).

A prop?sito del acercamiento narrativo, conviene distinguir m?todo de an?lisis, y reflexi?n teol?gica.

Numerosos m?todos de an?lisis se proponen actualmente. Algunos parten del estudio de modelos narrativos antiguos. Otros se apoyan sobre tal o cual "narratolog?a" actual, que puede tener puntos comunes con la semi?tica. Particularmente atento a los elementos del texto que conciernen a la intriga, a los personajes y al punto de vista tomado por el narrador, el an?lisis narrativo estudia el modo como se cuenta una historia para implicar al lector en el "mundo del relato" y en su sistema de valores.

Varios m?todos introducen una distinci?n entre "autor real" y "autor impl?cito", "lector real y "lector impl?cito" El "autor real" es la persona que ha compuesto el relato. "Autor impl?cito" designa la imagen de autor (con su cultura, su temperamento, sus tendencias, su fe, etc.) que el texto engendra progresivamente en el curso de la lectura. Se llama "lector real" toda persona que tiene acceso al texto, desde los primeros destinatarios que lo han le?do o escuchado leer hasta los lectores o auditores de hoy. Por "lector impl?cito" se entiende aquel que el texto presupone y produce, que es capaz de efectuar las operaciones mentales y afectivas requeridas para entrar en el mundo del relato, y de responder del modo pretendido por el autor real a trav?s del autor impl?cito.

Un texto sigue ejerciendo su influencia en la medida en que los lectores reales (por ejemplo, nosotros mismos, al final del siglo XX) pueden identificarse con el lector impl?cito. Una de las tareas mayores de la ex?gesis es facilitar esta identificaci?n.

Con el an?lisis narrativo se relaciona una manera nueva de apreciar el alcance de los textos. Mientras el m?todo hist?rico-cr?tico considera m?s bien el texto como una "ventana", que permite entregarse a observaciones sobre tal o cual ?poca (no solamente sobre los hechos narrados, sino tambi?n sobre la situaci?n de la comunidad para la cual han sido narrados), el an?lisis narrativo subraya que el texto funciona igualmente como un "espejo", en sentido de presentar una cierta imagen del mundo -el "mundo del relato"-, que ejerce su influjo sobre los modos de ver del lector y lo lleva a adoptar ciertos valores m?s bien que otros.

A este g?nero de estudio, t?picamente literario, se asocia la reflexi?n teol?gica, que considera las consecuencias que comporta, para la adhesi?n a la fe, la naturaleza del relato -y por tanto de testimonio- de la Sagrada Escritura, y deduce de all? una hermen?utica pr?ctica y pastoral. Se reacciona as? contra la reducci?n del texto inspirado a una serie de tesis teol?gicas, frecuentemente formuladas seg?n categor?as y lenguaje no escritur?sticos. Se pide a la ex?gesis narrativa rehabilitar, en contextos hist?ricos nuevos, los modos de comunicaci?n y de significaci?n propios del relato b?blico, a fin de abrir mejor el camino a su eficacia para la salvaci?n. Se insiste sobre la necesidad de "narrar la salvaci?n" (aspecto "informativo" del relato) y de "narrar en vista de la salvaci?n" (aspecto "performativo"). El relato b?blico, en efecto, contiene expl?cita o impl?citamente, seg?n los casos, una llamada existencial dirigida al lector.

Para la ex?gesis de la Biblia, el an?lisis narrativo presenta una utilidad evidente, porque corresponde a la naturaleza narrativa de un gran n?mero de textos b?blicos. Puede contribuir a facilitar el paso, frecuentemente dificil, del sentido del texto en su contexto hist?rico -tal como el m?todo hist?rico-cr?tico procura definirlo-, al alcance del texto para el lector de hoy. Como contrapartida, la distinci?n entre "autor real" y "autor impl?cito" aumenta la complejidad de los problemas de interpretaci?n.

Cuando se aplica a los textos de la Biblia, el an?lisis narrativo no puede contentarse con aplicar modelos preestablecidos. M?s bien debe esforzarse por corresponder a su car?cter espec?fico. Su acercamiento sincr?nico a los textos exige ser completado por estudios diacr?nicos. El an?lisis narrativo debe cuidarse, por otra parte, de una posible tendencia a excluir toda elaboraci?n doctrinal de los datos que contienen los relatos de la Biblia. Se encontrar?a en tal caso en desacuerdo con la tradici?n b?blica misma, que practica este g?nero de elaboraci?n, y con la tradici?n eclesial, que ha continuado por este camino. Conviene notar, finalmente, que no se puede considerar la eficacia existencial subjetiva de la Palabra de Dios trasmitida narrativamente como un criterio suficiente de la verdad de su comprensi?n.

3. An?lisis semi?tico

Tambi?n entre los m?todos llamados sincr?nicos, que se concentran sobre el estudio del texto b?blico en su estadio final, se sit?a el an?lisis semi?tico, que desde hace unos veinte a?os se ha desarrollado notablemente en algunos ambientes. Llamado inicialmente con el t?rmino general de "estructuralismo", este m?todo puede reclamar como su fundador al ling?ista suizo Ferdinand de Saussure, quien, al comienzo de este siglo, elabor? la teor?a de que toda lengua es un sistema de relaciones, que obedece a reglas determinadas. Muchos ling?istas y literatos han tenido una se?alada influencia en la evoluci?n del m?todo. La mayor parte de los biblistas que utilizan la semi?tica para el estudio de la Biblia siguen Algirdas J. Greimas y la escuela de Par?s, de la cual es el fundador. Acercamientos o m?todos an?logos, fundados sobre la ling??stica moderna, se desarrollan tambi?n en otras partes. Es el m?todo de Greimas el que presentaremos brevemente.

La semi?tica se apoya sobre tres principios o presupuestos principales:

Principio de inmanencia: cada texto forma un sistema de significaci?n; el an?lisis considera todo el texto, pero solamente el texto. No recurre a datos "exteriores", como el autor, los destinatarios, los acontecimientos narrados, la historia de la redacci?n.

Principio de estructura del sentido: el sentido no existe sino por la relaci?n y en la relaci?n, especialmente la relaci?n de diferencia. El an?lisis de un texto consiste, pues, en establecer el tejido de relaciones (de oposici?n, de homologaci?n...) entre los elementos, a partir del cual se construye el sentido del texto.

Principio de la gram?tica del texto: cada texto respeta una gram?tica, es decir un cierto n?mero de reglas o estructuras; en un conjunto de frases llamado discurso, hay diferentes niveles, cada uno de los cuales tiene su gram?tica.

El contenido global de un texto puede ser analizado en tres niveles diferentes:

El nivel narrativo. Se estudian, en el relato, las transformaciones que permiten pasar del estado inicial al estado terminal. En el interior de un "itinerario narrativo", el an?lisis procura descubrir las diversas fases, l?gicamente ligadas entre ellas, que marcan la transformaci?n de un estado en otro diferente. En cada una de estas fases, se precisan las relaciones entre los "papeles" asumidos por los "actantes" que determinan los estados y producen las transformaciones.

El nivel discursivo. El an?lisis consiste ton tres operaciones: (a) la identificaci?n y la clasificaci?n de las figuras, es decir, de los elementos de significaci?n de un texto (actores, tiempos, y lugares); (b) el establecimiento de los itinerarios de cada figura en un texto para determinar el modo c?mo el texto la utiliza; (c) la b?squeda de los valores tem?ticos de las figuras. Esta ?ltima operaci?n consiste en determinar "en nombre de qu? cosa" (= valor) las figuras, en un texto concreto, siguen tal itinerario.

El nivel l?gico-sem?ntico. Es el nivel llamado profundo. Es tambi?n el m?s abstracto. Supone el postulado de que las formas l?gicas y significativas subyacen a las organizaciones narrativas y discursivas de tal discurso. El an?lisis en este nivel consiste en precisar la l?gica que preside las articulaciones fundamentales de los itinerarios narrativos y figurativos de un texto. Para lograrlo se emplea frecuentemente un instrumento llamado el "cuadrado semi?tico", figura que utiliza las relaciones entre dos t?rminos "contrarios" y dos "contradictorios" ( p. ej., blanco y negro, blanco y no-blanco, negro y no-negro).

Los te?ricos del m?todo semi?tico no dejan de aportar nuevos desarrollos. Las investigaciones actuales se centran sobre la enunciaci?n y sobre la intertextualidad. El m?todo, aplicado inicialmente a los textos narrativos de la Escritura, que se prestan m?s f?cilmente a tal an?lisis, se utiliza cada vez m?s para otros tipos de discurso b?blico.

La descripci?n de la semi?tica presentada y sobre todo el enunciado de sus presupuestos, dejan ya entrever las aportaciones y los l?mites de este m?todo. La semi?tica contribuye a nuestra comprensi?n de la Escritura, Palabra de Dios expresada en lenguaje humano, haci?ndonos m?s atentos a la coherencia de cada texto b?blico como un todo, que obedece a mecanismos ling??sticos precisos.

La semi?tica no puede ser utilizada para el estudio de la Biblia si no se distingue este m?todo de an?lisis de ciertos presupuestos desarrollados en la filosof?a estructuralista, es decir, la negaci?n de los sujetos y de la referencia extratextual. La Biblia es una Palabra sobre la realidad, que Dios pronunci? en una historia y que nos dirige hoy por medio de autores humanos. El acercamiento semi?tico debe estar abierto a la historia: la de los actores de los textos, primero, la de sus autores y sus lectores, despu?s. Existe el grave riesgo, entre quienes utilizan el an?lisis semi?tico, de quedarse en un estudio formal del contenido, y de no explicitar el mensaje de los textos.

Si el an?lisis semi?tico no se pierde en los arcanos de un lenguaje complicado, sino que es ense?ado en t?rminos simples y en sus elementos principales, puede dar a los cristianos el gusto de estudiar el texto b?blico y de descubrir algunas de sus dimensiones de sentido, sin poseer todos los conocimientos hist?ricos que se refieren a la producci?n del texto y a su mundo sociocultural. Puede tambi?n demostrarse ?til en la pastoral misma, por medio de una cierta apropiaci?n de la Escritura en medios no especializados.

C. Acercamientos basados sobre la Tradici?n

Aunque se diferencian del m?todo hist?rico-cr?tico por una mayor atenci?n a la unidad interna de los textos estudiados, los m?todos literarios que acabamos de presentar permanecen insuficientes para la interpretaci?n de la Biblia, porque consideran cada escrito aisladamente. Pero la Biblia no se presenta como una suma de textos desprovistos de relaciones entre ellos, sino como un conjunto de testimonios de una misma gran Tradici?n. Para corresponder plenamente al objeto de su estudio, la ex?gesis b?blica debe tener en cuenta este hecho. Tal es la perspectiva adoptada por varios acercamientos que se desarrollan actualmente.

1. Acercamiento can?nico

Teniendo en cuenta que el m?todo hist?rico-cr?tico experimenta a veces dificultades para alcanzar, en sus conclusiones, el nivel teol?gico, el acercamiento can?nico, nacido en los Estados Unidos hace unos veinte a?os, procura conducir a buen t?rmino una tarea teol?gica de interpretaci?n, partiendo del cuadro expl?cito de la fe: la Biblia en su conjunto.

Para hacerlo, interpreta cada texto b?blico a la luz del Canon de las Escrituras, es decir, de la Biblia en cuanto recibida como norma de fe por una comunidad de creyentes. Procura situar cada texto en el interior del ?nico designio divino, con la finalidad de llegar a una actualizaci?n de la Escritura para nuestro tiempo. No pretende sustituir al m?todo hist?rico-cr?tico, sino que desea completarlo.

Se han propuesto dos puntos de vista diferentes:

Brevard S. Childs centra su inter?s sobre la forma can?nica final del texto (libro o colecci?n), forma aceptada por la comunidad como autoritativa para expresar su fe y dirigir su vida.

M?s que sobre la forma final y estabilizada del texto, James A. Sanders pone su atenci?n en el "proceso can?nico" o desarrollo progresivo de las Escrituras, a las cuales la comunidad creyente ha reconocido una autoridad normativa. El estudio cr?tico de este proceso examina c?mo las antiguas tradiciones han sido utilizadas en nuevos contextos, antes de constituir un todo a la vez estable y adaptable, coherente y unificante de datos diversos, del cual la comunidad de fe extrae su identidad. En eI curso de este proceso se han puesto en acci?n procedimientos hermen?uticos, y ellos contin?an actuando despu?s de la fijaci?n del canon. Frecuentemente son de g?nero midr?sico, que sirven para actualizar el texto b?blico. Favorecen una constante interacci?n entre la comunidad y sus Escrituras, recurriendo a una interpretaci?n que procura hacer contempor?nea la tradici?n.

El acercamiento can?nico reacciona con raz?n contra la valorizaci?n exagerada de lo que se supone ser original y primitivo, como si ello fuera lo ?nico aut?ntico. La Escritura inspirada es ciertamente la Escritura tal como la Iglesia la ha reconocido como regla de fe. A prop?sito de esto se puede insistir, sea sobre la forma final en la cual se encuentra actualmente cada uno de los libros, sea sobre el conjunto que ellos constituyen como Canon. Un libro no es b?blico sino a la luz de todo el Canon.

La comunidad creyente es efectivamente el contexto adecuado para la interpretaci?n de los textos can?nicos. La fe y el Esp?ritu Santo enriquecen su ex?gesis. La autoridad eclesial, que se ejerce al servicio de la comunidad, debe vigilar para que la interpretaci?n sea siempre fiel a la gran Tradici?n que ha producido los textos (cf. Dei Verbum, 10).

El acercamiento can?nico debe enfrentar m?s de un problema, sobre todo cuando procura definir el "proceso can?nico". ?A partir de cu?ndo se puede decir que un texto es can?nico? Parece admisible decirlo, desde que la comunidad atribuye a un texto una autoridad normativa, a?n antes de la fijaci?n definitiva de ese texto. Se puede hablar de una hermen?utica "can?nica" mientras la repetici?n de las tradiciones, que se efect?a teniendo en cuenta los aspectos nuevos de la situaci?n (religiosa, cultural, teol?gica), mantenga la identidad del mensaje. Pero se presenta una cuesti?n: ?el proceso de interpretaci?n que ha conducido a la formaci?n del Canon debe ser reconocido como regla de interpretaci?n de la Escritura hasta nuestros d?as?

Por otra parte, las relaciones complejas entre el Canon jud?o de las Escrituras y el Canon cristiano suscitan numerosos problemas de interpretaci?n. La Iglesia cristiana ha recibido como "Antiguo Testamento" los escritos que ten?an autoridad en la comunidad judeo-helen?stica, pero algunos de ellos est?n ausentes de la Biblia hebrea, o se presentan bajo una forma diferente. El corpus es pues diferente. Por ello, la interpretaci?n can?nica no puede ser id?ntica, porque cada texto debe ser le?do en relaci?n con el conjunto del corpus. Pero, sobre todo, la Iglesia lee el Antiguo Testamento a la luz del acontecimiento pascual -la muerte y resurrecci?n de Jesucristo-, que aporta una radical novedad y da, con una soberana autoridad, un sentido decisivo y definitivo a las Escrituras (cf. Dei Verbum, 4). Esta nueva determinaci?n de sentido forma parte integrante de la fe cristiana. Ella no puede, sin embargo, quitar toda consistencia a la interpretaci?n can?nica anterior, la que ha precedido la Pascua cristiana, porque es necesario respetar cada etapa de la historia de salvaci?n. Vaciar el Antiguo Testamento de su sustancia ser?a privar al Nuevo Testamento de su enraizamiento en la historia.

2. El recurso de las tradiciones jud?as de interpretaci?n

El Antiguo Testamento ha tomado su forma final en el juda?smo de los ?ltimos cuatro o cinco siglos que han precedido la era cristiana. Este juda?smo ha sido tambi?n el medio de origen del Nuevo Testamento y de la Iglesia naciente. Numerosos estudios de historia jud?a antigua y especialmente las investigaciones suscitadas por los descubrimientos de Qumr?n han puesto de relieve la complejidad del mundo jud?o, en la tierra de Israel y en la di?spora, durante todo este per?odo.

En este mundo comenz? la interpretaci?n de la Escritura. Uno de los m?s antiguos testimonios de la interpretaci?n jud?a de la Biblia es la traducci?n griega de los Setenta. Los Targumim arameos constituyen otro testimonio del mismo esfuerzo, que se ha proseguido hasta nuestros d?as, acumulando una prodigiosa cantidad de procedimientos t?cnicos para la conservaci?n del texto del Antiguo Testamento y para la explicaci?n del sentido de los textos b?blicos. Desde siempre los mejores ex?getas cristianos, a partir de Or?genes y San Jer?nimo, han procurado sacar provecho de la erudicci?n b?blica jud?a, para una mejor comprensi?n de la Escritura. Numerosos ex?getas modernos siguen este ejemplo.

Las tradiciones jud?as antiguas permiten, en particular, conocer mejor los Setenta, la Biblia jud?a que se convirti? seguidamente en la primera parte de la Biblia cristiana durante al menos los primeros cuatro siglos de la Iglesia, y en Oriente hasta nuestros d?as. La literatura jud?a extracan?nica, llamada ap?crifa o intertestamentaria, abundante y diversificada, es una fuente importante para la interpretaci?n del Nuevo Testamento. Los variados procedimientos de ex?gesis practicados por el juda?smo de diferentes tendencias se encuentran en el mismo Antiguo Testamento, por ejemplo en las Cr?nicas en relaci?n con los Libros de los Reyes, y en el Nuevo Testamento, por ejemplo en ciertos razonamientos escritur?sticos de S. Pablo. La diversidad de las formas (par?bolas, alegor?as, antolog?as y colecciones, relecturas, pesher relaciones entre textos distintos, salmos e himnos, visiones, revelaciones y sue?os, composiciones sapienciales) es com?n al Antiguo y al Nuevo Testamento as? como a la literatura de todos los medios jud?os antes y despu?s del tiempo de Jes?s. Los Targumim y los Midrasim representan la homil?tica y la interpretaci?n b?blica de amplios sectores del juda?smo de los primeros siglos.

Numerosos ex?getas del Antiguo Testamento buscan iluminaci?n, adem?s, en los comentadores, gram?ticos y "lexic?grafos jud?os medievales y m?s recientes para comprender pasajes oscuros o palabras raras y ?nicas. M?s frecuentemente que antes, aparecen hoy referencias a obras jud?as en la discusi?n exeg?tica.

La riqueza de la erudicci?n jud?a puesta al servicio de la Biblia, desde sus or?genes en la antig?edad hasta nuestros d?as, es una ayuda permanente de primer orden para la ex?gesis de ambos Testamentos, a condici?n, sin embargo, de emplearla correctamente. El juda?smo antiguo era muy diversificado. La forma farisea, que ha prevalecido despu?s en el rabinismo, no era la ?nica. Los textos jud?os antiguos se escalonan a lo largo de varios siglos. Es importante, pues, situarlos cronol?gicamente antes de proceder a comparaciones. Sobre todo, el cuadro de conjunto de las comunidades jud?as y cristianas es fundamentalmente diferente: del lado jud?o, seg?n formas muy variadas, se trata de una religi?n que define un pueblo y una pr?ctica de vida a partir de un escrito revelado y d? una tradici?n oral, mientras que del lado cristiano, es la fe en el Se?or Jes?s, muerto, resucitado y vivo para siempre, Mes?as e Hijo de Dios, la que re?ne una comunidad. Estos dos puntos de partida crean, para la interpretaci?n de las Escrituras, dos contextos, que a pesar de muchos contactos y semejanzas, son radicalmente diferentes.

3. La historia de los efectos del texto

Este acercamiento reposa sobre dos principios: a) un texto no se convierte en una obra literaria si no hay lectores que le dan vida, apropi?ndose de ?l; b) esta apropiaci?n del texto, que puede efectuarse de modo individual o comunitario y toma forma en diferentes dominios (literario, art?stico, teol?gico, asc?tico y m?stico), contribuye a hacer comprender mejor el texto mismo.

Sin ser completamente desconocido en la antig?edad, este acercamiento se ha desarrollado en los estudios literarios, entre 1960 y 1970, cuando la cr?tica se interes? en las relaciones entre el texto y sus lectores. La ex?gesis b?blica no podr?a sino sacar beneficio de esta investigaci?n, tanto m?s que la hermen?utica filos?fica afirma, por su parte, la necesaria distancia entre la obra y su autor, as? como entre la obra y sus lectores. En esta perspectiva, se comenz? a introducir en el trabajo de interpretaci?n la historia del efecto provocado por un libro o por un pasaje de la Escritura ("Wirkungsgeschichte"). Se trata de medir la evoluci?n de la interpretaci?n en el curso del tiempo en funci?n de las preocupaciones de los lectores, y de evaluar la importancia del papel de la tradici?n para aclarar el sentido de los textos b?blicos.

La confrontaci?n del texto con sus lectores suscita una din?mica, porque el texto ejerce un influjo y provoca reacciones, su llamada es escuchada por los lectores individualmente o en grupos. El lector no es, por lo dem?s, un sujeto aislado. Pertenece a un espacio social y se sit?a en una tradici?n. Viene al texto con sus preguntas, opera una selecci?n, propone una interpretaci?n y finalmente, puede crear otra obra o tomar iniciativas que se inspiran directamente de su lectura de la Escritura.

Los ejemplos de tal acercamiento son ya numerosos. La historia de la lectura del Cantar de los Cantares ofrece un excelente testimonio. Nos muestra c?mo fue recibido este libro en la ?poca de los Padres de la Iglesia, en el ambiente mon?stico latino de la Edad Media, y a?n por un m?stico como S. Juan de la Cruz. Permite as? descubrir mejor todas las dimensiones de sentido de este escrito. Del mismo modo, en el Nuevo Testamento, es posible y ?til aclarar el sentido de una per?copa (por ejemplo la del joven rico en Mt 19, 16-26) mostrando su fecundidad en la historia de la Iglesia.

Pero la historia testimonia tambi?n la existencia de corrientes de interpretaci?n tendenciosas y falsas, de efectos nefastos, que impulsan por ejemplo, al antisemitismo o a otras discriminaciones raciales, o crean ilusiones milenaristas. Es claro, por tanto, que este acercamiento no puede ser una disciplina aut?noma. Un discernimiento es necesario. Se debe evitar el privilegiar tal o cual momento de la historia de los efectos de un texto para hacer de ?l la ?nica regla de su interpretaci?n.

D. Acercamiento por las ciencias humanas

Para comunicarse, la Palabra de Dios se enra?za en la vida de grupos humanos (cf. Sir 24,12), y se abre camino a trav?s de condicionamientos psicol?gicos de las diversas personas que han compuesto los escritos b?blicos. Las ciencias humanas, por tanto, en particular la sociolog?a, la antropolog?a y la psicolog?a, pueden contribuir a una mejor comprensi?n de algunos aspectos de los textos. Conviene notar, sin embargo, que existen muchas escuelas, con divergencias notables entre ellas, sobre la naturaleza misma de tales ciencias. No obstante ello, un buen n?mero de ex?getas ha sacado provecho recientemente de este tipo de investigaciones.

1. Acercamiento sociol?gico

Los textos religiosos est?n ligados con relaciones rec?procas a las sociedades en las cuales nacen. Esta constataci?n vale evidentemente para los textos b?blicos. En consecuencia, el estudio cr?tico de la Biblia necesita un conocimiento tan exacto como sea posible de los comportamientos sociales que caracterizan los diferentes medios en los cuales se formaron las tradiciones b?blicas. Este g?nero de informaci?n socio-hist?rica debe ser completado por una explicaci?n sociol?gica correcta, que interpreta cient?ficamente, en cada caso, el alcance de las condiciones sociales de existencia.

En la historia de la ex?gesis, el punto de vista sociol?gico ha encontrado su lugar desde hace mucho tiempo. La atenci?n que la "Formgeschichte" ha otorgado al medio de origen de los textos ("Sitz im Leben") es un testimonio de ello: se reconoce que las tradiciones b?blicas llevan la marca de los ambientes socioculturales que las han trasmitido. En el primer tercio del siglo XX, la escuela de Chicago estudi? la situaci?n socio-hist?rica de la cristiandad primitiva, dando as? a la cr?tica hist?rica un impulso apreciable en esta direcci?n. En el curso de los ?ltimos veinte a?os (1970-1990), el acercamiento sociol?gico a los textos b?blicos se ha vuelto parte integrante de la ex?gesis.

Numerosas son las cuestiones que se presentan en este campo a la ex?gesis del Antiguo Testamento. Se debe preguntar, por ejemplo, cu?les son las diversas formas de organizaci?n social y religiosa que Israel ha conocido en el curso de su historia. Para el per?odo anterior a la formaci?n de un estado ?proporciona el modelo etnol?gico de una sociedad ac?fala segmentaria un punto de partida satisfactorio? ?C?mo se ha pasado de una liga de tribus, sin gran cohesi?n, a un estado organizado en monarqu?a, y de all? a una comunidad basada simplemente sobre lazos religiosos y geneal?gicos? ?Qu? transformaciones econ?micas, militares u otras, provoc? en la estructura de la sociedad el movimiento de centralizaci?n pol?tica y religiosa que condujo a la monarqu?a? ?Contribuye el estudio de las normas de comportamiento en el Antiguo Oriente y en Israel a la comprensi?n del Dec?logo m?s eficazmente que los intentos puramente literarios de reconstrucci?n de un texto primitivo?

Para la ex?gesis del Nuevo Testamento, las cuestiones son evidentemente diferentes. Citemos algunas: para explicar el g?nero de vida prepascual adoptado por Jes?s y sus disc?pulos, ?qu? valor se puede conceder a la teor?a de un movimiento de carism?ticos itinerantes, que viv?an sin domicilio, ni familia, ni bienes? ?Hay una continuidad, basada sobre la llamada de Jes?s a seguirlo, entre la actitud de desprendimiento radical, adoptada por Jes?s, y la del movimiento cristiano postpascual, en los medios m?s diversos de la cristiandad primitiva? ?Qu? sabemos acerca de la estructura social de las comunidades paulinas, teniendo en cuenta en cada caso, la cultura urbana correspondiente?

En general, el acercamiento sociol?gico da una gran apertura al trabajo exeg?tico y comporta muchos aspectos positivos. El conocimiento de los datos sociol?gicos que contribuyen a hacer comprender el funcionamiento econ?mico, cultural y religioso del mundo b?blico, es indispensable a la cr?tica hist?rica. La tarea que incumbe a la ex?gesis, de comprender bien el testimonio de fe de la Iglesia apost?lica, no puede ser llevada a buen t?rmino de modo riguroso sin una investigaci?n cient?fica que estudie las estrechas relaciones de los textos del Nuevo Testamento con la vida social de la Iglesia primitiva. La utilizaci?n de los modelos proporcionados por la ciencia sociol?gica asegura a las investigaciones de los historiadores sobre las ?pocas b?blicas una notable capacidad de renovaci?n, pero es necesario, naturalmente, que los modelos sean modificados en funci?n de la realidad estudiada.

Es oportuno se?alar algunos riesgos que el ex?geta corre frente al acercamiento sociol?gico. En efecto, si el trabajo de la sociolog?a consiste en estudiar sociedades vivientes, es necesario esperar dificultades cuando se quieren aplicar sus m?todos a medios hist?ricos que pertenecen a un lejano pasado. Los textos b?blicos y extrab?blicos no proporcionan necesariamente una documentaci?n suficiente para dar una visi?n de conjunto de la sociedad de la ?poca. Por lo dem?s, el m?todo sociol?gico tiende a conceder a los aspectos econ?micos e institucionales de la existencia humana m?s atenci?n que a las dimensiones personales y religiosas.

2. Acercamiento por la antropolog?a cultural

El acercamiento a los textos b?blicos que utilizan las investigaciones de la antropolog?a cultural est? en relaci?n estrecha con el acercamiento sociol?gico. La distinci?n de estos dos acercamientos se sit?a a la vez a nivel de la sensibilidad, a nivel del m?todo, y al de los aspectos de la realidad que retienen la atenci?n. Mientras el acercamiento sociol?gico -acabamos de decirlo- estudia sobre todo los aspectos econ?micos e institucionales, el acercamiento antropol?gico se interesa por un vasto conjunto de otros aspectos que se reflejan en el lenguaje, el arte, y la religi?n, pero tambi?n, en los vestidos, los ornamentos, las fiestas, las danzas, los mitos, las leyendas y todo lo que concierne a la etnograf?a.

En general, la antropolog?a cultural procura definir las caracter?sticas de los diferentes tipos de personas en su medio social -como, por ejemplo, el hombre mediterr?neo-, con todo lo que ello implica de estudio del medio rural o urbano y de atenci?n a los valores reconocidos por la sociedad (honor y deshonor, secreto, fidelidad, tradici?n, g?nero de educaci?n y de escuelas); al modo como se ejerce el control social; a las ideas sobre la familia, la casa, la relaci?n familiar, la situaci?n de la mujer; a los binomios institucionales (patr?n-cliente, propietario-arrendatario, benefactor-beneficiario, hombre libre-esclavo), sin olvidar el concepto de sagrado y profano, los tab?es, el ritual de pasaje de una situaci?n a otra, la magia, el origen de los recursos, del poder, de la informaci?n, etc.

Sobre la base de los diferentes elementos, se constituyen tipolog?as y "modelos" comunes a varias culturas.

Este g?nero de estudio puede evidentemente ser ?til para la interpretaci?n de los textos b?blicos, y es efectivamente utilizado para el estudio de concepciones de parentesco en el Antiguo Testamento, la posici?n de la mujer en la sociedad israelita, el influjo de los ritos agrarios, etc. En los textos que presentan la ense?anza de Jes?s, por ejemplo las par?bolas, muchos detalles pueden ser clarificados gracias a este acercamiento. Lo mismo ocurre con concepciones fundamentales, como la del reino de Dios, o con el modo de concebir el tiempo en la historia de la salvaci?n, as? como los procesos de aglutinamiento de las comunidades primitivas. Este acercamiento permite distinguir mejor los elementos permanentes del mensaje b?blico que tienen su fundamento en la naturaleza humana, y las determinaciones contingentes, debidas a culturas particulares. Sin embargo, al igual que otros acercamientos particulares, este acercamiento no est? en condiciones, por s? mismo, de dar cuenta de la contribuci?n espec?fica de la Revelaci?n. Conviene ser consciente de ello en el momento de apreciar el alcance de sus resultados.

3. Acercamientos psicol?gicos y psicoanal?ticos

Psicolog?a y teolog?a nunca han dejado de estar en di?logo una con la otra. La extensi?n moderna a de las investigaciones psicol?gicas para el estudio de las estructuras din?micas del inconsciente ha suscitado nuevas tentativas de interpretaci?n de los textos antiguos, y por tanto, tambi?n de la Biblia. Obras enteras han sido consagradas a la interpretaci?n psicoanal?tica de los textos b?blicos, seguidas de vivas discusiones: ?en qu? medida y en qu? condiciones las investigaciones psicol?gicas y psicoanal?ticas pueden contribuir a una comprensi?n m?s profunda de la Sagrada Escritura? Los estudios de psicolog?a y psicoan?lisis aportan a la ex?gesis b?blica un enriquecimiento, porque gracias a ellas, los textos de la Biblia pueden ser comprendidos mejor en cuanto experiencias de vida y reglas de comportamiento. La religi?n, como se sabe, est? siempre en una situaci?n de debate con el inconsciente. Ella participa, en una amplia medida, en la correcta orientaci?n de las pulsiones humanas. Las etapas que la cr?tica hist?rica recorre met?dicamente tienen necesidad de ser completadas por un estudio de los diferentes niveles de la realidad expresada en los textos. La psicolog?a y el psicoan?lisis se esfuerzan por progresar en esta direcci?n. Ellas abren el camino a una comprensi?n pluridimensional de la Escritura, y ayudan a decodificar el lenguaje humano de la Revelaci?n.

La psicolog?a y, de otro modo, el psicoan?lisis han aportado, en particular, una nueva comprensi?n del s?mbolo. El lenguaje simb?lico permite expresar zonas de experiencia religiosa no accesibles al razonamiento puramente conceptual, pero que tienen un valor para la cuesti?n de la verdad. Por eso, un estudio interdisciplinar, conducido en com?n por ex?getas y psic?logos o psicoanalistas, presenta ventajas ciertas, fundadas objetivamente y confirmadas en la pastoral.

Se pueden citar numerosos ejemplos que muestran la necesidad de un esfuerzo com?n de ex?getas y de psic?logos: para clarificar el sentido de los ritos del culto, de los sacrificios, de las prohibiciones, para explicar el lenguaje b?blico, rico en im?genes, el alcance metaf?rico de los relatos de milagros, los resortes dram?ticos de las visiones y audiciones apocal?pticas. No se trata simplemente de describir el lenguaje simb?lico de la Biblia, sino de captar su funci?n de revelaci?n y de interpelaci?n: la realidad "numinosa" de Dios entra all? en contacto con el hombre.

El di?logo entre ex?gesis y psicolog?a o psicoan?lisis, en vista de una mejor comprensi?n de la Biblia, debe evidentemente ser cr?tico, y respetar las fronteras de cada disciplina. En todo caso, una psicolog?a o un psicoan?lisis ateo, ser?an incapaces de dar cuenta de los datos de la fe. La psicolog?a y el psicoan?lisis, aunque son ?tiles para precisar la extensi?n de la responsabilidad humana, no pueden eliminar la realidad del pecado y de la salvaci?n. Se debe, por lo dem?s, evitar confundir religiosidad espont?nea y revelaci?n b?blica, o poner en duda el car?cter hist?rico del mensaje de la Biblia, el cual le asegura su valor de acontecimiento ?nico.

Notemos, adem?s, que no se puede hablar de "ex?gesis psicoanal?tica", como si hubiera una sola. Existe, en realidad, una multitud de conocimientos, que provienen de diferentes dominios de la psicolog?a o de diferentes escuelas, capaces de aportar iluminaciones ?tiles a la interpretaci?n humana y teol?gica de la Biblia. Absolutizar tal o cual posici?n de una de las escuelas no favorece la fecundidad del esfuerzo com?n, sino que le es m?s bien da?oso.

Las ciencias humanas no se reducen a la sociolog?a, a la antropolog?a cultural y a la psicolog?a. Otras disciplinas pueden tambi?n tener su utilidad para la interpretaci?n de la Biblia. En todos estos campos, es necesario respetar las competencias y reconocer que es poco frecuente que una misma persona est? cualificada a la vez en ex?gesis y en una u otra de las ciencias humanas.

E. Acercamiento contextual

La interpretaci?n de un texto depende siempre de la mentalidad y de las preocupaciones de sus lectores. Estos conceden una atenci?n privilegiada a ciertos aspectos, y sin siquiera pensar en ello, descuidan otros. Es, pues, inevitable que los ex?getas adopten en sus trabajos puntos de vista nuevos, correspondientes a las corrientes de pensamiento contempor?neo que no han obtenido hasta aqu? un lugar suficiente. Conviene que lo hagan con discernimiento cr?tico. Actualmente, los movimientos de liberaci?n y feminista retienen particularmente la atenci?n.

1. Acercamiento liberacionista

La teolog?a de la liberaci?n es un fen?meno complejo que no se debe simplificar arbitrariamente. Como movimiento teol?gico se consolida al comienzo de los a?os ?70. Su punto de partida, adem?s de las circunstancias econ?micas, sociales y pol?ticas de los pa?ses de Am?rica Latina, se encuentra en dos grandes acontecimientos eclesiales: el Concilio Vaticano II, con su declarada voluntad de aggiornamento y la orientaci?n del trabajo pastoral de la Iglesia hacia las necesidades del mundo actual, y la 2? Asamblea plenaria del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano) en Medell?n en 1968, que aplic? las ense?anzas del Concilio a las necesidades de Am?rica Latina. El movimiento se ha propagado tambi?n en otras partes del mundo (Africa, Asia, poblaci?n negra de los Estados Unidos).

Es dif?cil discernir, si existe "una" teolog?a de la liberaci?n y definir su m?todo. Tambi?n es dif?cil determinar adecuadamente su modo de leer la Biblia, para indicar luego sus aportaciones y l?mites. Se puede decir que ella no adopta un m?todo especial, sino que partiendo de puntos de vista socio-culturales y pol?ticos propios, practica una lectura b?blica orientada en funci?n de las necesidades del pueblo, que busca en la Biblia el alimento de su fe y de su vida.

En lugar de contentarse con una interpretaci?n objetivante, que se concentra sobre lo que dice el texto situado en su contexto de origen, se busca una lectura que nace de la situaci?n vivida por el pueblo. Si ?ste vive en circunstancias de opresi?n, es necesario recurrir a la Biblia para buscar all? el alimento capaz de sostenerlo en sus luchas y esperanzas. La realidad presente no debe ser ignorada, sino al contrario afrontada, para aclararla a la luz de la Palabra. De esta luz surgir? la praxis cristiana aut?ntica, que tiende a transformar la sociedad por medio de la justicia y del amor. En la fe, la Escritura se transforma en factor de dinamismo, de liberaci?n integral.

Los principios son los siguientes:

Dios est? en la historia de su pueblo para salvarlo. Es el Dios de los pobres, que no puede tolerar la opresi?n ni la injusticia.

Por ello, la ex?gesis no puede ser neutra, sino que, siguiendo a Dios, debe tomar parte por los pobres y comprometerse en el combate por la liberaci?n de los oprimidos.

La participaci?n en este combate permite precisamente hacer aparecer los sentidos que no se descubren, sino cuando los textos b?blicos son le?dos en un contexto de solidaridad efectiva con los oprimidos.

Puesto que la liberaci?n de los oprimidos es un proceso colectivo, la comunidad de los pobres es el mejor destinatario para recibir la Biblia como palabra de liberaci?n. Adem?s, puesto que los textos b?blicos han sido escritos para las comunidades, es a estas comunidades a quienes es confiada en primer lugar la lectura de la Biblia. La Palabra de Dios es plenamente actual, gracias sobre todo a la capacidad que poseen los "acontecimientos fundadores" (la salida de Egipto, la pasi?n y la resurrecci?n de Jes?s) de suscitar nuevas realizaciones en el curso de la historia.

La teolog?a de la liberaci?n comprende elementos cuyo valor es indudable: el sentido profundo de la presencia de Dios que salva; la insistencia sobre la dimensi?n comunitaria de la fe; la urgencia de una praxis liberadora enraizada en la justicia y en el amor; una relectura de la Biblia que busca hacer de la Palabra de Dios la luz y el alimento del pueblo de Dios, en medio de sus luchas y de sus esperanzas. As? subraya la plena actualidad del texto inspirado.

Pero una lectura tan comprometida de la Biblia comporta riesgos. Como est? ligada un movimiento en plena evoluci?n, las observaciones que siguen no pueden ser sino provisorias.

Esta lectura se concentra sobre textos narrativos y prof?ticos que ilustran situaciones de opresi?n y que inspiran una praxis que tiende a un cambio social. A veces puede ser parcial, no prestando igual atenci?n a otros textos de la Biblia. Es verdad que la ex?gesis no puede ser neutra; pero tambi?n debe cuidarse de no ser unilateral. Por lo dem?s, el compromiso social y pol?tico no es la tarea directa de la ex?gesis.

Queriendo insertar el mensaje b?blico en el contexto socio-pol?tico, te?logos y ex?getas se han visto conducidos a recurrir a instrumentos de an?lisis de la realidad social. En esta perspectiva algunas corrientes de la teolog?a de la liberaci?n han hecho un an?lisis inspirado en doctrinas materialistas, y en este marco han le?do la Biblia, lo cual no ha dejado de suscitar problemas, particularmente en lo que concierne al principio marxista de la lucha de clases.

Bajo la presi?n de enormes problemas sociales, el acento ha sido puesto en particular sobre una escatolog?a terrestre, a veces en detrimento de la dimensi?n escatol?gica trascendente de la Escritura.

Los cambios sociales y pol?ticos conducen este acercamiento a presentar nuevas cuestiones y a buscar nuevas orientaciones. Para su desarrollo ulterior y su fecundidad en la Iglesia, un factor decisivo ser? poner en claro los presupuestos hermen?uticos, sus m?todos y su coherencia con la fe y la tradici?n del conjunto de la Iglesia.

2. Acercamiento feminista

La hermen?utica b?blica feminista naci? hacia fines del siglo XIX en los Estados Unidos, en el contexto socio-cultural de la lucha por los derechos de la mujer, con el comit? de revisi?n de la Biblia. ?ste produjo "The Woman?s Bible" en dos vol?menes (New York 1885, 1898). Esta corriente se ha manifestado con nuevo vigor y ha tenido un enorme desarrollo a partir de los a?os ?70, en uni?n con el movimiento de liberaci?n de la mujer, sobre todo en Am?rica del Norte.

Para hablar precisamente, se deben distinguir varias hermen?uticas b?blicas feministas, porque los acercamientos utilizados son muy diversos. Su unidad proviene de su tema com?n, la mujer, y de la finalidad perseguida: la liberaci?n de la mujer y la conquista de derechos iguales a los del var?n.

Es oportuno mencionar aqu? las tres formas principales de la hermen?utica b?blica feminista: la forma radical, la forma neo-ortodoxa, y la forma cr?tica.

La forma radical rechaza completamente la autoridad de la Biblia, diciendo que ha sido producida por varones para asegurar la dominaci?n del var?n sobre la mujer (androcentrismo).

La forma neo-ortodoxa acepta la Biblia como prof?tica y capaz de servir, en la medida en que ella toma partido por los d?biles, y por tanto tambi?n por la mujer. Esta orientaci?n es adoptada como "canon dentro del canon", para poner en claro todo lo que hay en la Biblia en favor de la liberaci?n de la mujer, y de sus derechos.

La forma cr?tica utiliza una metodolog?a sutil y procura redescubrir la posici?n y el papel de la mujer cristiana en el movimiento de Jes?s y en las iglesias paulinas. En esta ?poca se habr?a adoptado el igualitarismo. Pero esta situaci?n habr?a sido disimulada en su mayor parte, en los escritos del Nuevo Testamento y m?s a?n despu?s, porque el patriarcalismo y el androcentrismo han prevalecido progresivamente .

La hermen?utica feminista no ha elaborado un m?todo nuevo. Se sirve de los m?todos corrientes en ex?gesis, especialmente del m?todo hist?rico-cr?tico. Pero agrega dos criterios de investigaci?n.

El primero es el criterio feminista, tomado del movimiento de liberaci?n de la mujer, en la l?nea del movimiento m?s general de la teolog?a de la liberaci?n. Utiliza una hermen?utica de la sospecha: la historia ha sido escrita regularmente por los vencedores. Para llegar a la verdad es necesario no fiarse de los textos, sino buscar los indicios que revelan otra cosa distinta.

El segundo criterio es sociol?gico: se apoya sobre el estudio de las sociedades en los tiempos b?blicos, de su estratificaci?n social, y de la posici?n que ocupa en ellas la mujer.

En lo que concierne a los escritos neotestamentarios, el objeto de estudio, en definitiva, no es la concepci?n de la mujer expresada en el Nuevo Testamento, sino la reconstrucci?n hist?rica de dos situaciones diferentes de la mujer en el siglo primero: la que era habitual en la sociedad jud?a y greco-latina, y la otra, innovadora, instituida en el movimiento de Jes?s y de las iglesias paulinas, en las cuales se habr?a formado "una comunidad de disc?pulos de Jes?s, todos iguales". Uno de los apoyos invocados para fundamentar esta visi?n de las cosas es el texto de Ga 3,28. El objetivo es redescubrir para el presente la historia olvidada del papel de la mujer en la lglesia de los or?genes.

Numerosas aportaciones positivas provienen de la ex?gesis feminista. Las mujeres han tomado as? una parte activa en la investigaci?n exeg?tica. Con frecuencia han logrado percibir, mejor que los hombres, la presencia, la significaci?n, y el papel de la mujer en la Biblia, en la historia de los or?genes cristianos y en la Iglesia. El horizonte cultural moderno, gracias a su mayor atenci?n a la dignidad de la mujer y su papel en la sociedad y en la Iglesia, hace que se dirijan al texto b?blico preguntas nuevas, ocasiones de nuevos descubrimientos. La sensibilidad femenina lleva a entrever y corregir ciertas interpretaciones corrientes tendenciosas, que intentaban justificar la dominaci?n del var?n sobre la mujer.

En cuanto concierne al Antiguo Testamento, muchos estudios se han esforzado por llegar a una mejor comprensi?n de la imagen de Dios. El Dios de la Biblia no es la proyecci?n de una mentalidad patriarcal. Es el Padre, pero tambi?n el Dios de la ternura y del amor maternal.

En la medida en que la ex?gesis feminista se apoya sobre una posici?n tomada, se expone a interpretar los textos b?blicos de modo tendencioso y por tanto discutible. Para probar sus tesis debe recurrir frecuentemente, a falta de otros mejores, al argumento ex silentio. Tales argumentos, se sabe, deben ser tratados cautelosamente. Jam?s bastan para establecer s?lidamente una conclusi?n. Por otra parte, el intento de reconstruir, gracias a indicios fugitivos encontrados en los textos, una situaci?n hist?rica que estos mismos textos, se supone, quer?an ocultar, no corresponde ya a un trabajo de ex?gesis propiamente dicho, porque conduce a rechazar el contenido de los textos inspirados para anteponerles una construcci?n hipot?tica diferente.

La ex?gesis feminista suscita frecuentemente cuestiones de poder en la Iglesia, que son, como se sabe, objeto de discusi?n y a?n de confrontaci?n. En este campo, la ex?gesis feminista no podr? ser ?til a la Iglesia sino en la medida en que no caiga en las trampas que denuncia, y no pierda de vista la ense?anza evang?lica sobre el poder como servicio, ense?anza dirigida por Jes?s a todos sus disc?pulos, hombres y mujeres (2).

F. Lectura fundamentalista

La lectura fundamentalista parte del principio de que, siendo la Biblia Palabra de Dios inspirada y exenta de error, debe ser le?da e interpretada literalmente en todos sus detalles. Por "interpretaci?n literal" se entiende una interpretaci?n primaria, literalista, es decir, que excluye todo esfuerzo de comprensi?n de la Biblia que tenga en cuenta su crecimiento hist?rico y su desarrollo. Se opone, pues, al empleo del m?todo hist?rico-cr?tico, as? como de todo otro m?todo cient?fico para la interpretaci?n de la Escritura.

La lectura fundamentalista tuvo su origen en la ?poca de la Reforma, en una preocupaci?n de fidelidad al sentido literal de la Escritura. Despu?s del Siglo de las Luces, se presentaba, en el protestantismo, como una protecci?n contra la ex?gesis liberal. El t?rmino "fundamentalista" se relaciona directamente con el Congreso B?blico Americano tenido en Ni?gara, en el estado de New York, en 1895. Los ex?getas protestantes conservadores definieron all? "cinco puntos de fundamentalismo": la inerrancia verbal de la Escritura, la divinidad de Cristo, su nacimiento virginal, la doctrina de la expiaci?n vicaria, y la resurrecci?n corporal en la segunda venida de Cristo. Cuando la lectura fundamentalista de la Biblia se propag? en otras partes del mundo, dio origen a otros tipos de lecturas igualmente "literales", en Europa, Asia, ?frica, y Am?rica del Sur. Este g?nero de lectura encuentra cada vez m?s adeptos, a finales del siglo XX, en grupos religiosos y sectas, pero tambi?n entre cat?licos.

Aunque el fundamentalismo tenga raz?n de insistir sobre la inspiraci?n divina de la Biblia, la inerrancia de la Palabra de Dios, y las otras verdades b?blicas incluidas en los cinco puntos fundamentales, su modo de presentar estas verdades se enra?za en una ideolog?a que no es b?blica, a pesar de cuanto digan sus representantes. Ella exige una adhesi?n incondicionada a actitudes doctrinarias r?gidas e impone, como fuente ?nica de ense?anza sobre la vida cristiana y la salvaci?n, una lectura de la Biblia que reh?sa todo cuestionamiento y toda investigaci?n cr?tica.

El problema de base de esta lectura fundamentalista es que, rechazando tener en cuenta el car?cter hist?rico de la revelaci?n b?blica, se vuelve incapaz de aceptar plenamente la verdad de la Encarnaci?n misma. El fundamentalismo rehuye la relaci?n estrecha de lo divino y de lo humano en las relaciones con Dios. Rechaza admitir que la Palabra de Dios inspirada se ha expresado en lenguaje humano y que ha sido escrita, bajo la inspiraci?n divina, por autores humanos, cuyas capacidades y posibilidades eran limitadas. Por esto, tiende a tratar el texto b?blico como si hubiera sido dictado palabra por palabra por el Esp?ritu, y no llega a reconocer que la Palabra de Dios ha sido formulada en un lenguaje y en una fraseolog?a condicionados, por tal o cual ?poca. No concede ninguna atenci?n a las formas literarias, y a los modos humanos de pensar presentes en los textos b?blicos, muchos de los cuales son el fruto de una elaboraci?n que se ha extendido por largos per?odos de tiempo, y llevan la marca de situaciones hist?ricas bastante diversas.

El fundamentalismo insiste tambi?n, de un modo indebido, sobre la inerrancia de los detalles en los textos b?blicos;especialmente en materia de hechos hist?ricos o de pretendidas verdades cient?ficas. Frecuentemente considera como hist?rico lo que no ten?a pretensi?n se historicidad, porque incluye en tal categor?a cuanto es referido o narrado con verbos en pret?rito, sin la atenci?n necesaria a la posibilidad de un sentido simb?lico o figurativo.

El fundamentalismo tiene frecuentemente la tendencia a ignorar o negar los problemas que el texto b?blico presenta en la formulaci?n hebrea, aramea o griega. Est? frecuentemente ligado a una traducci?n determinada, antigua o moderna. Omite igualmente considerar las "relecturas" de ciertos pasajes en el interior mismo de la Biblia

En lo que concierne a los evangelios, el fundamentalismo no tiene en cuenta el crecimiento de la tradici?n evang?lica, sino que confunde ingenuamente el estadio final de esta tradici?n (lo que los evangelistas han escrito) con el estadio inicial (las acciones y las palabras del Jes?s de la historia). Descuida por eso mismo un dato importante: el modo como las primeras comunidades cristianas han comprendido el impacto producido por Jes?s de Nazaret y su mensaje. Ahora bien, ?ste es un testimonio del origen apost?lico de la fe cristiana y su expresi?n directa. El fundamentalismo desnaturaliza as? la llamada lanzada por el evangelio mismo.

El fundamentalismo tiene tendencia tambi?n a una gran estrechez de puntos de vista, porque considera conforme a la realidad una cosmolog?a antigua superada, solamente porque se encuentra expresada en la Biblia. Esto impide el di?logo con una concepci?n m?s amplia de las relaciones entre la cultura y la fe. Se apoya sobre una lectura no cr?tica de algunos textos de la Biblia para confirmar ideas pol?ticas y actitudes sociales marcadas por prejuicios, racistas, por ejemplo, y completamente contrarias al evangelio cristiano.

Finalmente, en su fijaci?n sobre el principio de "sola Scriptura" el fundamentalismo separa la interpretaci?n de la Biblia de la Tradici?n guiada por el Esp?ritu, que se desarrolla aut?nticamente en conexi?n con la Escritura en el seno de la comunidad de fe. Le falta reconocer que el Nuevo Testamento ha tomado forma en el interior de la Iglesia cristiana, y que es Sagrada Escritura de esta Iglesia, cuya existencia ha precedido a la composici?n de sus textos. El fundamentalismo, por ello, es frecuentemente antieclesial: desprecia los credos, los dogmas y las pr?cticas lit?rgicas que se han vuelto parte de la tradici?n eclesi?stica, as? como la funci?n de ense?anza de la misma Iglesia. Se presenta como una forma de interpretaci?n privada, que no reconoce que la Iglesia ha sido fundada sobre la Biblia, y nutre su vida y su inspiraci?n en las Escrituras.

El acercamiento fundamentalista es peligroso, porque seduce a las personas que buscan respuestas b?blicas a sus problemas vitales. Puede enga?arlas, ofreci?ndoles interpretaciones piadosas pero ilusorias, en lugar de decirles que la Biblia no contiene necesariamente una respuesta inmediata a cada uno de sus problemas. El fundamentalismo invita t?citamente a una forma de suicidio del pensamiento. Ofrece una certeza falsa, porque confunde inconscientemente las limitaciones humanas del mensaje b?blico con su sustancia divina.


II. Cuestiones de Hermen?utica

A. Hermen?uticas filos?ficas

?l desarrollo de la ex?gesis se debe repensar teniendo en cuenta la hermen?utica filos?fica contempor?nea, que ha puesto en evidencia la implicaci?n de la subjetividad en el conocimiento, en particular en el conocimiento hist?rico. La reflexi?n hermen?utica ha tomado un nuevo impulso con la publicaci?n de los trabajos de Friedrich Schleiermacher, Wilhelm Dilthey y, sobretodo, Martin Heidegger. En las huellas de estos fil?sofos, pero tambi?n apart?ndose de ellos, otros autores han profundizado la teor?a hermen?utica contempor?nea y sus aplicaciones a la Escritura. Entre ellos mencionaremos especialmente a Rudolf Bultmann, Hans Georg Gadamer y Paul Ric?ur. Es imposible resumir aqu? su pensamiento. Bastar? indicar algunas ideas centrales de su filosof?a, que tienen una incidencia sobre la interpretaci?n de as b?blicos (3).

1. Perspectiva modernas

Teniendo en cuenta la distancia cultural entre el mundo del primer siglo y el del siglo XX, y preocupado por lograr que la realidad de la cual trata la Escritura hable al hombre contempor?neo, Bultmann insisti? sobre la precomprensi?n necesaria a toda comprensi?n, y elabor? la teor?a de la interpretaci?n existencial de los escritos del Nuevo Testamento. Apoy?ndose sobre el pensamiento de Heidegger, afirma que la ex?gesis de un texto b?blico no es posible sin presupuestos que dirigen la comprensi?n. La precomprensi?n ("Vorverst?ndnis") se funda sobre una relaci?n vital ("Lebensverh?ltnis") del int?rprete a la cosa de la cual habla el texto. Para evitar el subjetivismo, es necesario profundizar y enriquecer la precomprensi?n, m?s a?n, modificarla y corregirla por medio de aquello que dice el texto.

Interrog?ndose sobre las cuestiones, a partir de las cuales los textos de la Escritura podr?an ser comprendidos por el hombre de hoy, Bultmann pretende encontrar la respuesta en las formulaciones de la anal?tica existencial de Heidegger. Los existenciales heideggerianos tendr?an un cierto alcance universal y ofrecer?an las estructuras y los conceptos m?s apropiados para la comprensi?n de la existencia humana revelada en el mensaje del Nuevo Testamento.

Gadamer subraya igualmente la distancia hist?rica entre el texto y su int?rprete, y retoma y desarrolla la teor?a del c?rculo hermen?utico. Las anticipaciones y las preconcepciones que marcan nuestra comprensi?n provienen de la tradici?n que nos sostiene. Esta consiste en un conjunto de datos hist?ricos y culturales que constituyen nuestro contexto vital, nuestro horizonte de comprensi?n. El int?rprete debe entrar en di?logo con la realidad de la cual se trata en el texto. La comprensi?n se opera en la fusi?n de los diferentes horizontes, del texto y de su lector ("Horizontverschmelzung") y no es posible si no hay pertenencia ("Zugeh?rigkeit"), es decir, una afinidad fundamental entre el int?rprete y su objeto. La hermen?utica es un proceso dial?ctico: la comprensi?n de un texto es siempre una comprensi?n m?s amplia de s? mismo.

Del pensamiento hermen?utico de Ric?ur se debe retener primeramente el poner de relieve la funci?n de la distancia como pre?mbulo necesario para una justa apropiaci?n del texto. Una primera distancia existe entre el texto y su autor, porque, una vez producido, el texto adquiere una cierta autonom?a en relaci?n a su autor, comienza una carrera de sentido. Otra distancia existe entre el texto y sus lectores sucesivos. Estos deben respetar el mundo del texto en su alteridad. Los m?todos de an?lisis literario e hist?rico son, pues, necesarios para la interpretaci?n. Sin embargo, el sentido de un texto no se da plenamente si no es actualizado en la vivencia de lectores que se lo apropian. A partir de su situaci?n, ?stos son llamados a descubrir significaciones nuevas, en la l?nea del sentido fundamental indicado por el texto. El conocimiento b?blico no debe detenerse en el lenguaje, sino alcanzar la realidad de la cual habla el texto. El lenguaje religioso de la Biblia es un lenguaje simb?lico que "da qu? pensar", un lenguaje del cual no se termina de descubrir las riquezas de sentido, un lenguaje que procura alcanzar una realidad trascendente y que, al mismo tiempo, despierta a la persona humana a la dimensi?n profunda de su ser.

2. Utilidad para la ex?gesis

?Qu? se puede decir sobre estas teor?as contempor?neas de la interpretaci?n de los textos? La Biblia es Palabra de Dios para todas las ?pocas que se suceden. En consecuencia, no se podr?a prescindir de una teor?a hermen?utica que permita incorporar los m?todos de cr?tica literaria e hist?rica en un modelo de interpretaci?n m?s amplio.

Se trata de franquear la distancia entre el tiempo de los autores y los primeros destinatarios de los textos b?blicos, y nuestra ?poca contempor?nea, para poder actualizar correctamente el mensaje de los textos y nutrir la vida de fe de los cristianos. Toda ex?gesis de los textos debe ser completada por una "hermen?utica" en el sentido reciente del t?rmino.

La necesidad de una hermen?utica, es decir, de una interpretaci?n en el hoy de nuestro mundo, encuentra un fundamento en la Biblia misma y en la historia de su interpretaci?n. El conjunto de los escritos del Antiguo y del Nuevo Testamento se presenta como el producto de un largo proceso de reinterpretaci?n de los acontecimientos fundadores en relaci?n con la vida de las comunidades de creyentes. En la tradici?n eclesial, los primeros int?rpretes de la Escritura, los Padres de la iglesia, consideraban que su ex?gesis de los textos no estaba completa, sino cuando sacaban de ella el sentido para los cristianos de su tiempo en su situaci?n propia. No se es fiel a la intenci?n de los textos b?blicos, sino cuando se procura encontrar, en el coraz?n de su formulaci?n, la realidad de fe que expresan, y se enlaza ?sta a la experiencia creyente de nuestro mundo.

La hermen?utica contempor?nea es una sana reacci?n al positivismo hist?rico y a la tentaci?n de aplicar al estudio de la Biblia los criterios de objetividad utilizados en las ciencias naturales. Por una parte, los acontecimientos relatados en la Biblia son acontecimientos interpretados. Por otra parte, toda ex?gesis de los relatos de esos acontecimientos implica necesariamente la subjetividad del ex?geta. El justo conocimiento del texto b?blico no es accesible sino a quien tiene una afinidad vivida con aquello de lo cual habla el texto. La cuesti?n que se presenta a todo int?rprete es, pues, la siguiente: ?Qu? teor?a hermen?utica hace posible la justa percepci?n de la realidad profunda de la cual habla la Escritura y permite expresar su significado para el hombre de hoy?

Es necesario reconocer, en efecto, que ciertas teor?as hermen?uticas son inadecuadas para interpretar la Escritura. La interpretaci?n existencial de Bultmann, por ejemplo, conduce a encerrar el mensaje cristiano en una filosof?a particular. Adem?s, los presupuestos de esta hermen?utica conducen a vaciar, en buena parte, el mensaje religioso de la Biblia de su realidad objetiva (consecuencia de una "desmitologizaci?n" excesiva), y tienden a subordinarlo a un mensaje antropol?gico. La filosof?a se vuelve norma, m?s bien que instrumento de comprensi?n, de aquello que es el objeto central de toda interpretaci?n: la persona de Jesucristo y los acontecimientos de salvaci?n que se han verificado en nuestra historia. Una aut?ntica interpretaci?n de la Escritura es, pues, primeramente, aceptaci?n de un sentido presente de los acontecimientos, y de modo supremo, en la persona de Jesucristo.

Este sentido se expresa en los textos. Para evitar el subjetivismo, una buena actualizaci?n debe estar fundada sobre el estudio del texto, y los presupuestos de lectura deben ser constantemente sometidos a la verificaci?n por el texto.

La hermen?utica b?blica, si por una parte pertenece al ?mbito de la hermen?utica general de todo texto literario e hist?rico, por otra es un caso ?nico de esta hermen?utica. Sus caracter?sticas espec?ficas le vienen de su objeto. Los acontecimientos de salvaci?n y su cumplimiento en la persona de Jesucristo dan sentido a toda la historia humana. Las interpretaciones hist?ricas nuevas no podr?n sino descubrir y desarrollar estas riquezas de sentido. El relato b?blico de estos acontecimientos no puede ser plenamente comprendido s?lo por la raz?n. Ciertos presupuestos particulares, como la fe vivida en la comunidad eclesial y la luz del Esp?ritu, dirigen su interpretaci?n. Con el crecimiento de la vida en el Esp?ritu, aumenta en el lector la comprensi?n de las realidades de las cuales habla el texto b?blico.

B. Sentidos de la Escritura inspirada

El aporte moderno de las hermen?uticas filos?ficas y los desarrollos recientes del estudio cient?fico de la literatura, permiten a la ex?gesis b?blica profundizar la comprensi?n de su tarea, cuya complejidad se ha vuelto m?s evidente. La ex?gesis antigua, que evidentemente no pod?a tomar en consideraci?n las exigencias cient?ficas modernas, atribu?a a todo texto de la Escritura diferentes niveles de sentido. La distinci?n m?s corriente se establec?a entre el sentido literal y el sentido espiritual. La ex?gesis medieval distingu?a en el sentido espiritual tres aspectos diferentes, que se relacionan respectivamente, a la verdad revelada, a la conducta que se deb?a mantener, y al cumplimiento final. De all? el c?lebre d?stico de Agust?n de Dinamarca (siglo Xlll):

"Littera gesta docet, quid credas allegoria, moralis quid agas, quid speres anagogia".

En reacci?n contra esta multiplicidad de sentido, la ex?gesis hist?rico-cr?tica ha adoptado, m?s o menos abiertamente, la tesis de la unidad de sentido, seg?n la cual un texto no puede tener simult?neamente diferentes significados. Todo el esfuerzo de la ex?gesis hist?rico-cr?tica se dirige a definir "el" sentido, de tal o cual texto b?blico en las circunstancias de su producci?n.

Pero esta tesis choca ahora con las conclusiones de las ciencias del lenguaje y de las hermen?uticas filos?ficas, que afirman la polisemia de los textos escritos.

El problema no es simple, y no se presenta del mismo modo en todos los g?neros de texto: relatos hist?ricos, par?bolas, or?culos, leyes, proverbios, oraciones, himnos, etc. Se pueden dar sin embargo, algunos principios generales, teniendo en cuenta la diversidad de opiniones.

1. Sentido literal

Es no solamente leg?timo, sino indispensable, procurar definir el sentido preciso de los textos tal y como han sido producidos por sus autores; sentido llamado "literal". Ya Santo Tom?s de Aquino afirmaba su importancia fundamental (S.Th. I,q.1,a.10,ad 1).

El sentido literal no se debe confundir con el sentido "literalista" al cual se adhieren los fundamentalistas. No basta traducir un texto palabra por palabra para obtener su sentido literal. Es necesario comprenderlo seg?n las convenciones literarias de su tiempo. Cuando un texto es metaf?rico, su sentido literal no es el que resulta inmediatamente de una comprensi?n palabra por palabra (por ejemplo: "Tened ce?ida la cintura", Lc 12, 35) sino el que corresponde al empleo metaf?rico de los t?rminos ("tened una actitud de disponibilidad"). Cuando se trata de un relato, el sentido literal no comporta necesariamente la afirmaci?n de que los hechos narrados sa han producido efectivamente, ya que un relato puede no pertenecer al g?nero hist?rico, sino ser una obra de imaginaci?n.

El sentido literal de la Escritura es aqu?l que ha sido expresado directamente por los autores humanos inspirados. Siendo el fruto de la inspiraci?n, este sentido es tambi?n querido por Dios, autor principal. Se lo puede discernir gracias a un an?lisis preciso del texto, situado en su contexto literario e hist?rico. La tarea principal del ex?geta es llevar a buen t?rmino este an?lisis, utilizando todas las posibilidades de investigaci?n literaria e hist?rica, para definir el sentido literal de los textos b?blicos con la mayor exactitud posible (cf. Divino Afflante Sp?ritu, EB 550,). Con este fin, el estudio de los g?neros literarios antiguos es particularmente necesario (ibid. 560).

El sentido literal de un texto, ?es ?nico? En general s?, pero no se trata de un principio absoluto, y esto por dos razones. Por una parte, un autor humano puede querer referirse al mismo tiempo a varios niveles de realidad. El caso es corriente en poes?a. La inspiraci?n b?blica no desde?a esta posibilidad de la psicolog?a y del lenguaje humano. El Cuarto Evangelio ofrece numerosos ejemplos de esta situaci?n. Por otra parte, a?n cuando una expresi?n humana parece no tener m?s que un significado, la inspiraci?n divina puede guiar la expresi?n de modo de producir una ambivalencia. Tal es el caso de la palabra de Caif?s en Jn 11, 50. Ella expresa a la vez un c?lculo pol?tico inmoral y una revelaci?n divina. Estos dos aspectos pertenecen, uno y otro, al sentido literal, ya que ambos son puestos en evidencia por el contexto. Este caso es significativo, aunque sea extremo, y pone en guardia contra una concepci?n demasiado estrecha del sentido literal de los textos inspirados.

Conviene en particular estar atento al aspecto din?mico de muchos textos. El sentido de los salmos reales, por ejemplo, no deber?a estar limitado estrechamente a las circunstancias hist?ricas de su producci?n. Hablando del rey, el salmista evoca a la vez una instituci?n concreta, y una visi?n ideal de la realeza, conforme al designio de Dios, de modo que su texto sobrepasa la instituci?n mon?rquica tal como se hab?a manifestado en la historia. La ex?gesis hist?rico-cr?tica ha tenido, con demasiada frecuencia, la tendencia a limitar el sentido de los textos, relacion?ndolos exclusivamente con circunstancias hist?ricas precisas. Ella deber?a, m?s bien, procurar precisar la direcci?n de pensamiento expresada por el texto; direcci?n que, en lugar de invitar al ex?geta a detener el sentido, le sugiere, al contrario, percibir las extensiones m?s o menos previsibles.

Una corriente hermen?utica moderna ha subrayado la diferencia de situaci?n que afecta a la palabra humana puesta por escrito. Un texto escrito tiene la capacidad de ser situado en nuevas circunstancias, que lo iluminan de modo diferente, a?adiendo a su sentido determinaciones nuevas. Esta capacidad del texto escrito es especialmente efectiva en el caso de los textos b?blicos, reconocidos como Palabra de Dios. En efecto, lo que ha llevado a la comunidad creyente a conservarlos, es la convicci?n de que ellos contin?an siendo portadores de luz y de vida para las generaciones venideras. El sentido literal est?, desde el comienzo, abierto a desarrollos ulteriores, que se producen gracias a "relecturas" en contextos nuevos.

De aqu? no se sigue que se pueda atribuir a un texto b?blico cualquier sentido, interpret?ndolo de modo subjetivo. Es necesario, por el contrario, rechazar, como no aut?ntica, toda interpretaci?n heterog?nea al sentido expresado por los autores humanos en su texto escrito. Admitir sentidos heterog?neos equivaldr?a a cortar el mensaje b?blico de su ra?z, que es la Palabra de Dios comunicada hist?ricamente, y abrir la puerta a un subjetivismo incontrolable.

2. Sentido espiritual

Conviene, sin embargo, no tomar "heterog?neo" en un sentido estrecho, contrario a toda posibilidad de perfeccionamiento superior. El acontecimiento hist?rico radicalmente nuevo, que ilumina de modo nuevo los textos antiguos y les hace sufrir una mutaci?n de sentido. En particular, algunos textos que, en las circunstancias antiguas, deb?an ser considerados como hip?rboles (por "ejemplo, el or?culo donde Dios, hablando de un descendiente de David, promet?a afirmar "para siempre" su trono, 2 Sam 7, 12-13; 1 Cr 17, 11-14), deben ser tomados ahora a la letra, porque "el Cristo, habiendo resucitado de los muertos, no muere m?s" (Rm 6, 9). Los ex?getas que tienen una noci?n estrecha, "historicista", del sentido literal, considerar?n que hay aqu? heterogeneidad. Los que est?n abiertos al aspecto din?mico de los textos, reconocer?n una continuidad profunda, al mismo tiempo que un pasaje a un nivel diferente: el Cristo reina para siempre, pero no sobre el trono terrestre de David (cf. tambi?n Sl 2, 7-8; 110, 1.4).

En estos casos se habla a veces de "sentido espiritual". Como regla general, sesd puede definir el sentido espiritual, comprendido seg?n la fe cristiana, como el sentido expresado por los textos b?blicos, cuando se los lee bajo la influencia del Esp?ritu Santo en el contexto del misterio pascual de Cristo y de la vida nueva que proviene de ?l. Este contexto existe efectivamente. El Nuevo Testamento reconoce en ?l el cumplimiento de las Escrituras. Es, pues, normal releer las Escrituras a la luz de este nuevo contexto, que es el de la vida en el Esp?ritu.

De la definici?n dada se pueden deducir varias precisiones ?tiles sobre las relaciones entre sentido espiritual y sentido literal.

Contrariamente a una opini?n corriente, no hay una necesaria distinci?n entre ambos. Cuando un texto b?blico se refiere directamente al misterio pascual de Cristo o a la vida nueva que resulta de ?l, su sentido literal es un sentido espiritual. Este es el caso habitual en el Nuevo Testamento. Por eso es el Antiguo Testamento la parte de la Biblia a prop?sito de la cual la ex?gesis cristiana habla m?s frecuentemente de sentido espiritual. Pero ya en el Antiguo Testamento los textos tienen, en numerosos casos, un sentido religioso y espiritual como sentido literal. La fe cristiana reconoce en esos textos una relaci?n anticipada con la vida nueva tra?da por Cristo.

Cuando hay distinci?n, el sentido espiritual no puede jam?s estar privado de relaci?n con el sentido literal. ?ste contin?a siendo la base indispensable. De otro modo, no se podr?a hablar de "cumplimiento" de la Escritura. Para que haya "cumplimiento", es esencial una relaci?n de continuidad y de conformidad. Pero es necesario tambi?n que haya un pasaje a un nivel superior de realidad.

El sentido espiritual no se debe confundir con las interpretaciones subjetivas dictadas por la imaginaci?n o la especulaci?n intelectual. Aquel proviene de la relaci?n del texto con datos reales que no le son extra?os: el acontecimiento pascual y su inagotable fecundidad, que constituyen el punto m?s alto de la intervenci?n divina en la historia de Israel, para beneficio de la humanidad entera.

La lectura espiritual, hecha en comunidad o individualmente, no descubre un sentido espiritual aut?ntico si no se mantiene en esta perspectiva. Hay entonces una relaci?n de tres niveles de realidad: el texto b?blico, el misterio pascual y las circunstancias presentes de vida en el Esp?ritu.

Persuadidos de que el misterio de Cristo da la clave de interpretaci?n de todas las Escrituras, los ex?getas antiguos se esforzaban por encontrar un sentido espiritual en los menores detalles de los textos b?blicos -por ejemplo, en cada prescripci?n de las leyes rituales-, sirvi?ndose de m?todos rab?nicos o inspir?ndose en el alegorismo helen?stico. La ex?gesis moderna no puede considerar este tipo de intentos como interpretaci?n v?lida, no obstante cual haya podido ser en el pasado su utilidad pastoral (Divino Afflante Sp?ritu, EB 553).

Uno de los aspectos posibles del sentido espiritual es el tipol?gico, del cual se dice habitualmente que pertenece, no a la Escritura misma, sino a las realidades expresadas por la Escritura: Ad?n es figura de Cristo (cf. Rm 5.14), el diluvio figura del bautismo (1 Pe 3, 20-21), etc. De hecho, la relaci?n tipol?gica est? basada ordinariamente sobre el modo c?mo la Escritura describe la realidad antigua (p. ej. la voz de Abel: Gen 4, 10; Heb 11, 4; 12, 24), y no simplemente sobre esta realidad. En consecuencia, se trata propiamente, en tal caso, de un sentido de la Escritura.

3. Sentido pleno

La categor?a relativamente reciente de "sentido pleno" (sensus plenior) suscita discusiones. El sentido pleno se define como un sentido profundo del texto, querido por Dios, pero no claramente expresado por el autor humano. Se descubre la existencia de este sentido en un texto b?blico, cuando se lo estudia a la luz de otros textos b?blicos que lo utilizan, o en su relaci?n con el desarrollo interno de la revelaci?n.

Se trata, pues, del significado que un autor b?blico atribuye a un texto b?blico anterior, cuando lo vuelve a emplear en un contexto que le confiere un sentido literal nuevo; o bien de un significado, que una tradici?n doctrinal aut?ntica o una definici?n conciliar, da a un texto de la Biblia. Por ejemplo, el contexto de Mt 1, 23 da un sentido pleno al or?culo de Is 7,14 sobre la almah que concebir?, utilizando la traducci?n de los Setenta (parthenos): "La Virgen concebir?". La doctrina patr?stica y conciliar sobre la Trinidad expresa el sentido pleno de la ene?anza del Nuevo Testamento sobre Dios, Padre, Hijo y Esp?ritu. La definici?n de pecado original del Concilio de Trento proporciona el sentido pleno de la ense?anza de Pablo en Rm 5,12-21 a prop?sito de las consecuencias del pecado de Ad?n para la humanidad. Pero cuando falta un control de esta naturaleza, por un texto b?blico expl?cito o por una tradici?n doctrinal aut?ntica, el recurso a un pretendido sentido pleno podr?a conducir a interpretaciones desprovistas de toda validez.

En definitiva, se puede considerar el "sentido pleno" como otro modo de designar el sentido espiritual de un texto b?blico, en el caso en que el sentido espiritual se distingue del sentido literal. Su fundamento es que el Esp?ritu Santo, autor principal de la Biblia, puede guiar al autor humano en la elecci?n de sus expresiones de tal modo, que ellas expresen una verdad de la cual ?l no percibe toda su profundidad. ?sta es m?s completamente revelada en el curso del tiempo; por una parte, gracias a realizaciones divinas ulteriores que manifiestan mejor el alcance de los textos; y por otra, gracias a la inserci?n de los textos en el canon de las Escrituras. As? se constituye un nuevo contexto, que revela potencialidades de sentido que el contexto primitivo dejaba en la oscuridad.


III. Dimensiones Caracter?sticas de la Interpretaci?n Cat?lica

La ex?gesis cat?lica no procura distinguirse por un m?todo cient?fico particular. Ella reconoce que uno de los aspectos de los textos b?blicos es ser obra de autores humanos, que se han servido de sus propias capacidades de expresi?n y de medios que su tiempo y su medio social pon?an a disposici?n. En consecuencia, ella utiliza sin segundas intenciones, todos los m?todos y acercamientos cient?ficos que permiten captar mejor el sentido de los textos en su contexto ling??stico, literario, sociocultural, religioso e hist?rico, ilumin?ndolos tambi?n por el estudio de sus fuentes y teniendo en cuenta la personalidad de cada autor (cf. Divino Afflante Sp?ritu, EB 557). La ex?gesis cat?lica contribuye as? activamente al desarrollo de los m?todos y al progreso de la investigaci?n.

Lo que la caracteriza es que se sit?a conscientemente en la tradici?n viva de la Iglesia, cuya primera preocupaci?n es la fidelidad a la revelaci?n testimoniada por la Biblia. Las hermen?uticas modernas han puesto en evidencia, como hemos recordado, la imposibilidad de interpretar un texto sin partir de una "precomprensi?n" de uno u otro g?nero. El ex?geta cat?lico aborda los escritos b?blicos con una precomprensi?n, que une estrechamente la cultura moderna cient?fica y la tradici?n religiosa proveniente de Israel y de la comunidad cristiana primitiva. Su interpretaci?n se encuentra as? en continuidad con el dinamismo de interpretaci?n que se manifiesta en el interior mismo de la Biblia, y que se prolonga luego en la vida de la Iglesia. Ella corresponde a la exigencia de afinidad vital entre el int?rprete y su objeto, afinidad que constituye una de las condiciones de posibilidad de la empresa exeg?tica.

Toda precomprensi?n comporta sin embargo peligros. En el caso de la ex?gesis cat?lica, existe el riesgo de atribuir a los textos b?blicos un sentido que no expresan, sino que es el fruto de un desarrollo ulterior de la tradici?n. El ex?geta debe prevenir este riesgo.

A. La interpretaci?n en la Tradici?n b?blica

Los textos de la Biblia son la expresi?n de tradiciones religiosas que exist?an antes de ellos. El modo como se relacionan con las tradiciones es diferente en cada caso, ya que la creatividad de los autores se manifiesta en diversos grados. En el curso del tiempo, m?ltiples tradiciones han confluido poco a poco para formar una gran tradici?n com?n. La Biblia es una manifestaci?n privilegiada de este proceso que ella ha contribuido a realizar y del cual continua siendo norma reguladora.

"La interpretaci?n en la Tradici?n b?blica" comporta una gran variedad de aspectos. Se puede entender como el modo con el cual la Biblia interpreta las experiencias humanas fundamentales o los acontecimientos particulares de la historia de Israel, o como el modo en el cual los textos b?blicos utilizan las fuentes, escritas u orales -de las cuales algunas pueden provenir de otras religiones o culturas-, reinterpret?ndolas. Siendo nuestro tema la interpretaci?n de la Biblia, no queremos tratar aqu? estas amplias cuestiones, sino simplemente proponer algunas observaciones sobre la interpretaci?n de los textos b?blicos en el interior de la Biblia misma.

1. Relecturas

Lo que contribuye a dar a la Biblia su unidad interna, ?nica en su g?nero, es que los escritos b?blicos posteriores se apoyan con frecuencia sobre los escritos anteriores. Aluden a ellos, proponen "relecturas" que desarrollan nuevos aspectos del sentido, a veces muy diferentes del sentido primitivo, o inclusive se refieren a ellos expl?citamente, sea para profundizar el significado, sea para afirmar su realizaci?n.

As?, la herencia de una tierra, prometida por Dios a Abrah?n para su descendencia (Gn 15, 7.18), se convierte en la entrada en el santuario de Dios (Ex 15,17), en una participaci?n en el reposo de Dios (Sl 132, 7-8), reservada a los verdaderos creyentes (Sl 95, 8-11; He 3, 7-4,11), y, finalmente en la entrada en el santuario celestial (Heb 6, 12. 18-20), "herencia eterna" (Heb 9,15).

El or?culo de Nat?n, que promete a David una "casa", es decir, una sucesi?n din?stica "estable para siempre" (2 Sam 7, 12-16), es recordado en numerosas oportunidades (2 Sam 23,5; 1; Re 2,4; 3, 6; 1 Cr 17, 11-14), especialmente en el tiempo de la angustia (Sl 89, 20-38), no sin variaciones significativas, y es prolongada por otros or?culos (Sl 2, 7-9; 110,1-4; Am 9, 11; Is 7, 13-14; Jr 23, 5-6; etc.), de los cuales algunos anuncian el retorno del reino de David mismo (Os 3,5; Jr 30,8; Ez 34, 24; 24-25; cf. Mc 11,10). El reino prometido se vuelve as? universal (Sl 2,8; Dn 2, 35.44; 7,14; cf. Mt 28,18). El realiza en plenitud la vocaci?n del hombre (Gn 1,28: SI 8, 6-9; Sb 9, 2-3; 10,2).

El or?culo de Jerem?as sobre los 70 a?os de castigo merecidos por Jerusal?n y Jud? (Jr 25, 11-12; 29,10) es recordado en 2 Cr 25, 20-23, donde se constata la realizaci?n, pero es meditado de un modo nuevo, mucho despu?s, por el autor de Daniel, en la convicci?n de que esta Palabra de Dios contiene a?n un sentido oculto, que debe irradiar su luz sobre la situaci?n presente (Dn 9, 24-27).

La afirmaci?n fundamental de la justicia retributiva de Dios, que recompensa a los buenos y castiga a los malvados (Sl 1,1-6; 112, 1-10; Lv 26, 3-33; etc.), choca con la experiencia inmediata, que frecuentemente no corresponde a aqu?lla. La Escritura expresa entonces con vigor el desacuerdo y la protesta (Sl 44; Job 10, 1-7; 13, 3-28; 23-24) y profundiza progresivamente el misterio (Sl 37; Job 38-42; Is 53; Sb 3-5).

2. Relaciones entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento

Las relaciones intertextuales toman una extrema densidad en los escritos del Nuevo Testamento, todos ellos tapizados de alusiones al Antiguo Testamento y de citas expl?citas. Los autores del Nuevo Testamento reconocen al Antiguo Testamento valor de revelaci?n divina. Proclaman que la revelaci?n ha encontrado su cumplimiento en la vida, la ense?anza y sobre todo la muerte y resurrecci?n de Jes?s, fuente de perd?n y vida eterna. "Cristo muri? por nuestros pecados seg?n las Escrituras y fue sepultado; resucit? al tercer d?a seg?n las Escrituras y se apareci?..." (1 Cor 15, 35). Este es el n?cleo central de la predicaci?n apost?lica (1 Cor 15,11).

Como siempre, entre las Escrituras y los acontecimientos que las llevan a cumplimiento, las relaciones no son de simple correspondencia material, sino de iluminaci?n rec?proca y de progreso dial?ctico: se constata a la vez, que las Escrituras revelan el sentido de los acontecimientos y que los acontecimientos revelan el sentido de las Escrituras, es decir, que obligan a renunciar a ciertos aspectos de la interpretaci?n recibida, para adoptar una interpretaci?n nueva.

Desde el tiempo de su actividad p?blica, Jes?s hab?a tomado una posici?n personal original, diferente de la interpretaci?n tradicional de su tiempo, la "de los escribas y fariseos" (Mt 5, 20). Numerosos son los testimonios: las ant?tesis del Serm?n de la monta?a (Mt 5, 21-48), la libertad soberana de Jes?s en la observancia del s?bado (Mc 2, 27-28 y par.), su modo de relativizar los preceptos de pureza ritual (Mc 7, 1-23 y par.), su exigencia radical, al contrario en otros campos (Mt 10, 2-12 y par.; 10, 17-27 y par.) y sobre todo su actitud de acogida hacia los "publicanos y pecadores" (Mc 2, 15-17 y par.). Esto no era un capricho contestatario sino, al contrario, fidelidad profunda a la voluntad de Dios expresada en la Escritura (cf. Mt 5, 17;9,13; Mc 7,8-13 y par.; 10, 5-9 y par).

La muerte y la resurrecci?n de Jes?s han llevado al extremo la evoluci?n comenzada, provocando, en algunos puntos, una ruptura completa, al mismo tiempo que una apertura inesperada. La muerte del Mes?as, "rey de los jud?os" (Mc 15, 26 y par.), ha provocado una transformaci?n de la interpretaci?n hist?rica de los salmos reales y de los or?culos mesi?nicos. Su resurrecci?n y glorificaci?n celestial como hijo de Dios han dado a esos mismos textos una plenitud de sentido, antes inconcebible. Expresiones que parec?an hiperb?licas deben, a partir de ese momento, ser tomados literalmente. Ellas aparecen como preparadas por Dios para expresar la gloria de Cristo Jes?s, ya que Jes?s es verdaderamente "Se?or" (Sl 110,1) en el sentido m?s fuerte del t?rmino (He 2,36; Flp 2,10-11; Heb 1,10-12). El es el Hijo de Dios (Sl 2,7; Mc 14, 62; Rm 1, 3-4), Dios con Dios (Sl 45, 7; Heb 1, 8; Jn 1,1; 20, 28). "Su reino no tendr? fin" (Lc 1, 32-33; cf. 1 Cr 17,11-14; Sl 45, 7; Heb 1, 8), y ?l es al mismo tiempo "sacerdote eterno" (Sl 110,4; Heb 5,6-10; 7, 23-24).

A la luz del acontecimiento de la Pascua, los autores del Nuevo Testamento han rele?do el Antiguo Testamento. El Esp?ritu Santo enviado por el Cristo glorificado (cf. Jn 15, 26; 16,7) les ha hecho descubrir el sentido espiritual. Han sido as? llevados a afirmar, m?s que nunca, el valor prof?tico del Antiguo Testamento; pero, por otra parte, a relativizar fuertemente su valor como instituci?n salv?fica. Este segundo punto de vista, que aparece ya en los evangelios (cf. Mt 11,11-13 y par.; 12, 41-42 y par; Jn 4,12-14; 5, 37; 6, 32), se manifiesta con todo su vigor en algunas cartas paulinas, as? como en la carta a los Hebreos. Pablo y el autor de la Carta a los Hebreos demuestran que la Torah, como revelaci?n, anuncia ella misma su propio fin como sistema legislativo (Ga 2, 15 - 5, 1; Rm 3, 20-21, 6, 14; Heb 7, 11-19; 10, 8-9). Por ello los paganos que se adhieren a la fe en Cristo no deben ser sometidos a todos los preceptos de la legislaci?n b?blica, reducida ahora, como conjunto, a la instituci?n legal de un pueblo particular. Pero ellos deben, s?, nutrirse del Antiguo Testamento como Palabra de Dios, que les permite descubrir mejor todas las dimensiones del misterio pascual del cual viven (cf. Lc 24 25-27.44-45; Rm 1, 1-2).

Las relaciones entre el Nuevo y el Antiguo Testamento en la Biblia cristiana no son, pues, simples. Cuando se trata de utilizar textos particulares, los autores del Nuevo Testamento han recurrido naturalmente a los conocimientos y procedimientos de interpretaci?n de su ?poca. Seria un anacronismo exigir de ellos que estuvieran conformes a los m?todos cient?ficos modernos. El ex?geta debe m?s bien adquirir el conocimiento de los procedimientos antiguos, para poder interpretar correctamente el uso que se hace de ellos. Es verdad, por otra parte, que no se puede otorgar un valor absoluto a lo que es conocimiento humano limitado.

Conviene finalmente a?adir que en el Nuevo Testamento, como ya en el Antiguo Testamento, se observa la yuxtaposici?n de perspectivas diferentes, a veces en tensi?n unas con otras; por ejemplo sobre la situaci?n de Jes?s (Jn 8, 29; 16, 32 y Mc 15, 34), o sobre el valor de la Ley mosaica (Mt 5, 17-19 y Rm 6,14), o sobre la necesidad de las obras para al justificaci?n (Sant 2, 24 y Rm 3, 28; Ef 2, 8-9). Una de las caracter?sticas de la Biblia es precisamente la ausencia de un sistema, y por el contrario, la presencia de tensiones din?micas. La Biblia ha acogido varios modos de interpretar los mismos acontecimientos o de pensar los mismos problemas. Ella invita as? a rechazar el simplismo y la estrechez de esp?ritu .

3. Algunas conclusiones

De cuanto se acaba de decir, se puede concluir que la Biblia contiene numerosas indicaciones y sugerencias sobre el arte de interpretarla. La Biblia es, ella misma, desde los comienzos, interpretaci?n. Sus textos han sido reconocidos por las comunidades de la Antigua Alianza y del tiempo apost?lico como expresiones v?lidas de su fe. Seg?n la interpretaci?n de las comunidades y en uni?n con ellas, han sido reconocidos como Sagrada Escritura (as?, p. ej., el Cantar de los Cantares ha sido reconocido como Sagrada Escritura en cuanto se aplica a la relaci?n entre Dios e Israel). En el curso de la formaci?n de la Biblia, los Escritos que la componen han sido, en numerosos casos, reelaborados y reinterpretados para responder a situaciones nuevas, antes desconocidas.

El modo de interpretar los textos, que se manifiesta en las Sagradas Escrituras sugiere las siguientes observaciones:

Puesto que la Sagrada Escritura se ha constituido sobre la base del consenso de las comunidades creyentes, que han a reconocido en su texto la expresi?n de la fe revelada, su interpretaci?n misma debe ser, para la fe viviente de las comunidades eclesiales, fuente de consenso sobre los puntos esenciales.

Puesto que la expresi?n de la fe, tal como se encuentra en la Sagrada Escritura reconocida por todos, se ha renovado continuamente para enfrentar situaciones nuevas -lo cual explica las "relecturas" de numerosos textos b?blicos-, la interpretaci?n de la Biblia debe tener igualmente un aspecto de creatividad y afrontar las cuestiones nuevas para responder a ellas a partir de la Biblia.

Puesto que los textos de la Sagrada Escritura tienen a veces tensiones entre ellos, la interpretaci?n debe necesariamente ser plural. Ninguna interpretaci?n particular puede agotar el sentido del conjunto, que es una sinfon?a a varias voces. La interpretaci?n de un texto particular debe, pues, evitar la exclusividad.

La Sagrada Escritura est? en di?logo con las comunidades creyentes, porque ha surgido de sus tradiciones de fe. Sus textos se han desarrollado en relaci?n con estas tradiciones y han contribuido, rec?procamente, a su desarrollo. La interpretaci?n de la Escritura se debe hacer, pues, en el seno de la Iglesia en su pluralidad y su unidad, y en la tradici?n de fe.

Las tradiciones de fe forman el medio vital en el cual sa ha insertado la actividad literaria de los autores de la Sagrada Escritura. Esta inserci?n comprend?a tambi?n la participaci?n en la vida lit?rgica y en la actividad exterior de las comunidades, en su mundo espiritual, su cultura, y en las peripecias de su destino hist?rico. La interpretaci?n de la Sagrada Escritura exige, pues, de manera semejante, la participaci?n de los ex?getas en toda la vida y la fe de la comunidad creyente de su tiempo.

El di?logo de la Sagrada Escritura en su conjunto, y por tanto con la comprensi?n de la fe propia de ?pocas anteriores, se acompa?a necesariamente con un di?logo con la generaci?n presente. Esto implica establecer una relaci?n de continuidad, pero tambi?n constatar las diferencias. La interpretaci?n de la Escritura comporta, por tanto, un trabajo de verificaci?n y de selecci?n: est? en continuidad con las tradiciones exeg?ticas anteriores, de las cuales conserva y vuelve a emplear muchos elementos, pero sobre otros puntos se distancia de ellas, para poder progresar.

B. La interpretaci?n en la tradici?n de la Iglesia

La Iglesia, pueblo de Dios, tiene conciencia de ser ayudada por el Esp?ritu Santo en su comprensi?n e interpretaci?n de las Escrituras. Los primeros disc?pulos de Jes?s sab?an que que no estaban en grado de comprender inmediatamente, en todos sus aspectos, la plenitud que hab?an recibido. Experimentaban, en su vida de comunidad vivida con persverancia, una profundizaci?n y una explicitaci?n progresiva de la revelaci?n recibida. Reconoc?an en esto la influencia y la acci?n del "Esp?ritu de Verdad" que el Cristo les hab?a prometido para guiarlos hacia la plenitud de la verdad (Jn 16,12-13). La Iglesia contin?a su camino del mismo modo, sostenida por la promesa de Cristo: "El Par?clito, el Esp?ritu Santo que el Padre enviar? en mi nombre, os ense?ar? todas las cosas y os har? recordar todo lo que yo os hab?a dicho" (Jn 14, 26).

1. Formaci?n del Canon

Guiada por el Esp?ritu Santo y a la luz de la Tradici?n viviente que ha recibido, la iglesia seleccion? los escritos que deb?an ser conservados como Sagrada Escritura porque "habiendo sido escritos bajo la inspiraci?n del Esp?ritu Santo, tienen a Dios por autor, han sido transmitidos como tales a la Iglesia" (Dei Verbum, 11) y contienen "la verdad que Dios ha querido consignar en las Sagradas Letras para nuestra salvaci?n" (ibid.).

El discernimiento del "canon" de la Sagrada Escritura ha sido el punto de llegada de un largo proceso. Las comunidades de la Antigua Alianza (a partir de grupos particulares como los c?rculos prof?ticos o el ambiente sacerdotal, hasta el conjunto del pueblo) reconocieron, en un cierto n?mero de textos, la Palabra de Dios que suscitaba su fe y los guiaba en la vida. Ellas recibieron esos textos como un patrimonio que deb?a ser conservado y transmitido. As?, los textos dejaron de ser simplemente la expresi?n de la inspiraci?n de autores particulares; se convirtieron en propiedad com?n del pueblo de Dios. El Nuevo Testamento testimonia su veneraci?n por esos textos sagrados, que ?l recibe como una preciosa herencia transmitida por el pueblo jud?o. Los considera "Sagradas Escrituras" (Rm 1,2), "inspiradas" por el Esp?ritu de Dios (2 Tim 3, 16; cf. 2 Pe 1, 20-21), que "no pueden ser abolidas" (Jn 10,35).

A estos textos que forman "el Antiguo Testamento" (cf. 2 Cor 3,14), la Iglesia ha unido estrechamente los escritos donde ella ha reconocido, por una parte, el testimonio aut?ntico, proveniente de los ap?stoles (cf. Lc 1, 2; 1 Jn 1, 1-3) y garantizados por el Esp?ritu Santo (cf. 1 Pe 1, 12), sobre "todo lo que Jes?s hizo y ense??" (He 1,1) y, por otra parte, las instrucciones dadas por los mismos ap?stoles y por otros disc?pulos para constituir la comunidad de los creyentes. Esta doble serie de escritos ha recibido, seguidamente, el nombre de "Nuevo Testamento".

Numerosos factores jugaron un papel en este proceso: la certeza de que Jes?s -y los ap?stoles con ?l- hab?an reconocido el Antiguo Testamento como Escritura inspirada, y de que el misterio pascual constitu?a su cumplimiento; la convicci?n de que los escritos del Nuevo Testamento provienen aut?nticamente de la predicaci?n apost?lica (lo cual no implica que hayan sido todos ellos compuestos por los ap?stoles mismos); la constataci?n de su conformidad con la regla de fe, y de su uso en la liturgia cristiana; en fin, la de su acuerdo con la vida eclesial de las comunidades y de su capacidad de nutrir esa vida.

Discerniendo el canon de las Escrituras, la Iglesia discern?a tambi?n y defin?a su propia identidad, de modo que las Escrituras son, a partir de ese momento, un espejo en el cual la Iglesia puede redescubrir constantemente su identidad, y verificar, siglo tras siglo, el modo como ella responde sin cesar al evangelio, del cual se dispone a ser el medio de transmisi?n (Dei Verbum, 7). Esto confiere a los escritos can?nicos un valor salv?fico y teol?gico completamente diferente del de otros textos antiguos. Si ?stos ?ltimos pueden arrojar mucha luz sobre los or?genes de la fe, no pueden nunca sustituir la autoridad de los escritos considerados como can?nicos, y por tanto fundamentales para la comprensi?n de la fe cristiana.

2. Ex?gesis patr?stica

Desde los primeros tiempos, se ha comprendido que el mismo Esp?ritu Santo, que impuls? a los autores del Nuevo Testamento a poner por escrito el mensaje de salvaci?n (Dei Verbum, 7; 18), asiste a la Iglesia continuamente para interpretar los escritos inspirados (cf. Ireneo, Adv Haer., 3.24.; 4.33.8; Or?genes, De Princ., 2.7.2; Tertuliano, De Praescr., 22).

Los Padres de la Iglesia, que tienen un papel particular en el proceso de formaci?n del canon, tienen, de modo semejante, un papel fundador en relaci?n con la tradici?n viva, que sin cesar acompa?a y gu?a la lectura y la interpretaci?n que la Iglesia hace de las Escrituras (cf. Providentissimus, EB 110-111; Divino Afflante Sp?ritu, 28-30, EB 554; Dei Verbum, 23; PCB, Instr. de Evang. Histor., 1). En el curso de la gran Tradici?n, la contribuci?n particular de la ex?gesis patr?stica consiste en esto: ella ha sacado del conjunto de la Escritura las orientaciones de base que han dado forma a la tradici?n doctrinal de la Iglesia, y ha proporcionado una rica ense?anza teol?gica para la instrucci?n y la alimentaci?n espiritual de los fieles.

En los Padres de la Iglesia, la lectura de la Escritura y su interpretaci?n ocupan un lugar considerable. Lo testimonian primeramente las obras directamente ligadas a la comprensi?n de las Escrituras, es decir, las homil?as y los comentarios, pero tambi?n las obras de controversia y teolog?a, donde la referencia a la Escritura sirve como argumento principal.

El lugar habitual de la lectura b?blica es la Iglesia, durante la liturgia. Por eso, la interpretaci?n propuesta es siempre de naturaleza teol?gica, pastoral y teologal, al servicio de las comunidades y de cada uno de los fieles.

Los Padres consideran la Biblia ante todo como el Libro de Dios, obra ?nica y de un ?nico autor. No reducen, sin embargo, a los autores humanos a meros instrumentos pasivos y saben asignar a tal o cual libro, tomado individualmente, una finalidad particular. Pero su tipo de acercamiento no concede sino ligera atenci?n al desarrollo hist?rico de la revelaci?n. Numerosos Padres de la Iglesia presentan el Logos, Verbo de Dios, como autor del Antiguo Testamento y afirman as? que toda la Escritura tiene un alcance cristol?gico.

Salvo algunos ex?getas de la Escuela Antioquena (Teodoro de Mopsuestia en particular), los Padres se sienten autorizados a tomar una frase fuera de su contexto para reconocer all? una verdad revelada por Dios. En la apolog?tica, frente a los jud?os, o en la controversia dogm?tica con otras teolog?as, no dudan en apoyarse sobre interpretaciones de este tipo.

Preocupados sobre todo por vivir de la Biblia en comuni?n con sus hermanos, los Padres se contentan frecuentemente con utilizar los textos b?blicos corrientes en su ambiente. Or?genes se interesa met?dicamente por la Biblia hebrea, sobre todo animado por la preocupaci?n de argumentar frente a los jud?os a partir de textos aceptables para ellos. S. Jer?nimo resulta una excepci?n cuando exalta la hebraica veritas.

Los Padres practican de modo m?s o menos frecuente el m?todo aleg?rico para disipar el esc?ndalo que podr?an sentir algunos cristianos y los adversarios paganos del cristianismo, frente a tal o cual pasaje de la Biblia. Pero la literalidad y la historicidad de los textos son raramente anuladas. El recurso de los Padres a la alegor?a supera generalmente el fen?meno de una adapataci?n al m?todo aleg?rico de los autores paganos.

El recurso a la alegor?a deriva tambi?n de la convicci?n de que la Biblia, libro de Dios, ha sido dado por ?l a su pueblo, la Iglesia. En principio nada se debe dejar de lado, como fuera de uso o definitivamente caduco. Dios dirige a su pueblo cristiano un mensaje siempre actual. En sus explicaciones de la Biblia, los Padres mezclan y entrecruzan las interpretaciones tipol?gicas y aleg?ricas de un modo dif?cilmente discernible, siempre con una finalidad pastoral y pedag?gica. Cuanto ha sido escrito, lo ha sido para nuestra instrucci?n (cf. 1 Cor 10,11).

Persuadidos de que se trata del Libro de Dios, el cual es, por tanto, inagotable, los Padres creen poder interpretar tal pasaje seg?n tal esquema aleg?rico, pero consideran que cada uno queda libre de proponer otra cosa, mientras respete la analog?a de la fe.

La interpretaci?n aleg?rica de las Escrituras que caracteriza la ex?gesis patr?stica, puede desorientar al hombre moderno. Pero la experiencia de Iglesia que refleja esta ex?gesis, ofrece una contribuci?n siempre ?til (cf. Divino Afflante Spiritu, 31-32; Dei Verbum, 23). Los Padres ense?an a leer teol?gicamente la Biblia en el seno de una tradici?n viva, con un aut?ntico esp?ritu cristiano.

3. Papel de los diferentes miembros de la Iglesia en la interpretaci?n

Las Escrituras dadas a la Iglesia son el tesoro com?n del cuerpo completo de los creyentes: "La Sagrada Tradici?n y la Sagrada Escritura constituyen un solo dep?sito sagrado de la Palabra de Dios, encomendado a la Iglesia, al que se adhiere todo el pueblo santo unido a sus pastores, y as? persevera constantemente en la doctrina de los ap?stoles..." (Dei Verbum, 10; cf. tambi?n 21). La familiaridad de los fieles con el texto de las Escrituras ha sido m?s notable en unas ?pocas de la historia de la Iglesia que en otras. Pero las Escrituras han ocupado una posici?n de primer plano en todos los momentos importantes de renovaci?n en la vida de la Iglesia, desde el movimiento mon?stico de los primeros siglos hasta la ?poca reciente del Concilio Vaticano II.

Este mismo Concilio ense?a que todos los bautizados, cuando participan, en la fe de Cristo, en la celebraci?n de la Eucarist?a, reconocen la presencia de Cristo tambi?n en su palabra, "pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es El quien habla" (Sacrosantum Concilium, 7). A este escuchar la Palabra, ellos aportan "el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo. (...) con ese sentido de la fe, que el Esp?ritu de verdad suscita y sostiene, el pueblo de Dios, bajo la direcci?n del sagrado magisterio, al que sigue fielmente, recibe, no ya la palabra de los hombres, sino la verdadera Palabra de Dios (cf. 1 Te 2,13); se adhiere indefectiblemente a la fe dada de una vez para siempre a los santos (cf. Jds. 3), penetra m?s profundamente en ella con rectitud de juicio y la aplica con mayor plenitud en la vida" (Lumen Gentium, 12).

As? pues, todos los miembros de la Iglesia tienen un papel en la interpretaci?n de las Escrituras. En el ejercicio de su ministerio pastoral, los obispos, en cuanto sucesores de los ap?stoles, son los primeros testigos y garantes de la tradici?n viva en la cual las Escrituras son interpretadas en cada ?poca. "Iluminados por el Esp?ritu de verdad, deben conservar fielmente la Palabra de Dios, explicarla y difundirla por su predicaci?n" (Dei Verbum, 9; cf. Lumen Gentium, 25). Como colaboradores de los obispos, los sacerdotes tienen como primera obligaci?n la proclamaci?n de la Palabra (Presbyterorum Ordinis, 4). Est?n dotados de un carisma particular para la interpretaci?n de la Escritura, cuando transmitiendo, no sus ideas personales, sino la Palabra de Dios, aplican la verdad eterna del evangelio a las circunstancias concretas de la vida (ibid). Corresponde a los sacerdotes y a los di?conos, sobre todo cuando administran los sacramentos, poner de relieve la unidad que forman Palabra y Sacramento en el ministerio de la Iglesia.

Como presidentes de la comunidad eucar?stica y educadores de la fe, los ministros de la Palabra tienen como tarea principal, no simplemente ense?ar, sino ayudar a los fieles a comprender y discernir lo que la Palabra de Dios les dice al coraz?n cuando escuchan y meditan las Escrituras. As?, el conjunto de la iglesia local, seg?n el modelo de Israel, pueblo de Dios (Ex 9, 5-6), se convierte en una comunidad que sabe que Dios le habla (cf. Jn 6, 45), y se apresura a escuchar la Palabra con fe, amor y docilidad (Dt 6, 4-6). Tales comunidades, que escuchan verdaderamente, se convierten en vigorosos n?cleos de evangelizaci?n y di?logo, as? como de transformaci?n social, a condici?n de estar siempre unidos en la fe y en el amor de la totalidad de la Iglesia (Evangelii Nuntiandi, 57-58; CDF, Instrucci?n sobre la libertad cristiana y la liberaci?n, 69-70).

El Esp?ritu tambi?n ha sido dado, ciertamente, a los cristianos individualmente, de modo que puedan arder sus corazones (cf. Lc 24,32), cuando oran y estudian las Escrituras, en el contexto de su vida personal. Por ello, el Concilio Vaticano II ha pedido con insistencia que el acceso a las Escrituras sea facilitado de todos los modos posibles (Dei Verbum, 22; 25). Este tipo de lectura, hay que notarlo, no es nunca completamente privado, ya que el creyente lee e interpreta siempre la Escritura en la fe de la Iglesia y aporta a la comunidad el fruto de su lectura, para enriquecer la fe com?n.

Toda la tradici?n b?blica, y de un modo m?s particular, la ense?anza de Jes?s en los evangelios, indican como oyentes privilegiados de la Palabra de Dios a aqu?llos que el mundo considera como gente de humilde condici?n. Jes?s ha reconocido que las cosas ocultas a los sabios y prudentes han sido reveladas a los simples (Mt 11, 25; Lc 10,21) y que el Reino de Dios pertenece a aqu?llos que se asemejan a los ni?os (Mc 10,4 y par.).

En la misma l?nea, Jes?s ha proclamado: "Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios" (Lc 6,20; cf. Mt 5, 3). Entre los signos de los tiempos mesi?nicos se encuentra la proclamaci?n de la buena noticia a los pobres (Lc 4, 18; 7, 22; Mt 11, 5; cf. CDF, Instrucci?n sobre la libertad cristiana y la liberaci?n, 47-48). Aqu?llos que, en su desamparo y privaci?n de recursos humanos, son llevados a poner su ?nica esperanza en Dios y su justicia, tienen una capacidad de escuchar y de interpretar la Palabra de Dios, que debe ser tomada en cuenta por el conjunto de la Iglesia y exige tambi?n una respuesta a nivel social.

Reconociendo la diversidad de dones y de funciones que el Esp?ritu pone al servicio de la comunidad, en particular el don de ense?ar (1 Cor 12, 28-30; Rm 12, 6-7, Ef 4, 11-16), la Iglesia estima a aqu?llos que manifiestan una capacidad particular de contribuir a la construcci?n del cuerpo de Cristo, por su competencia en la interpretaci?n de la Escritura (Divino Afflante Sp?ritu, 46-48; EB 564-565; Dei Verbum, 23 PCB, Instrucci?n sobre la historicidad de los evangelios, Intr.). Aunque sus trabajos no siempre hayan obtenido el apoyo que se les da hoy, los ex?getas que ponen su saber al servicio de la Iglesia, se encuentran situados en una rica tradici?n que se extiende desde los primeros siglos, con Or?genes y Jer?nimo, hasta los tiempos m?s recientes, con el P. Lagrange y otros, y se prolonga hasta nuestros d?as. En particular, la b?squeda del sentido literal de la Escritura, sobre el cual se insiste tanto hoy, requiere los esfuerzos conjugados de aqu?llos que tienen competencias en lenguas antiguas, en historia y cultura, cr?tica textual y an?lisis de formas literarias, y que saben utilizar los m?todos de la cr?tica cient?fica. Adem?s de esta atenci?n al texto en su contexto hist?rico original, la Iglesia cuenta con ex?getas, animados por el mismo Esp?ritu que ha inspirado la Escritura, para asegurar que un n?mero tan grande como sea posible de servidores de la Palabra de Dios, est? en grado de procurar efectivamente al pueblo de Dios el alimento de las Escrituras" (Divino Afflante Sp?ritu. 24; 53-55; EB 551, 567; Dei Verbum, 23; Pablo Vl, Sedula Cura [1971]). Es motivo de satisfacci?n ver el n?mero creciente de mujeres ex?getas, que contribuyen a la interpretaci?n de la Escritura, con puntos de vista penetrantes y nuevos, y ponen de relieve aspectos que hab?an ca?do en el olvido.

Si las Escrituras, como se ha recordado antes, son el bien de la Iglesia entera, y forman parte de la "herencia de la fe", que todos, pastores y fieles "conservan, profesan y ponen en pr?ctica con un esfuerzo com?n", contin?a siendo verdad que "la funci?n de interpretar aut?nticamente la Palabra de Dios, transmitida por la Escritura o por la Tradici?n, s?lo ha sido confiada al Magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en nombre de Jesucristo" (Dei Verbum, 10). As? pues, en ?ltimo t?rmino, es el Magisterio quien tiene la misi?n de garantizar la aut?ntica interpretaci?n, y de indicar, cuando sea necesario, que tal o cual interpretaci?n particular es incompatible con el evangelio aut?ntico. Esta misi?n se ejerce en el interior de la koinonia del Cuerpo, expresando oficialmente la fe de la Iglesia para servir a la Iglesia. El Magisterio consulta para ello los te?logos, los ex?getas y otros expertos, de los cuales reconoce la leg?tima libertad y con quienes queda ligado por una rec?proca relaci?n en la finalidad de "conservar al pueblo de Dios en la verdad que hace libres" (CDF, Instrucci?n sobre la vocaci?n eclesial del te?logo, 21).

C. La tarea del ex?geta

La tarea de los ex?getas cat?licos comporta varios aspectos. Es una tarea de Iglesia, que consiste en estudiar y explicar la Sagrada Escritura para poner sus riquezas a la disposici?n de pastores y fieles. Pero es al mismo tiempo una tarea cient?fica, que pone al ex?geta cat?lico en relaci?n con sus colegas no cat?licos y con diversos sectores de la investigaci?n cient?fica. Esta tarea comprende a la vez el trabajo de investigaci?n y el de ense?anza. Uno y otro desembocan habitualmente en publicaciones.

1. Orientaciones principales

Aplic?ndose a su tarea, los ex?getas cat?licos deben considerar seriamente el car?cter hist?rico de la revelaci?n b?blica, ya que ambos Testamentos expresan en palabras humanas, que llevan la marca de su tiempo, la revelaci?n hist?rica que Dios ha hecho, por diferentes medios, de s? mismo y de su designio de salvaci?n. En consecuencia, los ex?getas deben servirse del m?todo hist?rico-cr?tico, sin atribuirle, sin embargo, la exclusividad. Todos los m?todos pertinentes de interpretaci?n de los textos est?n capacitados para contribuir a la ex?gesis de la Biblia.

En su trabajo, los ex?getas cat?licos no deben jam?s olvidar que ellos interpretan la Palabra de Dios. Su tarea com?n no est? terminada cuando han distinguido fuentes, definido las formas o explicado los procedimientos literarios, sino solamente cuando han iluminado el sentido del texto b?blico como actual Palabra de Dios. Para alcanzar esta finalidad, deben tomar en consideraci?n las diversas perspectivas hermen?uticas que ayudan a percibir la actualidad del mensaje b?blico y le permiten responder a las necesidades de los lectores modernos de la Escrituras.

Los ex?getas tienen que explicar tambi?n el alcance cristol?gico, can?nico y eclesial de los escritos b?blicos.

El alcance cristol?gico de los textos b?blicos no es siempre evidente; se debe sacar a la luz cada vez que es posible. Aunque Cristo haya establecido la Nueva Alianza en su sangre, los libros de la Primera Alianza no han perdido su valor. Asumidos en la proclamaci?n del evangelio, adquieren y manifiestan su plena significaci?n en el "misterio de Cristo" (Ef 3, 4), del cual aclaran los m?ltiples aspectos, al mismo tiempo que son iluminados por ?l. Estos libros, en efecto, preparan al pueblo de Dios a su venida (cf. Dei Verbum, 14-16).

Aunque cada libro de la Biblia haya sido escrito con una finalidad diferente y tenga su significado espec?fico, todos son portadores de un sentido ulterior cuando se vuelven parte del conjunto can?nico. La tarea de los ex?getas incluye, pues, la explicaci?n de la afirmaci?n agustiniana: "Novum Testamentum in Vetere lateter, et in Novo Vetus patet" (cf. S. Agust?n, Quest. in Hept., 2, 73, CSEL, 28, lll, 3, p. 141).

Los ex?getas deben tambi?n explicar la relaci?n que existe entre la Biblia y la Iglesia. La Biblia ha llegado a la existencia en las comunidades creyentes. Ella expresa la fe de Israel; luego, la de las primeras comunidades cristianas. Unida a la Tradici?n viva, que la precede, la acompa?a y la nutre (cf. Dei Verbum, 21) es el medio privilegiado del cual Dios se sirve para guiar, a?n hoy, la construcci?n y el crecimiento de la Iglesia, en cuanto pueblo de Dios. La apertura ecum?nica es inseparable de la dimensi?n eclesial.

Puesto que la Biblia expresa la salvaci?n ofrecida por Dios a todos los hombres, la tarea de los ex?getas cat?licos comporta una dimensi?n universal, que requiere una atenci?n a las otras religiones y a las expectativas del mundo actual.

2. Investigaci?n

La tarea exeg?tica es demasiado vasta como para poder ser realizada adecuadamente por un solo individuo. Se impone una divisi?n del trabajo, especialmente para la investigaci?n, que requiere especialistas en diferentes dominios. Los posibles inconvenientes de la especializaci?n se evitar?n gracias a esfuerzos interdisciplinares.

Es muy importante, para el bien de toda la Iglesia y para su influencia en el mundo moderno, que un n?mero suficiente de personas bien formadas est?n consagradas a la investigaci?n en diferentes sectores de la ciencia exeg?tica. Preocupados por las necesidades m?s inmediatas del ministerio, los obispos y superiores religiosos est?n tentados, frecuentemente, de no tomar suficientemente en serio la responsabilidad que tienen de atender a esta necesidad fundamental. Una carencia en esta materia expone a la Iglesia a graves inconvenientes, ya que los pastores y los fieles corren el riesgo de quedar a merced de una ciencia exeg?tica extra?a a la Iglesia, y privada de relaciones con la vida de fe. Declarando que "el estudio de la Sagrada Escritura" debe ser como el "alma de la teolog?a" (Dei Verbum, 24), el Concilio Vaticano II ha mostrado toda la importancia de la investigaci?n exeg?tica. Al mismo tiempo ha recordado impl?citamente a los ex?getas cat?licos que sus investigaciones tiene una relaci?n esencial con la teolog?a, de lo cual deben mostrarse conscientes.

3. La ense?anza

La declaraci?n del Concilio hace comprender el papel fundamental que corresponde a la ense?anza de la ex?gesis en las facultades de teolog?a, los seminarios y los escolasticados. Es obvio que el nivel de estudio en tales instituciones no puede ser uniforme. Es deseable que la ense?anza de la ex?gesis sea impartida por hombres y mujeres. Tal ense?anza tendr? una orientaci?n m?s t?cnica en las facultades, m?s directamente pastoral en los seminarios. Pero no podr? jam?s carecer de una seria dimensi?n intelectual. Proceder de otro modo ser?a falta de respeto hacia la Palabra de Dios.

Los profesores de ex?gesis deben comunicar a los estudiantes una profunda estima por la Sagrada Escritura, mostrando c?mo ella merece un estudio atento y objetivo, que permita apreciar mejor su valor literario, hist?rico, social y teol?gico. No pueden contentarse con trasmitir una serie de conocimientos que los estudiantes registran pasivamente, sino que deben introducir a los m?todos exeg?ticos, explicando sus operaciones principales, para hacer a los estudiantes capaces de un juicio personal. Dado el limitado tiempo de que se dispone, conviene utilizar alternativamente dos modos de ense?ar: por una parte, exposiciones sint?ticas, que introducen al estudio de libros b?blicos completos y no dejan de lado ning?n sector importante del Antiguo o del Nuevo Testamento. Por otra, an?lisis m?s profundo de algunos textos bien escogidos, que sean al mismo tiempo una iniciaci?n a la pr?ctica de la ex?gesis. En uno y otro caso, hay que evitar ser unilateral, es decir, no limitarse ni a un comentario espiritual desprovisto de base hist?rico-cr?tica, ni a un comentario hist?rico-cr?tico desprovisto del contenido doctrinal y espiritual (cf. Divino Afflante Sp?ritu, EB, 551-552; PCB, De Sacra Scriptura recte docenda, EB 598). La ense?anza debe mostrar a la vez el enraizamiento hist?rico de los escritos b?blicos, su aspecto de palabra personal del Padre celestial que se dirige con amor a sus hijos (cf. Dei Verbum, 21 ) y su papel indispensable en el ministerio pastoral (cf. 2 Tim 3,16).

4. Publicaciones

Como fruto de la investigaci?n y complemento de la ense?anza, las publicaciones tienen una funci?n muy importante para el progreso y la difusi?n de la ex?gesis. En nuestros d?as, la publicaci?n no se realiza solamente por los textos impresos, sino tambi?n por otros medios m?s r?pidos y potentes (radio, televisi?n, t?cnicas electr?nicas), de los cuales conviene aprender a servirse.

Las publicaciones de alto nivel cient?fico son el instrumento principal de di?logo, de discusi?n y de cooperaci?n entre los investigadores. Gracias a ellas, la ex?gesis cat?lica puede mantenerse en relaci?n con otros ambientes de la investigaci?n exeg?tica, as? como con el mundo cient?fico en general.

Hay otras publicaciones que proporcionan grandes servicios a breve plazo, adapt?ndose a diferentes categor?as de lectores, desde el p?blico cultivado hasta los ni?os del catecismo, pasando por los grupos b?blicos, los movimientos apost?licos y las congregaciones religiosas. Los ex?getas dotados para la divulgaci?n hacen una obra supremamente ?til y fecunda, indispensable para asegurar a los estudios exeg?ticos el influjo que deben tener. En este sector, la necesidad de la actualizaci?n b?blica se hace sentir de modo apremiante. Esto requiere que los ex?getas tomen en consideraci?n las leg?timas exigencias de las personas instruidas y cultivadas en nuestro tiempo y distingan claramente, pensando en ellas, lo que debe ser considerado como detalle secundario, condicionado por la ?poca, lo que se debe interpretar como lenguaje m?tico, y lo que hay que apreciar como sentido propio, hist?rico e inspirado. Los escritos b?blicos no han sido compuestos en lenguaje moderno, ni en estilo del siglo XX. Las formas de expresi?n y los g?neros literarios que utilizan en su texto hebreo, arameo o griego, deben ser hechos inteligibles a los hombres y mujeres de hoy que, de otro modo, estar?an tentados a desinteresarse de la Biblia, o a interpretarla de modo simplista o fantasioso.

En toda la diversidad de sus tareas, el ex?geta cat?lico no tiene otra finalidad que el servicio de la Palabra de Dios. Su ambici?n no es sustituir los textos b?blicos con el resultado de su trabajo, se trate de la reconstrucci?n de documentos antiguos utilizados por los autores inspirados, o de una presentaci?n moderna de las ?ltimas conclusiones de la ciencia exeg?tica. Su ambici?n es, al contrario, poner m?s a la luz los textos b?blicos mismos, ayudando a apreciarlos mejor y a comprenderlos con mayor exactitud hist?rica y profundidad espiritual.

D. Relaciones con las otras disciplinas teol?gicas

Siendo ella misma una disciplina teol?gica, "fides quaerens intellectum", la ex?gesis mantiene relaciones estrechas y complejas con las otras disciplinas teol?gicas. Por una parte, la teolog?a sistem?tica tiene un influjo sobre la precomprensi?n, con la cual los ex?getas abordan los textos b?blicos. Pero por otra, la ex?gesis proporciona a las otras disciplinas teol?gicas datos que son fundamentales para ?stas. Relaciones de di?logo se establecen, pues, entre la ex?gesis y las otras disciplinas teol?gicas, en el mutuo respeto de su especificidad.

1. Teolog?a y precomprensi?n de los textos b?blicos

Cuando abordan los textos b?blicos, los ex?getas necesariamente tienen una precomprensi?n. En el caso de la ex?gesis cat?lica, se trata de una precomprensi?n basada sobre certezas de fe: la Biblia es un texto inspirado por Dios y confiado a la Iglesia para suscitar la fe y guiar la vida cristiana. Estas certezas de fe no llegan a los ex?getas en estado bruto, sino despu?s de haber sido elaboradas en la comunidad eclesial por la reflexi?n teol?gica. Los ex?getas est?n, pues, orientados en su investigaci?n por la reflexi?n dogm?tica sobre la inspiraci?n de la Escritura y sobre la funci?n de ?sta en la vida eclesial.

Pero, rec?procamente, el trabajo de los ex?getas sobre los textos inspirados les proporciona una experiencia que los te?logos deben tener en cuenta para esclarecer la teolog?a de la inspiraci?n y de la interpretaci?n eclesial de la Biblia. La ex?gesis suscita, en particular, una conciencia m?s viva y m?s precisa del car?cter hist?rico de la inspiraci?n b?blica. Muestra que el proceso de inspiraci?n es hist?rico, no solamente porque ha ocurrido en el curso de la historia de Israel y de la Iglesia primitiva, sino tambi?n porque se ha realizado por la mediaci?n de personas humanas marcadas cada una por su ?poca y que, bajo la gu?a del Esp?ritu, han jugado un papel activo en la vida del pueblo de Dios.

Por lo dem?s, la afirmaci?n teol?gica de la relaci?n estrecha entre Escritura inspirada y Tradici?n de la Iglesia, es confirmada y precisada gracias al desarrollo de los estudios exeg?ticos, que lleva a los ex?getas a otorgar una creciente atenci?n al influjo sobre los textos del medio vital en el cual se han formado ("Sitz im Leben").

2. Ex?gesis y teolog?a dogm?tica

Sin ser el ?nico locus theologicus, la Sagrada Escritura constituye la base privilegiada de los estudios teol?gicos. Para interpreta la Escritura con exactitud cient?fica y precisi?n, los te?logos tienen necesidad del trabajo de los ex?getas. Por su parte, los ex?getas deben orientar sus investigaciones de tal modo que "el estudio de la Sagrada Escritura" pueda efectivamente ser como "el alma de la teolog?a" (Dei Verbum, 24). Con esta finalidad, es necesario que concedan una particular atenci?n al contenido religioso de los escritos b?blicos.

Los ex?getas pueden ayudar a los te?logos a evitar dos extremos: por una parte el dualismo, que separa completamente una verdad doctrinal de su expresi?n ling??stica, considerada como no importante; y por otra el fundamentalismo, que confundiendo lo humano y lo divino, considera como verdad revelada a?n los aspectos contingentes de las expresiones humanas.

Para evitar ambos extremos, es necesario distinguir sin separar, y aceptar una tensi?n persistente. La Palabra de Dios se expresa en las obras de autores humanos. Pensamiento y palabra son al mismo tiempo de Dios y del hombre, de modo que todo en la Biblia viene a la vez de Dios y del autor inspirado. No se sigue de ello, sin embargo, que Dios haya dado un valor absoluto al condicionamiento hist?rico de su mensaje. Este es susceptible de ser interpretado y actualizado, es decir, de ser separado, al menos parcialmente, de su condicionamiento hist?rico pasado para ser trasplantado al condicionamiento hist?rico presente. El ex?geta establece las bases de esta operaci?n, que el te?logo contin?a, tomando en consideraci?n los otros loci theologici que contribuyen al desarrollo del dogma.

3. Ex?gesis y teolog?a moral

An?logas observaciones se pueden hacer sobre la relaci?n entre ex?gesis y teolog?a moral. A los relatos que se refieren a la historia de salvaci?n, la Biblia une estrechamente m?ltiples instruciones sobre la conducta que se debe observar: mandamientos, prohibiciones, prescripciones jur?dicas, exhortaciones e invectivas prof?ticas, consejos sapienciales. Una de las tareas de la ex?gesis consiste en precisar el alcance de este abundante material y en preparar as? el trabajo de los moralistas.

Esta tarea no es simple, ya que con frecuencia los textos b?blicos no se preocupan de distinguir los preceptos morales universales de las prescripciones de pureza ritual o de reglas jur?dicas particulares. Todo se encuentra junto. Por otra parte, la Biblia refleja una evoluci?n moral considerable, que encuentra su perfeccionamiento en el Nuevo Testamento. No basta, pues, que una cierta posici?n en materia de moral est? testimoniada en el Antiguo Testamento (p.ej., la pr?ctica de la esclavitud o el divorcio, o de la exterminaci?n en caso de guerra), para que esta posici?n contin?e siendo v?lida. Se debe efectuar un discernimiento, que tenga en cuenta el necesario progreso de la conciencia moral. Los escritos del Antiguo Testamento contienen elementos "imperfectos y caducos" (Dei Verbum, 15), que la pedagog?a divina no pod?a eliminar desde el comienzo. El Nuevo Testamento mismo no es f?cil de interpretar en el dominio de la moral, porque se expresa con frecuencia en im?genes o paradojas, o inclusive en modo provocatorio, y en ?l la relaci?n de los cristianos con la Ley jud?a es objeto de ?speras controversias.

Los moralistas tienen, pues, el derecho de presentar a los ex?getas muchas cuestiones importantes, que estimulen sus investigaciones. En m?s de un caso, la respuesta podr? ser que ning?n texto b?blico trata expl?citamente el problema presentado. Pero aun entonces, el testimonio de la Biblia, comprendido en su vigoroso dinamismo de conjunto, no puede dejar de ayudar a definir una orientaci?n fecunda. Sobre los puntos m?s importantes, la moral del Dec?logo contin?a siendo fundamental. El Antiguo Testamento contiene ya los principios y los valores que gu?an un actuar plenamente conforme a la dignidad de la persona humana, creada "a imagen de Dios" (Gn 1, 27). El Nuevo Testamento ilumina esos principios y valores por la revelaci?n del amor de Dios en Cristo.

4. Puntos de vista diferentes e interacci?n necesaria

En su documento de 1988 sobre la interpretaci?n de los dogmas, la Comisi?n Teol?gica Internacional ha recordado que, en los tiempos modernos, se ha creado un conflicto entre la ex?gesis y la teolog?a dogm?tica. Despu?s observa las aportaciones positivas de la ex?gesis moderna a la teolog?a sistem?tica (La interpretaci?n de los dogmas, 1988, C. I, 2). Para mayor precisi?n, es ?til a?adir que el conflicto ha sido provocado por la ex?gesis liberal. Entre la ex?gesis cat?lica y la teolog?a dogm?tica, no ha habido un conflicto generalizado, sino solamente momentos de fuerte tensi?n. Es verdad, sin embargo, que la tensi?n puede degenerar en conflicto, si de una y otra parte se hacen m?s r?gidas las leg?timas diferencias de puntos de vista, hasta transformarlas en oposiciones irreductibles.

Los puntos de vista, en efecto, son diferentes, y deben serlo. La tarea primera de la ex?gesis es discernir con precisi?n los sentidos de los textos b?blicos en su contexto propio; es decir, primero en su contexto literario e hist?rico particular, y luego en el contexto del canon de las Escrituras. Al realizar esta tarea, el ex?geta pone a la luz el sentido teol?gico de los textos, cuando ?stos tienen un alcance de tal naturaleza. Es as? posible una continuidad entre la ex?gesis y la reflexi?n teol?gica ulterior. Pero el punto de vista no es el mismo, porque la tarea del ex?geta es fundamentalmente hist?rica y descriptiva, y se limita a la interpretaci?n de la Biblia.

El te?logo dogm?tico realiza una tarea m?s especulativa y sistem?tica. Por esta raz?n, no se interesa sino por algunos textos y aspectos de la Biblia, y por lo dem?s, toma en consideraci?n muchos otros datos que no son b?blicos -escritos patr?sticos, definiciones conciliares, otros documentos del magisterio, liturgia-, as? como sistemas filos?ficos y la situaci?n cultural, social y pol?tica contempor?nea. Su tarea no es simplemente interpretar la Biblia, sino intentar una comprensi?n plenamente reflexionada de la fe cristiana en todas sus dimensiones, y especialmente en su relaci?n decisiva con la existencia humana.

A causa de su orientaci?n especulativa y sistem?tica, la teolog?a ha cedido con frecuencia a la tentaci?n de considerar la Biblia como un dep?sito de dicta probantia, destinados a confirmar las tesis doctrinales. En nuestros d?as, los te?logos dogm?ticos han adquirido una m?s viva conciencia de la importancia del contexto literario e hist?rico para la correcta interpretaci?n de textos antiguos, y recurren siempre m?s a la colaboraci?n de los ex?getas.

Como Palabra de Dios puesta por escrito, la Biblia tiene una riqueza de significado que no puede ser completamente captada en una teolog?a sistem?tica ni quedar prisionera de ella. Una de las principales funciones de la Biblia es lanzar serios desaf?os a los sistemas teol?gicos y recordarles continuamente la existencia de aspectos importantes de la divina revelaci?n y de la realidad humana, que a veces son olvidados o descuidados por la reflexi?n sistem?tica. La renovaci?n de la metodolog?a exeg?tica puede contribuir a esta toma de conciencia.

Rec?procamente, la ex?gesis se debe dejar iluminar por la investigaci?n teol?gica. ?sta la estimular? a presentar a los textos cuestiones importantes y a descubrir mejor todo el alcance de su fecundidad. El estudio cient?fico de la Biblia no puede aislarse de la investigaci?n teol?gica, ni de la experiencia espiritual y del discernimiento de la Iglesia. La ex?gesis produce sus mejores frutos, cuando se efect?a en el contexto de la fe viva de la comunidad cristiana, orientada hacia la salvaci?n del mundo entero.


IV. Interpretaci?n de la Biblia en la Vida de la Iglesia

Aunque la interpretaci?n de la Biblia sea tarea particular de los ex?getas, no les pertenece, sin embargo, como monopolio, ya que comporta, en la Iglesia, aspectos que van m?s all? del an?lisis cient?fico de los textos. La Iglesia, en efecto, no considera la Biblia simplemente como un conjunto de documentos hist?ricos concernientes a sus or?genes. Ella la acoge como Palabra de Dios que se dirige a ella y al mundo entero, en el tiempo presente.

Esta convicci?n de fe tiene como consecuencia la pr?ctica de la actualizaci?n y de la inculturaci?n del mensaje b?blico, as? como los diversos modos de utilizaci?n de los textos inspirados, en la liturgia, la "Lectio divina", el ministerio pastoral, y el movimiento ecum?nico.

A. Actualizaci?n

Ya en la Biblia misma -como hemos notado en el cap?tulo anterior- se puede constatar la pr?ctica de la actualizaci?n: textos m?s antiguos son rele?dos a la luz de circunstancias nuevas y aplicados a la situaci?n presente del Pueblo de Dios.

Basada sobre estas mismas convicciones, la actualizaci?n contin?a siendo practicada necesariamente en las comunidades creyentes.

1. Principios

Los principios que fundan la pr?ctica de la actualizaci?n son los siguientes:

  • La actualizaci?n es posible, porque la plenitud de sentido del texto b?blico le otorga valor para todas las ?pocas y culturas (cf. Is 40, 8; 66,18-21; Mt 28, 19-20). El mensaje b?blico puede a la vez relativizar y fecundar los sistemas de valores y las normas de comportamiento de cada generaci?n.
  • La actualizaci?n es necesaria porque, aunque el mensaje de la Biblia tenga un valor duradero, sus textos han sido elaborados en funci?n de circunstancias pasadas y en un lenguaje condicionado por diversas ?pocas. Para manifestar el alcance que ellos tienen para los hombres y las mujeres de hoy, es necesario aplicar su mensaje a las circunstancias presentes y expresarlo en un lenguaje adaptado a la ?poca actual. Esto presupone un esfuerzo hermen?utico que tiende a discernir a trav?s del condicionamiento hist?rico los puntos esenciales del mensaje.
  • La actualizaci?n debe tener constantemente en cuenta las relaciones complejas que existen en la Biblia cristiana entre el Nuevo Testamento y el Antiguo, ya que el Nuevo Testamento se presenta a la vez como cumplimiento y superaci?n del Antiguo. La actualizaci?n se efect?a en conformidad con la unidad din?mica, as? constituida.
  • La actualizaci?n se realiza gracias al dinamismo de la tradici?n viviente de la comunidad de fe. Esta se sit?a expl?citamente en la prolongaci?n de las comunidades donde la Escritura ha nacido, ha sido conservada y transmitida. En la actualizaci?n, la tradici?n cumple un doble papel: procura, por una parte, una protecci?n contra las interpretaciones aberrantes, y asegura por otra, la transmisi?n del dinamismo original.
  • Actualizaci?n no significa, pues, manipulaci?n de los textos. No se trata de proyectar sobre los textos b?blicos opiniones o ideolog?as nuevas, sino de buscar sinceramente la luz que contienen para el tiempo presente. El texto de la Biblia tiene autoridad en todo tiempo sobre la Iglesia cristiana; y aunque hayan pasado siglos desde el momento de su composici?n, conserva su papel de gu?a privilegiada que no se puede manipular. El Magisterio de la Iglesia "no est? por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio, no ense?ando sino lo que fue transmitido por mandato de Dios, con la asistencia del Esp?ritu Santo, la escucha con amor, la conserva santamente y la explica fielmente" (Dei Verbum, 10).

2. M?todos

Partiendo de estos principios, se pueden utilizar diversos m?todos de actualizaci?n.

La actualizaci?n, practicada ya en la Biblia misma, se ha continuado luego en la Tradici?n jud?a por medio de procedimientos que se pueden observar en los Targumim y Midrasim: b?squeda de pasajes paralelos (gezerah shawah), modificaci?n en la lectura del texto (?al tiqrey), adopci?n de un segundo sentido (tartey mishma), etc.

Por su parte, los Padres de la Iglesia se han servido de la tipolog?a y de la alegor?a para actualizar los textos b?blicos de un modo adaptado a la situaci?n de los cristianos de su tiempo.

En nuestra ?poca, la actualizaci?n debe tener en cuenta la evoluci?n de las mentalidades y el progreso de los m?todos de interpretaci?n.

La actualizaci?n presupone una ex?gesis correcta del texto, que determina el sentido literal. Si la persona que actualiza no tiene ella misma una formaci?n exeg?tica, debe recurrir a buenas gu?as de lectura, que permitan orientar la interpretaci?n. Para llevar a cabo adecuadamente la actualizaci?n, la interpretaci?n de la Escritura por la Escritura es el m?todo m?s seguro y m?s fecundo, especialmente en el caso de textos del Antiguo Testamento que son rele?dos en el Antiguo Testamento mismo (por ej., el man? de Ex 16 en Sb 16, 20-29) y/o en el Nuevo Testamento (Jn 6). La actualizaci?n de un texto b?blico en la existencia cristiana no puede hacerse correctamente sin establecer una relaci?n con el misterio de Cristo y de la Iglesia. No ser?a normal, por ejemplo, proponer a los cristianos, como modelos para una lucha de liberaci?n, ?nicamente episodios del Antiguo Testamento (Exodo, 1-2 Macabeos).

Inspirada por filosof?as hermen?uticas, la operaci?n hermen?utica comporta tres etapas: 1? escuchar la Palabra a partir de la situaci?n presente; 2? discernir los aspectos de la situaci?n presente que el texto b?blico ilumina o pone en cuesti?n; 3? sacar de la plenitud de sentido del texto b?blico los elementos que pueden hacer evolucionar la situaci?n presente de un modo fecundo, conforme a la voluntad salv?fica de Dios en Cristo.

Gracias a la actualizaci?n, la Biblia ilumina m?ltiples problemas actuales, por ejemplo: la cuesti?n de los ministerios, la dimensi?n comunitaria de la Iglesia, la opci?n preferencial por los pobres; la teolog?a de la liberaci?n; la condici?n de la mujer. La actualizaci?n puede tambi?n estar atenta a los valores cada vez m?s reconocidos por la conciencia moderna, como los derechos de la persona, la protecci?n de la vida humana, la preservaci?n de la naturaleza, la aspiraci?n a la paz universal.

3. L?mites

Para estar de acuerdo con la verdad salv?fica expresada en la Biblia, la actualizaci?n debe respetar ciertos l?mites y abstenerse de posibles desviaciones.

Aunque toda lectura de la Biblia sea forzosamente selectiva, se deben eliminar las lecturas tendenciosas, es decir, aqu?llas que, en lugar de ser d?ciles al texto, no hacen sino utilizarlo con fines estrechos (como es el caso de la actualizaci?n hecha por sectas, por ejemplo la de los Testigos de Jehovah).

La actualizaci?n pierde toda validez si se basa sobre principios te?ricos que est?n en desacuerdo con las orientaciones fundamentales del texto de la Biblia mismo; como, por ejemplo, el racionalismo opuesto a la fe o el materialismo ateo.

Es necesario proscribir tambi?n, evidentemente, toda actualizaci?n orientada en un sentido contrario a la justicia y a la caridad evang?licas, como las que querr?an apoyar sobre textos b?blicos la segregaci?n racial, el antisemitismo o el sexismo, masculino o femenino. Una atenci?n especial es necesaria, seg?n el esp?ritu del Concilio Vaticano II (Nostra Aetate, 4), para evitar absolutamente actualizar algunos textos del Nuevo Testamento en un sentido que podr?a provocar o reforzar actitudes desfavorables hacia los jud?os. Los acontecimientos tr?gicos del pasado, al contrario, deben ayudar a recordar sin cesar que, seg?n el Nuevo Testamento, los jud?os siguen siendo "amados" por Dios, "ya que los dones y la llamada de Dios son sin arrepentimiento" (Rm 11, 28-29).

Las desviaciones ser?n evitadas, si la actualizaci?n parte de una correcta interpretaci?n del texto y se efect?a en la corriente de la tradici?n viva, bajo la gu?a del Magisterio eclesial.

De todas maneras, los riesgos de desviaci?n no pueden constituir una objeci?n v?lida contra el cumplimiento de una tarea necesaria: la de hacer llegar el mensaje de la Biblia a los o?dos y al coraz?n de nuestra generaci?n.

B. Inculturaci?n

Al esfuerzo de actualizaci?n, que permite a la Biblia continuar siendo fecunda a trav?s de la diversidad de los tiempos, corresponde el esfuerzo de inculturaci?n, para la diversidad de lugares, que asegura el enraizamiento del mensaje b?blico en los m?s diversos terrenos. Esta diversidad no es, por lo dem?s, completa jam?s. Toda cultura aut?ntica, en efecto, es portadora, a su modo, de valores universales establecidos por Dios.

El fundamento teol?gico de la inculturaci?n es la convicci?n de fe, que la Palabra de Dios trasciende las culturas en las cuales se expresa, y tiene la capacidad de propagarse en otras culturas, de modo que pueda llegar a todas las personas humanas en el contexto cultural donde viven. Esta convicci?n emana de la Biblia misma, que desde el libro del G?nesis toma una orientaci?n universal (Gn 1, 27-28), la mantiene luego en la bendici?n prometida a todos los pueblos gracias a Abrah?n y a su descendencia (Gn 12, 3; 18, 18) y la confirma definitivamente extendiendo a "todas las naciones" la evangelizaci?n cristiana (Mt 28,18-20; Rm 4, 16-17; Ef 3, 6).

La primera etapa de la inculturaci?n consiste en traducir en otra lengua la Escritura inspirada. Esta etapa ha sido franqueada ya en tiempos del Antiguo Testamento, cuando se tradujo oralmente el texto hebreo de la Biblia en arameo (Ne 8, 8-12) y m?s tarde, por escrito, en griego. Una traducci?n, en efecto, es siempre m?s que una simple transcripci?n del texto original. El paso de una lengua a otra comporta necesariamente un cambio de contexto cultural: los conceptos no son id?nticos y el alcance de los s?mbolos es diferente, ya que ellos ponen en relaci?n con otras tradiciones de pensamiento y otras maneras de vivir.

Escrito en griego, el Nuevo Testamento est? marcado todo ?l por un dinamismo de inculturaci?n ya que traspone en la cultura judeo-helen?stica el mensaje palestino de Jes?s, manifestando por ello mismo una clara voluntad de superar los l?mites de un medio cultural ?nico.

Aunque es una etapa fundamental, la traducci?n de los textos b?blicos no basta, sin embargo, para asegurar una verdadera inculturaci?n. Esta se debe continuar, gracias a una interpretaci?n que ponga el mensaje b?blico en relaci?n m?s expl?cita con los modos de sentir, de pensar, de vivir y de expresarse, propios de la cultura local. De la interpretaci?n se pasa en seguida a otras etapas de inculturaci?n, que llegan a la formaci?n de una cultura local cristiana, extendi?ndose a todas las dimensiones de la existencia (oraci?n, trabajo, vida social, costumbres, legislaci?n, ciencias y artes, reflexi?n filos?fica y teol?gica). La Palabra de Dios es, en efecto, una semilla, que saca de la tierra donde se encuentra los elementos ?tiles para su crecimiento y fecundidad (Cf. Ad Gentes, 22). En consecuencia, los cristianos deben procurar discernir "qu? riquezas, Dios, en su generosidad, ha dispensado a las naciones; deben al mismo tiempo esforzarse por iluminar estas riquezas con la luz evang?lica, para liberarlas, y conducirlas bajo la autoridad de Dios Salvador" (Ad Gentes, 11).

No se trata, ya se ve, de un proceso en un sentido ?nico, sino de una "mutua fecundaci?n". Por una parte, las riquezas contenidas en las diversas culturas permiten a la Palabra de Dios producir nuevos frutos; y por otra, la luz de la Palabra de Dios permite operar una selecci?n en lo que aportan las culturas, para rechazar los elementos da?osos y favorecer el desarrollo de los elementos v?lidos. La completa fidelidad a la persona de Cristo, al dinamismo de su misterio pascual, y a su amor por la Iglesia, permite evitar dos soluciones falsas: la "adapataci?n" superficial del mensaje, y la confusi?n sincretista (cf. Ad Gentes, 22).

En el Oriente y el Occidente cristianos, la inculturaci?n de la Biblia se ha efectuado desde los primeros siglos y ha manifestado una gran fecundidad. Pero no se la puede considerar, sin embargo, concluida. Hay que reanudarla constantemente, en relaci?n con la continua evoluci?n de las culturas. En los pa?ses de evangelizaci?n m?s reciente, el problema se presenta en t?rminos diferentes. Los misioneros, en efecto, aportan inevitablemente la Palabra de Dios bajo la forma en la cual se ha inculturado en sus pa?ses de origen. Las nuevas Iglesias locales deben realizar grandes esfuerzos para pasar de esta forma extranjera de inculturaci?n de la Biblia a otra forma, que corresponda a la cultura del propio pa?s.

C. Uso de la Biblia

1. En la Liturgia

Desde los comienzos de la Iglesia, la lectura de las Escrituras ha formado parte de la liturgia cristiana, parcialmente heredera de la liturgia sinagogal. Hoy, todav?a, es sobre todo en la liturgia donde los cristianos entran en contacto con las Escrituras, en particular en ocasi?n de la celebraci?n eucar?stica dominical.

En principio, la liturgia, y especialmente la liturgia sacramental, de la cual la celebraci?n eucar?stica es su cumbre, realiza la actualizaci?n m?s perfecta de los textos b?blicos, ya que ella sit?a su proclamaci?n en medio de la comunidad de los creyentes reunidos alrededor de Cristo para aproximarse a Dios. Cristo est? entonces "presente en su palabra, porque es ?l mismo quien habla cuando las Sagradas Escrituras son le?das a la Iglesia" (Sacrosanctum Concilium, 7) El texto escrito se vuelve as?, una vez m?s, palabra viva.

La reforma lit?rgica decidida por el Concilio Vaticano II se ha esforzado en presentar a los cat?licos un m?s rico alimento b?blico. Los tres ciclos de lecturas de las misas dominicales otorgan un lugar privilegiado a los evangelios, para poner a la luz el misterio de Cristo como principio de nuestra salvaci?n. Al poner en relaci?n, regularmente, un texto del Antiguo Testamento con el texto del evangelio, este ciclo sugiere frecuentemente el camino tipol?gico para la interpretaci?n de la Escritura. Como se sabe ?sta no es la ?nica lectura posible.

La homil?a, que actualiza expl?citamente la Palabra de Dios, forma parte de la liturgia. Volveremos a hablar de ella a prop?sito del ministerio pastoral.

El leccionario surgido de las directivas del Concilio (Sacrosanctum Concilium, 35), deb?a permitir una lectura de la Sagrada Escritura "m?s abundante, m?s variada y m?s adaptada". En su estado actual, no responde sino en parte a esta orientaci?n. Sin embargo, su existencia ha tenido felices efectos ecum?nicos. En algunos pa?ses, ha permitido, adem?s, medir la falta de familiaridad de los cat?licos con la Escritura.

La liturgia de la Palabra es un elemento decisivo en la celebraci?n de cada sacramento de la Iglesia. No consiste en una simple sucesi?n de lecturas, sino que debe incluir igualmente tiempos de silencio y de oraci?n. Esta liturgia, en particular la Liturgia de las Horas, acude como fuente al libro de los Salmos para hacer orar a la comunidad cristiana. Himnos y oraciones est?n impregnados del lenguaje b?blico y de su simbolismo. Esto sugiere la necesidad de que la participaci?n en la liturgia est? preparada y acompa?ada por una pr?ctica de lectura de la Escritura.

Si en las lecturas "Dios dirige su palabra a su pueblo" (Misal Romano, n. 33), la liturgia de la Palabra exige un gran cuidado, tanto para la proclamaci?n de las lecturas como para su interpretaci?n. Es, pues, deseable que la formaci?n de futuros presidentes de asambleas y de aqu?llos que los acompa?an, tenga en cuenta las exigencias de una liturgia de la Palabra de Dios fuertemente renovada. As?, gracias a los esfuerzos de todos, la Iglesia continuar? la misi?n que le ha sido confiada, "de tomar y repartir a sus fieles el pan de vida que ofrece la mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo" (Dei Verbum, 21).

2. La lectio divina

La lectio divina es una lectura, individual o comunitaria, de un pasaje m?s o menos largo de la Escritura, acogido como Palabra de Dios, y que se desarrolla bajo la moci?n del Esp?ritu en meditaci?n, oraci?n y contemplaci?n.

La preocupaci?n de una lectura regular, m?s a?n, cotidiana, de la Escritura, corresponde a una antigua pr?ctica en la Iglesia. Como pr?ctica colectiva, est? testimoniada en el siglo III, en la ?poca de Or?genes. Este hac?a la homil?a a partir de un texto de la Escritura le?do cursivamente durante la semana. Hab?a entonces asambleas cotidianas consagradas a la lectura y a la explicaci?n de la Escritura. Esta pr?ctica, que fue posteriormente abandonada, no ten?a siempre un gran ?xito entre los cristianos (Or?genes, Hom. Gen. X, 1).

La lectio divina como pr?ctica sobre todo individual est? testimoniada en el ambiente mon?stico muy temprano. En el per?odo contempor?neo, una Instrucci?n de la Comisi?n B?blica, aprobada por el Papa P?o XII, la ha recomendado a todos los cl?rigos, tanto seculares como regulares (De Scriptura Sacra, 1950; EB 592). La insistencia sobre la lectio divina bajo este doble aspecto, individual y comunitario, ha vuelto a ser actual. La finalidad pretendida es suscitar y alimentar un "amor efectivo y constante" a la Sagrada Escritura, fuente de vida interior y de fecundidad apost?lica (EB 591 y 567), favorecer tambi?n una mejor comprensi?n de la liturgia y asegurar a la Biblia un lugar m?s importante en los estudios teol?gicos y en la oraci?n.

La Constituci?n conciliar Dei Verbum (n. 25) insiste igualmente sobre una lectura asidua de las Escrituras, para los sacerdotes y los religiosos. Adem?s, -y es una novedad- invita tambi?n "a todos los fieles de Cristo" a adquirir "por una lectura frecuente de las Escrituras divinas, ?la eminente ciencia de Jesucristo? (Flp 3, 8)". Diversos medios son propuestos. Junto a una lectura individual, se sugiere una lectura en grupo. El texto conciliar subraya que la oraci?n debe acompa?ar la lectura de la Escritura, ya que ella es la respuesta a la Palabra de Dios encontrada en la Escritura bajo la inspiraci?n del Esp?ritu. En el pueblo cristiano han surgido numerosas iniciativas para una lectura comunitaria. No se puede sino animar este deseo de un mejor conocimiento de Dios y de su designio de salvaci?n en Jesucristo, a trav?s de las Escrituras.

3. En el ministerio pastoral

Recomendado por Dei Verbum (n. 24), el recurso frecuente a la Biblia en el ministerio pastoral toma diversas formas, siguiendo el g?nero de hermen?utica del cual se sirven los pastores y que pueden comprender los fieles. Se pueden distinguir tres situaciones principales: la catequesis, la predicaci?n, y el apostolado b?blico. Numerosos factores intervienen, en relaci?n con el nivel general de vida cristiana.

La explicaci?n de la Palabra de Dios en la catequesis, -Sacrosanctum Concilium, 35; Dirct. catec. gen., 1971, 16-, tiene como primera fuente la Sagrada Escritura, que, explicada en el contexto de la Tradici?n, proporciona el punto de partida, el fundamento y la norma de la ense?anza catequ?tica. La catequesis deber?a introducir a una justa comprensi?n de la Biblia y a su lectura fructuosa, que permite descubrir la verdad divina que contiene, y que suscita una respuesta, la m?s generosa posible, al mensaje que Dios dirige por su palabra a la humanidad.

La catequesis debe partir del contexto hist?rico de la revelaci?n divina, para presentar personajes y acontecimientos del Antiguo y del Nuevo Testamento a la luz del designio de Dios.

Para pasar del texto b?blico a su significaci?n salv?fica para el tiempo presente, se utilizan hermen?uticas variadas, que inspiran diversos g?neros de comentarios. La fecundidad de la catequesis depende del valor de la hermen?utica empleada. Existe el peligro de contentarse con un comentario superficial, que se queda en una consideraci?n cronol?gica de la sucesi?n de acontecimientos y de personajes de la Biblia.

La catequesis no puede explotar, evidentemente, sino una peque?a parte de los textos b?blicos. En general, utiliza los relatos, tanto del Nuevo como del Antiguo Testamento e insiste sobre el Dec?logo. Pero deber?a emplear igualmente los or?culos de los profetas, la ense?anza sapiencial, y los grandes discursos evang?licos, como el Serm?n de la monta?a.

La presentaci?n de los evangelios se debe hacer de modo que provoque un encuentro con Cristo, que da la clave de toda la revelaci?n b?blica y transmite la llamada de Dios, a la cual cada uno debe responder. Las palabras de los profetas y de los "servidores de la Palabra" (Lc 1, 2) deben aparecer como dirigidas ahora a los cristianos.

Observaciones an?logas se aplican al ministerio de la predicaci?n, que debe sacar de los textos antiguos un alimento espiritual adaptado a las necesidades actuales de la comunidad cristiana.

Actualmente, este ministerio se ejerce sobre todo por la homil?a, que sigue a la proclamaci?n de la Palabra de Dios en la celebraci?n eucar?stica.

La explicaci?n de los textos b?blicos durante la homil?a no puede entrar en muchos detalles. Conviene, pues, poner a la luz las aportaciones principales de esos textos que sean m?s esclarecedoras para la fe y m?s estimulantes para el progreso de la vida cristiana, comunitaria o personal. Presentados esos aportes, es necesario hacer obra de actualizaci?n e inculturaci?n, seg?n cuanto ha sido dicho antes. Para esta finalidad, son necesarios principios hermen?uticos v?lidos. Una falta de preparaci?n en este campo tiene como consecuencia la tentaci?n de renunciar a profundizar las lecturas b?blicas, content?ndose con moralizar o hablar de cuestiones actuales, sin iluminarlas con la Palabra de Dios.

En diversos pa?ses, se han hecho publicaciones con la colaboraci?n de ex?getas, para ayudar a los responsables pastorales a interpretar correctamente las lecturas b?blicas de la liturgia y a actualizarlas de manera v?lida. Es deseable que esfuerzos semejantes se generalicen.

Seguramente se deber?a evitar una insistencia unilateral sobre las obligaciones que se imponen a los creyentes. El mensaje b?blico debe conservar su car?cter principal de buena noticia de salvaci?n ofrecida por Dios. La predicaci?n ser? m?s ?til y conforme a la Biblia si ayuda a los fieles, primero a "conocer el don de Dios" (Jn 4, 10), tal como ha sido revelado en la Escritura, y luego a comprender de modo positivo las exigencias que de all? derivan.

El apostolado b?blico tiene como objetivo hacer conocer la Biblia como Palabra de Dios y fuente de vida. En primer lugar favorece la traducci?n de la Biblia en las diversas lenguas y la difusi?n de esas traducciones. Suscita y sostiene numerosas iniciativas: formaci?n de grupos b?blicos, conferencias sobre la Biblia, semanas b?blicas, publicaci?n de revistas y libros, etc.

Una importante contribuci?n es la de asociaciones y movimientos eclesiales que ponen en primer plano la lectura de la Biblia en una perspectiva de fe y de compromiso cristiano. Numerosas "comunidades de base" centran sobre la Biblia sus reuniones y se proponen un triple objetivo: conocer la Biblia, construir la comunidad y servir al pueblo. Tambi?n aqu? la ayuda de los ex?getas es ?til, para evitar actualizaciones mal fundadas. Pero hay que alegrarse de ver que gente humilde y pobre, toma la Biblia en sus manos y puede aportar a su interpretaci?n y actualizaci?n una luz m?s penetrante, desde el punto de vista espiritual y existencial, que la que viene de una ciencia segura de s? misma (cf. Mt 11, 25).

La importancia siempre creciente de los medios de comunicaci?n de masa, diarios, radio, televisi?n, exige que el anuncio de la Palabra de Dios y el conocimiento de la Biblia sean propagados activamente por estos medios. Las exigencias muy particulares de ?stos, y por otra parte, su influjo sobre un vasto p?blico, requieren para su utilizaci?n una preparaci?n espec?fica, que permita evitar las improvisaciones penosas, as? como los efectos espectaculares de mal gusto.

Se trate de la catequesis, la predicaci?n o el apostolado b?blico, el texto de la Biblia debe ser presentado siempre con el respeto que merece.

4. En el ecumenismo

Si el ecumenismo, en cuanto movimiento espec?fico y organizado, es relativamente reciente, la idea de la unidad del pueblo de Dios, que este movimiento se propone restaurar, est? profundamente enraizada en la Escritura. Tal objetivo fue la preocupaci?n constante del Se?or (Jn 10,16; 17, 11.20-23). Supone la uni?n de los cristianos en la fe, la esperanza y la caridad (Ef 4, 2-5), en el respeto mutuo (Flp 2, 1-5) y la solidaridad (1 Cor 12, 14-27; Rm 12, 4-5); pero tambi?n, y sobre todo, la uni?n org?nica a Cristo, como los sarmientos con la vid (Jn 15, 4-5), como los miembros y la cabeza (Ef 1, 22-23; 4, 12-16). Esta uni?n debe ser perfecta, a imagen del Padre y el Hijo (Jn 17, 11-22). La Escritura define su fundamento teol?gico (Ef 4, 4-6; Ga 3, 27-28). La primera comunidad apost?lica es un modelo concreto y viviente (He 2, 44; 4, 32).

La mayor parte de los problemas que afronta el di?logo ecum?nico tiene una relaci?n con la interpretaci?n de los textos b?blicos. Algunos problemas son de orden teol?gico: la escatolog?a, la estructura de la Iglesia, el primado y la colegialidad, el matrimonio y el divorcio, la concesi?n del sacerdocio ministerial a las mujeres, etc. Otros son de orden can?nico y jurisdiccional: se refieren a la administraci?n de la Iglesia universal y de las Iglesias locales. Otros, en fin, son de orden estrictamente b?blico: la lista de libros can?nicos, ciertas cuestiones hermen?uticas, etc.

Aunque no pueda pretender resolver ella sola todos esos problemas, la ex?gesis b?blica est? llamada a contribuir al ecumenismo con una importante ayuda. Progresos notables se han realizado ya. Gracias a la adopci?n de los mismos m?todos y de puntos de vista hermen?uticos an?logos, los ex?getas de diversas confesiones cristianas llegan a una gran convergencia en la interpretaci?n de las Escrituras, como lo muestran el texto y las notas de varias traducciones ecum?nicas de la Biblia, as? como otras publicaciones.

Hay que reconocer, adem?s, que sobre puntos particulares, las divergencias de interpretaci?n de las Escrituras son frecuentemente estimulantes y pueden revelarse complementarias y enriquecedoras. Tal es el caso, cuando expresan valores de tradiciones particulares de diversas comunidades cristianas, y traducen as? los m?ltiples aspectos del Misterio de Cristo.

Puesto que la Biblia es la base com?n de la regla de fe, el imperativo ecum?nico comporta, para todos los cristianos, una llamada apremiante a releer los textos inspirados en la docilidad al Esp?ritu Santo, la caridad, la sinceridad y la humildad, a meditar esos textos y a vivir de ellos, para llegar a la conversi?n del coraz?n y a la santidad de vida que, unidas a la oraci?n por la unidad de los cristianos, son el alma de todo movimiento ecum?nico (cf. Unitatis Redintegratio, 8). Habr?a que hacer accesible, para esto, al mayor n?mero posible de cristianos, la adquisici?n de la Biblia, apoyar las traducciones ecum?nicas, -ya que un texto com?n ayuda a una lectura y comprensi?n comunes-, promover grupos de oraci?n ecum?nicos, para contribuir, por un testimonio aut?ntico y viviente, a la realizaci?n de la unidad en la diversidad (cf. Rm 12, 4-5).


Conclusi?n

De cuanto ha sido dicho en el curso de esta larga exposici?n -breve, sin embargo, sobre numerosos puntos- la primera conclusi?n que se sigue es que la ex?gesis b?blica cumple, en la Iglesia y en el mundo una tarea indispensable. Querer prescindir de ella para comprender la Biblia supondr?a una ilusi?n y manifestar?a una falta de respeto por la Escritura inspirada.

Pretendiendo reducir los ex?getas al papel de traductores (o ignorando que traducir la Biblia es ya hacer obra de ex?gesis) y rehusando seguirlos m?s lejos en sus estudios, los fundamentalistas no se dan cuenta de que, por una muy loable preocupaci?n de completa fidelidad a la Palabra de Dios, se lanzan en realidad por caminos que los alejan del sentido exacto de los textos b?blicos, as? como de la plena aceptaci?n de las consecuencias de la Encarnaci?n. La Palabra eterna se ha encarnado en una ?poca precisa de la historia, en un medio social y cultural bien determinados. Quien desea comprenderla, debe buscarla humildemente all? donde se ha hecho perceptible, aceptando la ayuda necesaria del saber humano. Para hablar a hombres y mujeres, desde el tiempo del Antiguo Testamento, Dios utiliz? todas las posibilidades del lenguaje humano; pero al mismo tiempo, debi? someter su palabra a todos los condicionamientos de ese lenguaje. El verdadero respeto por la Escritura inspirada exige que se cumplan los esfuerzos necesarios para que se pueda captar bien su sentido. No es posible, ciertamente, que cada cristiano haga personalmente las investigaciones de todo g?nero que permiten comprender mejor los textos b?blicos. Esta tarea es confiada a los ex?getas, responsables, en ese sector, del bien de todos.

Una segunda conclusi?n es que la naturaleza misma de los textos b?blicos exige que, para interpretarlos, se contin?e empleando el m?todo hist?rico-cr?tico, al menos en sus operaciones principales. La Biblia, en efecto, no se presenta como una revelaci?n directa de verdades atemporales, sino como el testimonio escrito de una serie de intervenciones por las cuales Dios se revela en la historia humana. A diferencia de doctrinas sagradas de otras religiones, el mensaje b?blico est? s?lidamente enraizado en la historia. Los escritos b?blicos no pueden, por tanto, ser correctamente comprendidos sin un examen de sus condicionamientos hist?ricos. Las investigaciones "diacr?nicas" ser?n siempre indispensables a la ex?gesis. Cualquiera que sea su inter?s, los acercamientos "sincr?nicos" no est?n en grado de reemplazarlas. Para funcionar de modo fecundo, deben aceptar las conlusiones de aqu?llas, al menos en sus grandes l?neas.

Pero, una vez cumplida esta condici?n, los acercamientos sincr?nicos (ret?rico, narrativo, semi?tico y otros) son susceptibles de renovar en parte la ex?gesis y de aportar una contribuci?n muy ?til. El m?todo hist?rico-cr?tico, en efecto, no puede pretender el monopolio. Debe tomar conciencia de sus l?mites y de los peligros que lo amenazan. El desarrollo reciente de hermen?uticas filos?ficas, y por otra parte, las observaciones que hemos podido hacer sobre la interpretaci?n en la Tradici?n b?blica y en la Tradici?n de la Iglesia, han arrojado luz sobre diversos aspectos del problema de la interpretaci?n, que el m?todo hist?rico-cr?tico ten?a tendencia a ignorar. Preocupados en efecto, de fijar exactamente el sentido de los textos situ?ndolos en su contexto hist?rico de origen, este m?todo se manifiesta a veces insuficientemente atento al aspecto din?mico del significado y a los posibles desarrollos del sentido. Cuando no llega hasta el estudio de la redacci?n, sino que se absorbe completamente en los problemas de fuentes y de estratificaci?n de textos, no cumple completamente la tarea exeg?tica.

Por fidelidad a la gran Tradici?n, de la cual la Biblia misma es un testigo, la ex?gesis cat?lica debe evitar, en cuanto sea posible, ese g?nero de deformaci?n profesional y mantener su identidad de disciplina teol?gica, cuya finalidad principal es la profundizaci?n de la fe. Esto no significa un menor compromiso en la m?s rigurosa investigaci?n cient?fica, ni la manipulaci?n de los m?todos por preocupaciones apolog?ticas. Cada sector de la investigaci?n (cr?tica textual, estudios ling??sticos, an?lisis literarios, etc.) tiene sus reglas propias, que es necesario seguir con toda autonom?a. Pero ninguna de esas especialidades es el fin en s? misma. En la organizaci?n de la tarea exeg?tica, la orientaci?n hacia el fin principal debe ser siempre efectiva, evitando p?rdidas de energ?a. La ex?gesis cat?lica no tiene el derecho de asemajarse a una corriente de agua que se pierde en la arena de un an?lisis hipercr?tico. Tiene que cumplir, en la Iglesia y en el mundo, una funci?n vital, la de contribuir a una transmisi?n m?s aut?ntica del contenido de la Escritura inspirada.

A esta finalidad se dirigen sus esfuerzos, en uni?n con la renovaci?n de las otras disciplinas teol?gicas y con el trabajo pastoral de actualizaci?n y de inculturaci?n de la Palabra de Dios. Examinando la problem?tica actual, y expresando algunas reflexiones sobre este tema, la presente exposici?n espera facilitar, una m?s clara toma de conciencia de todos, acerca de la tarea de los ex?getas cat?licos.

Roma, 15 de abril de 1993


Notas

(1) Por "m?todo" exeg?tico comprendemos un conjunto de procedimientos cient?ficos puestos en acci?n para explicar los textos. Hablamos de "acercamiento" cuando se trata de una b?squeda orientada seg?n un punto de vista particular.(volver al texto)

(2) El texto de este ?ltimo par?grafo fue aprobado por 11 votos favorables sobre 19; 4 votos fueron contrarios, y hubo 4 abstenciones. Los que se opon?an al texto pidieron que con el texto fuera publicado el resultado de la votaci?n, a lo cual la Comisi?n se comprometi?. (volver al texto)

(3) La hermen?utica de la Palabra desarrollada por Gerhard Ebeling y Ernst Fuchs parte de otro acercamiento y supone otro campo de pensamiento. Se trata de una teolog?a hermen?utica m?s que de una filosof?a hermen?utica. Ebeling est? de acuerdo, sin embargo, con autores como Bultmann y Ric?ur para afirmar que la Palabra de Dios no encuentra plenamente su sentido sino cuando alcanza a aqu?llos a quienes se dirige. (volver al texto)


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